Los errores que te impiden recuperarte tras una ruptura de pareja

Jennifer Delgado
·6 min de lectura
Con la pérdida de la pareja también perdemos un poco de nosotros mismos. [Foto: Getty Images]
Con la pérdida de la pareja también perdemos un poco de nosotros mismos. [Foto: Getty Images]

Con nuestra pareja compartimos muchos momentos vitales. Imaginamos un futuro juntos. Hacemos planes. Consolidamos costumbres. Alimentamos esperanzas… Cuando todo eso llega a su fin, encajar la ruptura puede ser particularmente difícil y doloroso.

Después de años de convivencia, una separación nos plantea numerosos desafíos. No solo debemos enfrentar conflictos en el plano práctico como la crianza de los hijos o los temas económicos, sino que también debemos reconstruir nuestra identidad.

En una relación de pareja de larga data es normal que las identidades se entrelacen, por lo que podemos experimentar la pérdida de la pareja como si hubiésemos perdido una parte de nosotros mismos. Nuestro autoconcepto se contrae, hasta el punto que podemos llegar a tener la sensación de no saber exactamente quiénes somos, qué queremos o hacia dónde nos dirigimos en la vida. Por eso, una ruptura puede provocar un auténtico cataclismo psicológico que nos haga sentir angustiados y desorientados.

¿La buena noticia? Tras analizar a más de 30 000 personas, psicólogos de la Universidad Estatal de Michigan comprobaron que nuestro nivel de satisfacción general va disminuyendo a medida que se acerca el divorcio, pero con el tiempo lo vamos recuperando gradualmente.

De hecho, investigadores de la Universidad Pace descubrieron que aproximadamente el 72% de las personas recuperan la sensación de bienestar y su estabilidad emocional tras un divorcio. Sin embargo, no todos logran pasar página. Hay quienes se quedan atascados en la relación fallida. Esas personas comparten una serie de características psicológicas que se convierten en obstáculos para la recuperación, según reveló un estudio de la Universidad de Arizona.

Aferrarse con uñas y dientes a una relación rota

La negación de la ruptura y el rencor una vez que la hemos aceptado nos impiden seguir adelante con nuestra vida. [Foto: Getty Images]
La negación de la ruptura y el rencor una vez que la hemos aceptado nos impiden seguir adelante con nuestra vida. [Foto: Getty Images]

El apego ansioso es un tipo de vínculo en el que predomina la inseguridad, el desasosiego y la posesividad en la relación con la persona amada, por lo que generalmente conduce a la dependencia emocional. Estas personas tienen muchas carencias emocionales y exigen a su pareja que las satisfaga. Esperan que el otro los “complete” o “rescate” pero, a la misma vez, temen perderle. Así terminan en una espiral descendente en la que cada intento por buscar cercanía e intimidad se convierte en un aferrarse desesperadamente al otro.

Cuando la relación se rompe, a menudo el golpe es tan grande que no lo aceptan. Desde el punto de vista racional, saben que la relación ha terminado, pero no llegan a procesar la ruptura emocionalmente, de manera que la relación se mantiene activa en su mente. De hecho, las personas ansiosas suelen sumergirse en sus experiencias con gran intensidad, lo que suele generar una mayor angustia y las conduce a dar respuestas desadaptativas.

Las personas con un estilo de apego ansioso intentan una y otra vez recuperar a su ex pareja porque creen que jamás volverán a encontrar a alguien igual. Buscarán motivos para encontrarse con su ex, le llamarán y le escribirán mensajes con la esperanza de recuperar la relación. Se aferran a un clavo ardiendo. Y cuando finalmente aceptan que no podrán recuperar a su ex, suelen mostrarse vengativas, como revelaron investigadores de la Universidad de Nevada.

La negación de la ruptura en un primer momento y el rencor que alimentan en un momento posterior son los principales obstáculos que les impiden recuperarse y continuar adelante con su vida.

Pensar una y otra vez sobre lo ocurrido

Los pensamientos rumiativos nos condenan a quedarnos atrapados en el pasado. [Foto: Getty Images]
Los pensamientos rumiativos nos condenan a quedarnos atrapados en el pasado. [Foto: Getty Images]

La mente puede convertirse en nuestra peor enemiga. De hecho, cuando sufrimos un revés, como una ruptura de pareja, es difícil dejar de pensar en ello. Algunas personas no logran sacarse de la cabeza a su ex y le dan vueltas constantemente a los motivos de la separación. Sin embargo, los pensamientos rumiativos son la vía más directa para quedarnos atascados en la relación.

Un estudio desarrollado en la Universidad de Arizona reveló que las personas separadas que informaron un alto grado de pensamientos rumiativos también experimentaban más angustia emocional relacionada con la separación. Sin embargo, las personas que buscaban un significado se recuperaban mejor y más rápido.

La rumia es la tendencia a reflexionar sobre las experiencias de manera negativa y altamente centrada en uno mismo, perdiendo la perspectiva general para sumirnos en nuestras neurosis, miedos y autoconmiseración. Es como dar vueltas en círculos mientras alimentamos la angustia por la separación.

Al contrario, reflexionar sobre las experiencias para dotarlas de un significado que nos permita incorporarlas en nuestra historia vital nos permitirá pasar página más rápido. Por mucho que nos duela una separación, tenemos dos opciones: “convertir la vida en un triunfo interno o bien ignorar el desafío y limitarnos a vegetar”, como dijera Viktor Frankl.

Darnos cuenta de los errores que hemos cometido en la relación, asumir nuestra parte de la culpa y aprender la lección nos permitirá seguir adelante y crecer emocionalmente.

Ser incapaz de distanciarse psicológicamente

Asumir una distancia psicológica facilita la comprensión de la ruptura romántica y el cierre de ese capítulo de nuestras vidas. [Foto: Getty Images]
Asumir una distancia psicológica facilita la comprensión de la ruptura romántica y el cierre de ese capítulo de nuestras vidas. [Foto: Getty Images]

Una ruptura de pareja es una experiencia tremendamente personal. No cabe duda. Con las emociones desbordadas, es probable que durante los primeros tiempos no podamos pensar con claridad. Sin embargo, a medida que las aguas del corazón se vayan calmando y dejen paso a la aceptación, logramos analizar lo sucedido con cierto distanciamiento.

No ser capaces de asumir esa distancia psicológica es otro obstáculo que nos impide recuperarnos de una ruptura. Psicólogos de la Universidad de Michigan comprobaron que “analizar los sentimientos negativos desde una perspectiva auto distanciada conduce a un cambio adaptativo en la forma en que las personas interpretan su experiencia: cuentan menos los detalles emocionalmente angustiantes de su experiencia y logran reconstruirlos de maneras que promueven la comprensión y el cierre”.

La distancia psicológica es el espacio subjetivo entre nosotros y las cosas, los sucesos o las personas. Es una separación que nos permite ver las cosas en perspectiva, como si fuéramos un espectador externo no implicado en la situación. Asumir esa distancia no solo nos permite notar los errores que cometimos, sino que también nos ayuda a sanar las heridas emocionales de la ruptura.

Una estrategia para distanciarnos consiste en imaginar que somos nuestro mejor amigo. ¿Qué nos diría? Seguramente no nos culparía ni recriminaría, sino que nos trataría con compasión y nos ayudaría a ponernos de pie. De hecho, psicólogos de la Universidad de Arizona analizaron a 109 personas que se habían divorciado y descubrieron que quienes se trataban con autocompasión experimentaban menos angustia emocional debido a la separación.

Por supuesto, no existe una receta mágica para todos. Cada persona tiene su propio ritmo de sanación emocional. Pero debemos asegurarnos de no quedarnos atascados en el pasado, atados a una relación que ya no existe. Un buen punto de partida para afrontar ese desafío vital consiste en evitar el apego ansioso y la rumiación mientras intentamos asumir una distancia psicológica que nos permita seguir adelante, recomponer los pedazos rotos y volvernos más resilientes.

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