La diferencia entre vivir el momento o vivir para el momento reside en una obsesión

Puesta de sol desde cuatro celulares distintos.
Puesta de sol desde cuatro celulares distintos.

No es lo mismo disfrutar de una puesta de sol con nuestros propios ojos que a través de la pantalla de nuestro celular. Tampoco lo es acudir a un concierto y dedicar más de la mitad del tiempo a inmortalizar vídeos de la experiencia en lugar de bailar de principio a fin o sacar fotos de la comida durante lo que dura una cena en vez de gozar de la compañía, el vino y, por supuesto, del festín. Elegir vivir para el momento en lugar de vivir el momento en sí es una decisión que en muchas ocasiones arruina la esencia misma de la experiencia y caer en la tentación de las ‘fotito’ o los ‘videítos’ sin mesura resulta para los menos asiduos a las redes sociales una auténtica pérdida de tiempo. 

En estos casos, el click intermitente o prolongado del presente se convierte en un elemento de transición entre el pasado (volver a la foto para rememorar la vivencia) y el futuro (publicar la imagen del momento). Es como si no tenerla archivada en el historial de nuestro perfil signifique que aquello nunca sucedió; como si no fuera suficiente con inmortalizar el momento, como se ha hecho toda la vida desde el acceso a cámaras, sin esa obsesión de encontrar ángulos perfectos de uno mismo o del icónico lugar. Pero el sol siempre se acaba por poner y somos nosotros los que elegimos cómo pasar nuestro tiempo.

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Ambas maneras de vivir las experiencias - pegados al celular o con todos los sentidos abiertos al momento - tienen sus argumentos de defensa. Los unos afirman que tener la instantánea perfecta es lo que más satisfacción les provoca y que eso no les quita el no estar disfrutando el presente, mientras que los que le dan prioridad a la vivencia esgrimen que hay detalles que la lente del celular jamás podrá retratar. 

Attendees watch Republican presidential nominee Donald Trump speak at a Bollywood-themed charity concert put on by the Republican Hindu Coalition in Edison, New Jersey, U.S. October 15, 2016. REUTERS/Jonathan Ernst
Attendees watch Republican presidential nominee Donald Trump speak at a Bollywood-themed charity concert put on by the Republican Hindu Coalition in Edison, New Jersey, U.S. October 15, 2016. REUTERS/Jonathan Ernst

Entre aquellos que critican la obsesión por inmortalizar el momento se encuentra Heston Blumenthal, el aclamado chef con tres estrellas Michelin cuyo restaurante, Fat Duck, es uno de los más aclamados del mundo. Su propuesta es perfecta para representar lo esta dicotomía de experiencias entre el dejarse llevar o el planificar el post de turno.

“La experiencia es una travesía que se centra alrededor de un viaje nostálgico lleno de memorias llenas de juegos, de curiosidad, de descubrimiento y de aventura”, afirma el cocinero en la página web del establecimiento. “Este viaje nostálgico está basado en una colección de algunas de mis memorias vacacionales de la infancia y se realiza durante un día completo. El menú es el itinerario de la jornada”, agregó. 

Lo que Blumenthal ha creado es una de las experiencias más propicias para aparecer en redes sociales que pueden existir en el momento: comida vanguardista, arquitectura del siglo XVI y servicio exquisito. Lo que percibe de sus comensales es, en ocasiones, un insulto a su creatividad y no duda en criticar a los que se pasan todo el tiempo pegados al teléfono inmortalizando los 14 platos distintos que realizan 42 chefs, uno por persona. En una entrevista a la revista Radio Times, el innovador reconoció que a veces se ha tenido que morder la lengua y no criticar a sus clientes por no crear un problema. 

Athletic woman resting after a hard training in the mountains at sunset. Sport tight clothes.
Athletic woman resting after a hard training in the mountains at sunset. Sport tight clothes.

“En Fat Duck hemos debatido esto durante varios años. No podemos decirle a la gente que se les está enfriando la comida y que están poniendo una barrera entre ellos y la cena. Una vez tuvimos que hacerlo en Australia porque alguien estaba tomando fotos con flash y molestaba a otras mesas. Es algo complicado de manejar”, aseveró. 

Las fotos de comida subidas en diferentes redes sociales al día se cuentan por decenas de millones, siendo las pizzas, el alimento que más aparece en Instagram, seguidos por el sushi y el pollo. En Reino Unido, por ejemplo, la palma se la llevan los currys. El hashtag ‘foodporn’ es uno de los más usados en todo el mundo 

“Las redes sociales son una parte tan importante de nuestras vidas”, apuntó Blumenthal, “nuestra vista se ha convertido en el sentido más importante, mucho más que el olfato o el gusto. Si veo algo bonito como una puesta de sol, trato de disfrutar el momento y luego tomo la foto”, agregó. 

Este chef es consciente de que es imposible controlar las preferencias de sus comensales y ha optado por dejarse llevar, siempre y cuando no molesten a los que realmente quieren disfrutar de la experiencia con todos sus sentidos. Es la diferencia entre aquellos que viven el momento y los que viven para el momento.

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