Remco Evenepoel, lanzado a saldar las cuentas pendientes del último año y medio

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Belgian Remco Evenepoel of Quick-Step Alpha Vinyl pictured after the fourth stage of the Volta ao Algarve cycling race, an individual time trial from Vila Real de Santo Antonio to Tavira (32,2km), in Portugal, Saturday 19 February 2022. The Tour of the Algarve is taking place from 16 to 20 Ferbuary in the south of Portugal. BELGA PHOTO FILIPE FARINHA (Photo by FILIPE FARINHA/BELGA MAG/AFP via Getty Images)
Remvo Evenepoel parece dispuesto a cobrarse todas las cuentas pendientes. Foto: FILIPE FARINHA/BELGA MAG/AFP via Getty Images

Con 19 años, Remco Evenepoel ganó la Clásica de San Sebastián y fue plata en el Mundial Contrarreloj de Yorkshire. Con 20 años, ganó la Vuelta a San Juan, la Vuelta a Polonia, la Vuelta a Burgos, la Vuelta a Murcia y estaba a unos cuarenta kilómetros de ganar Il Lombardía cuando se cayó por un puente y casi se mata. De ser la gran promesa del ciclismo mundial -con el permiso de Tadej Pogacar-, Remco pasó a ser un chico con muletas con una larguísima rehabilitación por delante. Por supuesto, no corrió más en 2020 y tuvo que esperar a 2021 para debutar de nuevo en el Giro de Italia... pero aquel Remco no era el Remco que nos había enamorado el año anterior.

Evenepoel tuvo que lidiar con el dolor, con las prisas y con las críticas. ¿Por qué no era perfecto? ¿Por qué tardaba tanto en volver a su nivel original? ¿Llegaría algún día? Tras el chasco del Giro, ganó en Dinamarca y en el Tour de Baloise, pero volvió a decepcionar en los Juegos Olímpicos, sobre todo en la contrarreloj. Aun así, ese Remco ya no era el de principios de temporada: ganó un par de carreras de un día en Bélgica, quedó segundo en los Campeonatos de Europa -Colbrelli no sabía cómo agradecérselo-, tercero en la contrarreloj de los Campeonatos del Mundo de Flandes... y entonces se armó el gran lío.

De repente, la gran esperanza, aún con 21 años, casi recuperado de sus problemas, avasallador durante el mes de septiembre, empezó a ser visto como un sospechoso. La carrera en ruta se planteó como una cuestión de estado en Flandes y solo se admitía la indudable victoria de Wout van Aert. Todos debían correr para él. Todos. Eso incluía, y bien que se lo recordó Eddy Merckx, al propio Evenepoel, quien, sin comerlo ni beberlo se vio acusado de egoísta, de primadonna y de posible factor de distracción para su propio equipo. Tan duras fueron las críticas y tan injustas que Remco se dejó la piel trabajando para Van Aert en una sobreactuación que le dejó molido... y abrió el camino a Alaphilippe para su segundo arcoíris consecutivo.

Muchas emociones en muy poco tiempo. Mucho que tragar para un chico que este enero cumplió los 22 años y aun así tiene uno de los mejores palmarés en pequeñas vueltas entre todos los corredores en activo. Empezó 2022 convencido de que tenía que dar un puñetazo en la mesa desde el principio y en eso se puso en la mismísima Volta a la Comunitat Valenciana, la primera competición en la que participó. A la primera cuesta, Remco demarró y dejó a todos de rueda: Vlasov, Rodríguez, Mas... imposible seguir al chiquito belga enrabietado, luchando contra sus rivales y contra la ira contenida por tanta crítica acumulada.

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Por supuesto, Evenepoel no ganó en la Comunidad Valenciana. Lo hizo otro fuera de serie, Aleksandr Vlasov. Se le juntó un porcentaje imposible con un tramo de algo que pretendía ser sterrato y se vino abajo. Quedó segundo en una vuelta que no tenía ni un solo kilómetro contrarreloj, su gran especialidad, y pese a la exhibición del primer día, aún hubo quien puso en duda sus progresos en la escalada. Es cierto que tendremos que estar atentos a ese posible punto débil que ya arrastraba antes de la caída. Evenepoel solo ha disputado una gran vuelta y no en las mejores condiciones. Cada vez que la carretera se empinaba en aquel Giro, el belga se iba atrás... pero ¿es justo juzgar a Remco por una versión tan disminuida de Remco?

Como las espinas clavadas se acumulaban, tirando del gran orgullo de los campeones, Evenepoel decidió exhibirse en la Vuelta al Algarve como lo había hecho en 2020. Y vaya si lo hizo. Entre sus rivales, el prometedor Brandon McNulty, los consolidados David Gaudu o Daniel Martínez, y un equipo Ineos con su habitual buen nivel medio. Ganó con una exhibición en la contrarreloj del penútlimo día impropia de este momento de la temporada. Evenepoel no solo fue el más rápido en los 32 kilómetros de etapa sino que sacó al segundo 58 segundos, es decir, casi dos segundos por kilómetros. ¿Quién fue ese segundo clasificado? Ni más ni menos que Stefan Küng, medalla de bronce en el mundial contrarreloj de 2020 y un especialista de élite.

El resto quedó a una distancia sideral: Gaudu perdió dos minutos; Castroviejo, casi tres; Geraint Thomas, tres y medio... y eso que quedó entre los veintidós mejores de la etapa. Junto a las exhibiciones de Quintana en las montañas francesas, lo de Evenepoel ha sido lo más llamativo, sin duda, de este principio de temporada... y abre una puerta a la rivalidad con Pogacar, al menos en un terreno en el que Pogacar, cuando quiere, también domina. La tendencia en los últimos años ha sido reducir la contrarreloj al mínimo en las grandes vueltas. Ahora bien, si el dominio del esloveno sigue siendo tan abrumador sobre recorridos convencionales, igual hay que volver a las antiguas cronos de los ochenta y los noventa para encontrar algo de emoción. Más montaña ya no se puede poner.

En fin, que Evenepoel ha vuelto. Tiene ante sí su primera primavera en condiciones y habrá que ver cómo se comporta en un equipo con muchos gallos y que tiende a repartirse los triunfos. Hay muchísimas ganas de ver a Evenepoel en las Ardenas, verle en la Tirreno, verle en el País Vasco... No sé si hay que pedirle ya triunfos, pero verle competir contra los Alaphilippe en un terreno y los Pogacar o Roglic en otro ya sería una enorme victoria. Y, en todos lados, la lucha contra Van Aert, por supuesto, porque las heridas del pasado Mundial no están cerradas... y nada hay más emocionante que dos campeones luchando el uno contra el otro hasta hacerlo una cuestión personal.

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