"Era lo último que mi cuerpo podía aguantar": Söderling habla de la enfermedad que le retiró cuando estaba en lo más alto del tenis

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El tenista sueco Robin Söderling golpeando la pelota durante un partido contra Rafa Nadal en Roland Garros en 2009.
Robin Söderling disputando un punto durante el famoso partido de 2009 en el que derrotó a Rafa Nadal. Foto: Tim Clayton/Corbis via Getty Images.

A sus 35 años, Robin Söderling debería estar disfrutando de la recta final de una carrera larga y exitosa en el tenis. No en vano este sueco debutó como profesional allá por 2002 y durante sus primeros años en la élite logró resultados bastante dignos: algún torneo ganado, presencias en finales de competiciones importantes como Roland Garros, escalar hasta el número 4 de la clasificación de la ATP y, sobre todo, una proeza que le dio renombre internacional: fue el primer rival capaz de derrotar a Rafa Nadal en las pistas del Grand Slam francés, en la cuarta ronda de la edición de 2009. Hasta que se cruzó con el nórdico, el mallorquín jamás había perdido un partido en París.

Sin embargo, Söderling lleva alejado de las pistas desde 2011, aunque el anuncio oficial de su retirada ocurriera tres años más tarde. Y no precisamente por gusto, porque hubiera ganado tanto dinero que decidiera dedicarse a otra cosa, o porque su mala conducta le hubiera costado alguna sanción. No: la mala suerte se cruzó en su camino en forma de enfermedad.

A mediados de ese año, mientras se recuperaba de una lesión de muñeca, le fue diagnosticada una mononucleosis. Esta dolencia se caracteriza por causar fiebre, una gran sensación de fatiga, dolor intenso de garganta e inflamación en los ganglios linfáticos; normalmente un mes de reposo, semana arriba o abajo, suele ser suficiente para recuperarse, pero su caso forma parte del pequeño porcentaje de ocasiones en que se complica mucho y los síntomas no terminan de desaparecer.

Ya en su momento la noticia de su retirada causó conmoción entre los aficionados al tenis. Lo que no sabíamos es cómo había vivido él mismo la situación por la que le había tocado pasar. Ahora lo ha querido contar en Behind The Racquet, la página que gestiona el también tenista profesional Noah Rubin en la que relata el lado humano de sus compañeros.

“Fue extremadamente difícil tomar la decisión de retirarme. Jugué mi último partido cuando solo tenía 27 años. En mi cabeza todavía me quedaban muchos años de tenis. Estaba en el momento más alto de mi carrera cuando enfermé”, confiesa en su escrito.

Al principio no tenía muy claro qué le ocurría. “Estaba jugando bien, creía simplemente que mi sistema inmunitario era débil y por eso enfermaba a menudo. En el fondo sabía que algo iba mal, pero todos los exámenes médicos que me hacían daban buen resultado, así que me seguía entrenando, quizás en exceso. La mononucleosis era lo último que mi cuerpo podía aguantar. Los doctores dicen que me contagié en Indian Wells en 2011; al principio no era muy grave, pero se puso peor tras mi último torneo en Bastad. No pude salir de casa en seis meses”.

Al cabo de un año se sentía mejor e incluso pensaba en reaparecer, pero fue imposible. “Subía un poco la intensidad del entrenamiento y los síntomas volvían, me sentía agotado y la fiebre aparecía de nuevo”. Sin embargo, lo peor era la frustración y el desgaste mental. “Intenté volver a las pistas durante tres años, pero fracasé. Se me metió en la cabeza que nunca podría volver”.

“Cuando tomé la decisión de retirarme fue duro, pero también sentí alivio: ya no tendría que seguir luchando y vivir en la incertidumbre. Por fin pude aceptar la enfermedad y buscar una manera de recuperar mi vida”, narra en referencia al cambio de prioridades que supuso para él este punto. “Durante los seis primeros meses ya no me importaba el tenis. Es una locura, porque cuando jugaba era lo único que me preocupaba. Cuando enfermas te das cuenta de que la salud es lo más importante. Me centré en ponerme mejor, así de simple”.

No obstante, confiesa que sufrió recaídas. “Tras un tiempo me ponía a ver tenis en la tele y lo único que deseaba era volver a estar en las pistas, compitiendo. Fue muy duro. Durante mi primer año fuera no hice nada de actividad física por miedo a agravar las cosas. He necesitado cinco años para llegar a un punto en el que puedo entrenar y jugar como quiera. Pero ha sido un periodo demasiado largo como para volver. No tenía la energía para hacerlo, de todas formas”.

Aunque contraer la enfermedad fue pura mala suerte, sí hay algo de lo que Robin se arrepiente. “Hay momentos de mi carrera en los que desearía haber dado un paso atrás o no habérmelo tomado tan en serio. Vivía en una burbuja en la que todo era tenis, y a medida que avanzaban los años y mi nivel subía, me apartaba de las otras cosas que me gustaba hacer. Pensaba que era lo que necesitaba para rendir más, y si ganaba, todos los sacrificios merecían la pena, pero si perdía me deprimía. Ahora es más fácil ver el tenis de otra manera, lo veo solo como un deporte, pero antes no era capaz de desconectar entre los partidos. Ojalá hubiera tenido vida fuera del tenis, hubiera estudiado algo cuando tenía 20 o 21 años y empezaba a pensar en la vida después del deporte. Pero creía que no tenía que distraer mi mente, que tenía que respirar tenis. Ahora pienso que esta no es necesariamente la forma correcta y que no está mal tomarse algún descanso”.

La obsesión le perseguía incluso hasta en el momento cumbre de su carrera: aquella victoria sobre Nadal. “Por supuesto, me sentí muy bien. Nadie en todo el mundo contaba con que yo pudiera ganar. Pero justo después de darle la mano tras el final del partido ya estaba pensando en no relajarme y no ser demasiado feliz, porque no era la final: después venían más partidos”.

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Hoy Söderling sigue vinculado al tenis, pero no de manera competitiva. Es el propietario de RS Tennis, una marca que comercializa productos relacionados con este deporte, como pelotas, cuerdas para raquetas o manterial de entrenamiento. Está lejos del foco mediático y su andadura en la pista no ha sido lo brillante que sus comienzos auguraban, pero al menos ahora tiene la cabeza tranquila y está bien de salud.

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