Robinho: el hijo pródigo que regresa como apestado a Brasil

Luis Tejo
·8 min de lectura
Robinho posa con la camiseta del Santos tras firmar su nuevo contrato. Foto: Twitter @SantosFC
Robinho posa con la camiseta del Santos tras firmar su nuevo contrato. Foto: Twitter @SantosFC

Robson de Souza tiene el honor de ser el primer futbolista con el que en España se hizo el chiste del triatleta: “corre, hace bicicletas y luego nada”. Porque allá por 2005, cuando el Real Madrid se gastó 30 millones de dólares en traerle, su arranque en la liga de nuestro país fue fulgurante: los que ya empiezan a peinar canas todavía recuerdan con asombro su debut espectacular en el Ramón de Carranza, con un repertorio fascinante de detalles de calidad que contribuyeron a ganar un partido que los blancos tenían atascadísimo. Sin embargo, poco a poco la aportación de Robinho se fue diluyendo, hasta que los merengues decidieron quitárselo de encima (a cambio de un dineral, todo hay que decirlo) en 2007.

Manchester City, Milan, Guangzhou Evergrande de China, Atlético Mineiro en su Brasil natal, y Sivasspor y Başakşehir de Turquía fueron las siguientes etapas de una carrera que prometía mucho, que apuntaba a convertirle en uno de los grandes de su generación, pero que se quedó en uno de tantos “lo que pudo haber llegado a ser si hubiera tenido buena cabeza”. Porque una constante en la trayectoria de este pequeño y escurridizo delantero ha sido su muy turbulenta vida extradeportiva, que muy probablemente haya sido la causa de que no llegara a explotar su potencial al máximo.

Cada vez que las circunstancias se le complicaban se refugiaba en el Santos, el club del estado de São Paulo donde debutó igual que Neymar o que Pelé. Allí se formó como futbolista antes de marcharse a Madrid, allí volvió cedido hasta en dos ocasiones (2010 y 2014) cuando las cosas se le empezaron a torcer. Allí ha recalado ahora, a pocos meses de cumplir los 37, tras poner fin a su aventura turca. Y podría pensarse que el regreso al hogar iba a servir para darle algo de tranquilidad, pero quien creía así estaba muy equivocado.

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El club ha tratado de venderlo como el retorno de un héroe, de un viejo mito, del hijo pródigo al que todos acogen con los brazos abiertos. Incluso se ha inventado la etiqueta #TheLastPedal, intentando imitar el documental de Michael Jordan y haciendo alusión a la bicicleta, o pedalada en portugués, su gesto técnico más conocido (aunque teniendo en cuenta que durante su época española tenía cierta fama de pasarse con la bebida y de las connotaciones alcohólicas que tiene la palabra “pedal” en castellano europeo, quizás el responsable de marketing no haya estado muy acertado). El caso es que, por unas cosas u otras, la vuelta no está siendo tan triunfal como se preveía.

No ha llegado a estrenarse todavía y ya es el culpable del primer lío. Según informa Globoesporte, la red de clínicas dentales Orthopride, uno de los patrocinadores del Santos, ha decidido romper por adelantado el contrato (que expiraba en febrero de 2021) por el que lucía su logotipo en los números de la camiseta. La razón que alegan es que su clientela es mayoritariamente femenina y “por respeto a las mujeres” no pueden admitir que un personaje como Robinho se asocie a su marca.

Porque, más allá de todas las fiestas y la falta de profesionalidad que pueda haber demostrado, hay un asunto extremadamente turbio que mancha la reputación del veterano delantero. Un tribunal italiano le condenó en 2017 a nueve años de cárcel, al considerar demostrado que, en enero de 2013, fue uno de los seis participantes en la violación grupal a una joven albanesa en una discoteca de Milán. En aquella época jugaba en el equipo rojinegro de la ciudad, con el que dos años antes había logrado proclamarse campeón de liga.

El auto judicial es particularmente truculento. Habla de “desprecio absoluto” por la víctima, de “humillaciones repetidas” y de “actos de violencia sexual”, con “calificativos crudos y despectivos, signo inequívoco de falta de escrúpulos y casi de conciencia de una futura impunidad”. Asegura también que tanto él como los demás condenados “abusaron de las condiciones de inferioridad física y psíquica de la persona agredida, que había tomado sustancias alcohólicas, con el agravante de haberle dado de beber hasta que quedó inconsciente y fue incapaz de oponerse”. Robinho siempre negó su participación en los hechos y calificó todo de mentiras.

El futbolista no ha acabado entre rejas por dos motivos. El primero, que la sentencia no es firme y los abogados están agotando todas las posibilidades de recurso. El segundo, más importante, que en el momento en que la juez la dictó él estaba en Brasil, y según la Constitución brasileña no se puede extraditar a un ciudadano nacido en su territorio. La condena italiana no tiene validez legal mientras el futbolista se encuentre en Brasil, salvo que los delitos sean extremadamente graves. Y una violación no entra en esta lista: solo se aplica a “genocidio, crimen contra la Unión o contra el presidente”.

El futbolista Robinho posa junto a compañeros del Basaksehir con el título de campeón de la liga turca.
Robinho (derecha) posando con el trofeo de campeón de Turquía que consiguió este mismo verano con el Başakşehir de Estambul. Foto: Isa Terli/Anadolu Agency via Getty Images.

Entonces ¿qué pasó cuando se fue a jugar a Turquía en 2018? Lo mismo: aunque Italia y la república otomana forman parte del Convenio Europeo de Extradición, no se podía aplicar porque la condena es de primer grado, es decir, sin haberse completado el periodo de apelaciones (que, dada la lentitud del sistema judicial transalpino, todavía puede tardar años). La misma traba burocrática impide que se aplique otra posibilidad que se había planteado: que las autoridades italianas pidieran a las brasileñas que Robinho cumpliera la condena en una prisión sudamericana.

No obstante, a medida que avanza el tiempo el riesgo de que el procedimiento progrese y la extradición se pueda solicitar es mayor. Ese puede ser uno de los motivos de que haya decidido irse de Turquía y volver a casa. Lo ha intentado pintar muy bonito, como una historia de amor al equipo de su infancia: ha firmado con el Peixe por cinco meses con un sueldo ridículo de 1.500 reales (casi 230 euros) mensuales, cercano al salario mínimo. En Tuttomercato ha dicho que tenía ofertas para seguir en Europa, pero que ha preferido “elegir con el corazón” porque “el Santos hoy me necesita como yo les necesité a ellos en mis comienzos”. El equipo ahora mismo va sexto en el Brasileirão, a siete puntos del liderato, aunque aún falta más de media temporada, y está clasificado para octavos de final de la Copa Libertadores.

Son palabras hermosas que muchos no se creen, porque aunque el atacante, de momento, no corre riesgo de perder la libertad, lo que sí está muy afectada es su reputación. Orthopride ha sido la primera compañía que ha abandonado al Santos a cuento de este asunto, pero el resto de empresas que esponsorizan al club no han acogido bien la noticia del fichaje, del que dicen que no fueron consultadas. Umbro, el proveedor de la indumentaria de juego, y Tekbond, una filial del grupo Saint-Gobain que se dedica a la fabricación de adhesivos y que luce su nombre en la parte frontal de la camiseta, ya han sacado comunicados diciendo que “repudian cualquier acto de violencia” y que valorarán qué hacer en el futuro.

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Tal es la presión que el equipo blanquinegro se ha obligado a emitir una “nota aclaratoria” en la que subraya su carácter de “institución inclusiva y socialmente responsable” que “combate cualquier tipo de violencia, especialmente contra la mujer”, y es “referencia en la inversión en el fútbol femenino y la implicación en diversas causas”. Por eso, insiste, valora a Robinho únicamente en la medida en que es un futbolista profesional, “con presunción de inocencia y respeto al debido proceso legal” que “avanza en secreto en la justicia italiana” y que “aún no tiene condena definitiva”, por lo que “no será el Santos quien le dará una sentencia anticipada”. Lamenta también que vivamos en “la cultura de los tribunales de internet” y confía en que los hinchas “entenderán que compete exclusivamente a la Justicia realizar el juicio”.

Porque sí que hay muchos aficionados del club que están decepcionados por esta contratación y las repercusiones que puede tener. Más allá de lo moral (que no es poco), lo deportivo tampoco les inspira demasiada confianza. Es cierto que es una vieja gloria salida de la cantera, y que en sus etapas anteriores no lo hizo nada mal, pero su edad y los líos fuera del campo hacen temerse que esta vez no brille tanto. En los próximos meses veremos si o Rei das Pedaladas es capaz de recuperar su corona.

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