Rodeos: el deporte puramente norteamericano que planta cara al coronavirus

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Un deporte 100% norteamericano. (Foto: Chris Elise/Icon Sportswire via Getty Images)
Un deporte 100% norteamericano. (Foto: Chris Elise/Icon Sportswire via Getty Images)

El arte del rodeo es una tradición estadounidense como pocas. Con origen en una alternativa mexicana a las corridas de toros que data del Siglo XVI, las charreadas se hicieron de lo más popular en Texas y California en el Siglo XIX, cuando los trabajadores hispanos se las metieron por los ojos a los dueños de los ranchos y sus empleados locales. Hablamos de la esencia del bull riding. Un cercado de palos, un hombre tratando de mantenerse a lomos de un inmenso toro de aproximadamente 800 kilos de media y un puñado de selectos testigos disfrutando del espectáculo. El dueño del rancho, amigos suyos, algún que otro comprador de reses, los jornaleros y poco más. El ruido del cencerro del animal, el sonido de sus patas al golpear el suelo de tierra intentando deshacerse del osado rider, bufidos, gritos, silbidos y los huesos del jinete al golpear contra el suelo cuando finalmente pierde el equilibrio. Unas raíces que en pleno Siglo XXI han tomado el control de la PBR, la Professional Bull Riders, la organización de este deporte más importante del mundo, que también se ha visto afectada por las consecuencias de una pandemia global de coronavirus y obligada a realizar sus eventos sin público. Como en los orígenes del rodeo estadounidenses.

“Lo teníamos todo listo. Estaban nuestros dos comentaristas. Brad Narducci se encargaba de la música, mezclando como si fuese un show normal. Había energía en el ambiente. Subimos un poco la música, los comentaristas hicieron su trabajo de siempre. Los carteles de los patrocinadores estaban listos. Todo lucía como siempre… excepto porque no había espectadores en las gradas”. Son palabras de Flint Rasmussen, el payaso de rodeo más famoso del mundo y una de las caras más conocidas de la PBR desde que fichase por la compañía en 2005. Alguien que no daba crédito a lo que estaba viviendo cuando en marzo de este año se celebró el primer evento de la empresa sin público.

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‘Desplante’ al coronavirus por el bien de la PBR y sus empleados

Mientras que otras competiciones deportivas con mucha más cuota de pantalla como la NBA decidían parar, la PBR se agarraba la hebilla del cinturón y tiraba para adelante con todo. Y lo hacían justificando su osadía con un argumento de lo más convincente. “La verdad es que si hemos continuado con nuestros eventos es por estos riders, los contratistas independientes, nuestros operadores de cámara, tú mismo… Todo el mundo depende de la PBR. Esta industria se basa por completo en nuestros eventos y si no los llevamos a cabo, nadie recibe su sueldo”, explicó el CEO de la compañía, Sean Gleason, en una de las retransmisiones del canal CBS. Y aunque alguno de los rodeos programados tuvo que ser cancelado, Gleason cumplió su palabra y los eventos siguieron celebrándose, en un ambiente de lo más extraño, pero celebrándose. Motivo más que suficiente para contar con el respaldo de la industria y sus componentes, que siguen al pie del cañón pese a las circunstancias. “No es que digamos ‘somos vaqueros y vamos a seguir con esto’. Para nada. Cada uno de los riders que está ahí fuera es porque quiere. Nadie les está obligando a seguir aquí”, admite Rasmussen.

Quizás por la necesidad económica. Quizás por el amor a este deporte. Quizás por la sensación de volver al pasado a los ranchos de Texas y California. Quizás… El caso es que la PBR no se ha bajado del tren y sigue avanzando. De hecho, y en un intento de adaptarse a los tiempos que corren, la compañía creó un nuevo torneo por equipos y divisiones, para que se llevase a cabo durante todo el mes de junio y en el que ya planteó la posibilidad de contar con fans en las gradas, por primera vez desde el 6 de marzo. Sin embargo, siguiendo una serie de restricciones sanitarias y pensando en la salud de todos los participantes y asistentes a los eventos, permaneció el vacío del graderío. Se continuó con el nuevo Siglo XXI del viaje al pasado y plantando cara al coronavirus. Lo que no consiga un cowboy

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