Roger Federer no quiere que le recuerden como un lesionado de medio pelo

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Roger Federer of Switzerland is interviewed after winning the men's singles fourth round match between Roger Federer of Switzerland and Lorenzo Sonego of Italy at Wimbledon tennis Championship in London, Britain, on July 5, 2021. (Photo by Han Yan/Xinhua via Getty Images)
Photo by Han Yan/Xinhua via Getty Images

Roger Federer sale a los medios y dice: "Lo peor de la lesión de la rodilla ya ha pasado". Habrá que creerle. Más que nada porque nunca, en ningún momento, hemos sabido nada de esa lesión de rodilla. Ni sabemos cómo se la hizo en la primavera de 2020, ni sabemos por qué hubo que operarle una segunda vez ni tenemos la menor idea de qué pasó en la temporada de hierba para que la lesión requiriera una tercera intervención quirúrgica

El secretismo con el que Federer y su equipo han llevado estas molestias ha sido como mínimo extraño y, por eso, hemos de tomarnos cada noticia con precaución. Puede que haya pasado lo peor o puede que no. Puede que esté listo para volver en Australia 2022, especialmente ahora que las restricciones anti-Covid se han suavizado, o puede que este invierno nos vuelva a decir que, a ver, que está casi a punto, pero que igual hay que esperar un poco más...

La buena noticia, innegable, es que Federer no se quiere retirar. Que siente que hay algo más que puede dar y que no tiene sentido decir adiós al mundo del tenis con la imagen de un 2020 casi en blanco y un 2021 desastroso. Que el recuerdo que tengan las nuevas generaciones de él no puede ser el de un lesionado incapaz de pasar rondas. Quiere un último baile en condiciones. Quiere lo que Sampras consiguió en el US Open 2002 o lo que él mismo logró en Australia 2018, su último grand slam, del que ya van a cumplirse cuatro años.

Si la lesión fuera terriblemente grave y no quedara más remedio que colgar la raqueta, Federer nos lo habría dicho... O, quizá no. ¿Cuántos patrocinadores y cuántos contratos dependen de la esperanza de que Roger siga jugando en el circuito? Puede que unos cuantos. ¿Cuántos cachés ya tiene apalabrados para 2022 y no quiere renunciar a ellos hasta apurar la última posibilidad? Alguno habrá, seguro. Con todo, insisto, demos el beneficio de la duda: Federer volverá en 2022, su rodilla estará mejor y cumplirá 41 años preparándose para un US Open que no gana desde hace trece ediciones.

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Ahora bien, la cuestión es qué Federer veremos si de verdad vuelve. ¿Será peor que el del año pasado? Yo diría que eso es imposible. En todo el año, jugó trece partidos y perdió cuatro. En 2005, por ejemplo, hicieron falta ochenta y cinco partidos para sumar ese número de derrotas. Por el camino, cayeron once títulos. Hay que dar por hecho que el Federer 2022 será mejor que el 2021 y ahí es donde se esconde la verdadera razón para negarse a la retirada: Roger cree que aún puede ganar Wimbledon... y tiene motivos para pensarlo.

La experiencia de este año, aunque acabara en tragedia ante Hubert Hurkacz, en un partido frustrante, le ha tenido que servir de mucho a Federer. Primero, porque llegó a cuartos de final. Sin jugar un pimiento, con la rodilla destrozada y sin ningún tipo de ritmo competitivo. De acuerdo, su cuadro fue muy sencillo, pero en hierba estas cosas pasan a menudo: los favoritos caen antes de lo previsto y te tiras una semana jugando contra tenistas a los que nadie esperaba. Pasó este año y puede volver a pasar el siguiente.

Aparte, igual que en pista dura tenemos a Medvedev y a Zverev como claros aspirantes al trono de Djokovic, y en tierra batida, están Tsitsipas y Thiem -o eso esperamos- para contestar a Nadal, en hierba la "next gen" no aparece por ningún lado. Entre Djokovic, Federer, Nadal y Murray han ganado las últimas dieciocho ediciones. Y serían diecinueve si no se llega a suspender la edición del año pasado. Matteo Berretini hizo una gira brillante y lo mismo puede decirse del canadiense Auger-Aliassime, pero no sabemos si podrán repetirlo el año que viene.

En principio, Federer miraría cualquier cuadro de Wimbledon y diría: "Solo Djokovic es mejor que yo, al resto puedo ganarlos... y lo mismo a Djokovic se le cruzan los cables y pierde antes contra cualquiera". No es un pensamiento mágico e irreal. Es algo que puede pasar perfectamente. Un Federer rodado, en plenitud física dentro de lo posible y con el calendario adecuado -olvidemos, por favor, de una vez, la tierra batida-, puede llegar lejos en Wimbledon. ¿Ganarlo? Yo creo que no, pero igual ganar no es todo. Si Federer se hubiera retirado después de la final de 2019, de aquel 8-7, 40-15 con su saque en el quinto set ante Djokovic, se habría retirado como un perdedor, pero como un perdedor heroico.

Lo que no puede permitirse, desde luego, es esto. Que su última imagen como tenista sea la del tercer set ante Hurkacz, incapaz, entre el viento y sus propios demonios, de meter una bola en la pista. Cualquier cosita nos servirá a los aficionados de los últimos veinte años para congraciarnos con él... y a los más jóvenes, para "descubrirle" como nosotros descubrimos a Connors también frisando los cuarenta en aquellas improbables victorias en Nueva York de finales de los ochenta y principios de los noventa. Un año más, una esperanza más. Esperemos que justificada.

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