La estadística de Roger Federer que nadie superará nunca

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PARIS, FRANCE - (ARCHIVE): A file photo dated May 26, 2007 shows Roger Federer reacting at the press conference before the Roland Garros (French Open) tennis tournament in Paris, France. Swiss legend Roger Federer, a 20-time Grand Slam champion, announced on Thursday that he is retiring from professional tennis. (Photo by Mustafa Yalcin/Anadolu Agency via Getty Images)
Roger Federer, en una foto de archivo en Roland Garros (Photo by Mustafa Yalcin/Anadolu Agency via Getty Images)

De todas las estadísticas asombrosas que nos ha dado tiempo a repasar desde que Roger Federer anunció su retirada, hay una que dice más de su personalidad y su combatividad que cualquier otra: desde que debutara como profesional en 1998 hasta su último encuentro contra Hubert Hurkacz en Wimbledon 2021, el suizo disputó 1.526 partidos. Ganó 1.251. Perdió 275. No se retiró en ninguno. No hubo ni un solo partido en el que su cuerpo dijera basta o lo dijera con la suficiente urgencia como para impedir que su rival disfrutara del momento con todas las de la ley y sin peros que poner.

Cero retiradas a lo largo de una carrera ya es una barbaridad, pero cero retiradas a lo largo de una carrera de más de 1.500 partidos es directamente milagroso. Por supuesto, eso dice mucho de su condición física y del cuidado de su cuerpo. Federer solo jugó cuando podía jugar... y si podía jugar, jugaba hasta el final. Pero creo que dice más de su deportividad. El suizo sabía lo que significaba ganarle. Sabía lo que uno podía sentir al derrotar a una leyenda y nunca creyó que mereciera la pena quitarle ese placer al rival.

Hemos visto a Federer jugar con la espalda destrozada o con problemas en la rodilla o cojeando ostensiblemente, demasiado tieso para poder competir... pero se ha regido siempre por el mismo código: "Si estás suficientemente sano para empezar el partido, lo estás para acabarlo". Porque, de lo contrario, da la sensación de que le estás quitando mérito al oponente y eso era algo que Federer no estaba dispuesto a hacer.

Un registro de esta envergadura requiere de muchos condicionantes: saber sufrir, tener determinada concepción del deporte... y no padecer ninguna lesión grave. Hay quien se retira porque no quiere agravar una lesión, quien se retira porque su umbral del sufrimiento es más bien limitado y quien lo hace porque no tiene más remedio, véase Alexander Zverev cuando se destrozó el tobillo en el pasado Roland Garros, que aún no ha vuelto a competir. Federer ha tenido la suerte de no sufrir nunca esta última circunstancia inhabilitante.

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El dato brilla aún más si lo comparamos con el de sus dos grandes némesis: Rafa Nadal y Novak Djokovic, dos competidores de primera, que luchan hasta el último momento y que han demostrado que, si se retiran, es porque de verdad no queda otra. El español ha dado la mano al árbitro antes de tiempo nueve veces en diecisiete años, tres de ellas en torneos de Grand Slam. El serbio lo ha hecho en trece ocasiones, seis de ellas en grand slam, y solo dos (Wimbledon 2017 y US Open 2019) desde 2011, cuando se supone que cambió su dieta para eliminar el gluten y mejorar su resistencia física.

Si hay que quedarse con un ejemplo de la resistencia de Federer a abandonar un partido, ninguno mejor que las semifinales que jugó contra Stan Wawrinka en las ATP World Tour Finals de 2014. En ese duelo de suizos, Federer estaba completamente tieso de la espalda, con una capacidad muy limitada de movimientos y un gesto que indicaba un dolor profundo después de cada golpe. Todo el mundo pensaba en la retirada, más aún contra un amigo personal y compañero de Copa Davis como Wawrinka. Juntos habían ganado en 2008 la medalla de oro olímpica en dobles.

Sin embargo, Federer resistió al dolor, a las molestias y a la tentación de la retirada. Eso también es caballerosidad. No solo no impedir que el otro celebre un marcador completo, sino renunciar a regalarle el partido. Remontó un break en el último set, salvó cuatro pelotas de partido y se acabó imponiendo 8-6 en el tie-break decisivo. Al día siguiente, no pudo ni siquiera saltar a la pista para jugar contra Djokovic, y eso que era una final.

Porque el caso es que Federer no se ha retirado nunca durante un partido, pero sí ha habido veces que no ha podido empezarlo. Decía antes que si estaba bien para empezar, estaba bien para terminar... pero en ocasiones no estuvo bien siquiera para vestirse de corto. Hasta cinco rivales distintos pudieron pasar de ronda sin tener que enfrentarse al campeonísimo. Solo uno de ellos antes de que Federer cumpliera 30 años. El último, Matteo Berrettini, el que iba a ser su rival en octavos de final de Roland Garros 2021. Cinco walkovers en veintitrés años. Otra estadística para enmarcar. Otro ejemplo de la competitividad extrema de este tipo en apariencia tranquilo.

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