Por qué llamaron nazi a Roman Zozulia en Vallecas

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Roman Zozulia antes de un partido con el Albacete. Foto: Mateo Villalba/NurPhoto via Getty Images.
Roman Zozulia antes de un partido con el Albacete. Foto: Mateo Villalba/NurPhoto via Getty Images.

El fútbol español ha vivido numerosos casos de racismo, como bien saben gente como Samuel Eto’o, Roberto Carlos o, en su momento, el portero rayista Wilfred. Tampoco han faltado los episodios de homofobia sufridos por gente como Cristiano Ronaldo, Guti o, más antiguamente, Míchel. Los bienpensantes arqueaban una ceja; los concienciados ponían el grito en el cielo y denunciaban lo inaceptable de la situación; la mayoría, hay que reconocerlo, permanecía indiferente o incluso reía la gracia. Se montaba un poco de revuelo en la prensa y a los dos días todo el mundo se había olvidado y la vida seguía.

Sin embargo, lo que acabamos de ver es inédito: por primera vez en nuestra historia se ha suspendido un partido por insultos a un futbolista. La víctima ha sido el ucraniano Roman Zozulia, delantero del Albacete, a quien la hinchada del Rayo Vallecano estuvo durante buena parte del primer tiempo increpando llamándole nazi. La situación llegó a un punto en el que el árbitro decidió que no era conveniente disputar la segunda mitad del encuentro, ante la comprensión y la condena de buena parte del mundo del fútbol, incluida la propia directiva rayista (que, conviene recordarlo, lleva años de desencuentros casi constantes con su propia hinchada).

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El caso es que, disculpen el lenguaje sacado de casos reales en otras gradas, a Zozulia no le estaban gritando “puto negro” ni “maricón”. A Zozulia le estaban llamando nazi. Y sí, está feo insultar, pero no es lo mismo un insulto que otro y, como ya nos demostró el filósofo Karl Popper nada más terminar la Segunda Guerra Mundial, no debemos ser tolerantes con la intolerancia. Por eso, en este caso concreto sí es legítimo preguntarse hasta qué punto la grada de Vallecas tiene razón y la ideología del futbolista eslavo tiende a la ultraderecha.

Antes, un poco de contexto. El núcleo duro de la afición vallecana es el bien conocido grupo ultra Bukaneros. Que se caracteriza por ser tan exaltado e irracional como todos los demás ultras del mundo, pero en vez de tender al fascismo, como tantos colectivos de otros equipos, dice ser radicalmente de izquierdas. Detrás de la portería franjirroja no se ven banderas franquistas, sino republicanas y con simbología comunista.

Por otra parte, Roman Zozulia es un atacante que ya tiene 30 años, natural de Kiev, que llegó al fútbol español en el verano de 2016 para integrar la plantilla del Real Betis. Apenas media temporada después los verdiblancos le quisieron ceder precisamente al Rayo Vallecano, entonces como hoy en Segunda División. Pero en cuanto se enteraron los Bukaneros se pusieron en pie de guerra y forzaron al club a cancelar el fichaje. Roman se quedó sin poder jugar por motivos burocráticos (ya había estado inscrito en dos clubes y la normativa prohíbe un tercero la misma campaña); el verano siguiente el Betis rescindió su contrato y se incorporó al Albacete, donde ha rendido bien y sigue desde entonces.

Entonces ¿es Zozulia un nazi? La cosa da, como mínimo, para ser suspicaz. Todo viene del conflicto que mantiene su Ucrania natal con Rusia a cuento del este del país, en la región del Donbass, donde hay un porcentaje muy alto de población de etnia y lengua rusa, lo que ha llevado a un choque militar que estalló en 2014 y todavía no se ha resuelto. Aparte de las tropas regulares, participan en los combates fuerzas paramilitares que, aunque colaboran con el ejército ucraniano y tienen los mismos objetivos (básicamente reconquistar el Donbass), no están bajo su control directo, al menos formalmente.

Uno de ellos es el llamado “Batallón Azov”, un grupo de voluntarios financiado por un oligarca local y cuya parafernalia incluye símbolos y runas, como la Wolfsangel, que utilizan con frecuencia grupos neonazis en toda Europa. También están integrados en él elementos del Pravy Sektor (“sector derecho”), una formación ultranacionalista ucraniana que tiene incluso una mínima representación parlamentaria, que ha participado en altercados violentos en manifestaciones antirrusas... y que se vincula históricamente con los partisanos que, en los años ‘40, lucharon contra la Unión Soviética y a favor de Alemania.

Zozulia jugaba en aquella época en el FC Dnipro de la ciudad homónima, también en el este y a poca distancia de la línea de fuego, cuyos aficionados más radicales se implicaron en la causa del Batallón Azov y ayudaron a captar combatientes. El futbolista, ya entonces un personaje importante que acudía frecuentemente con la selección nacional, les mostró su apoyo público. Circulan abundantes fotografías suyas junto a los líderes de los comandos paramilitares. De hecho, se le considera uno de los fundadores del Narodna Armiya (“ejército popular”), una entidad que para algunos es simplemente benéfica en apoyo de las fuerzas armadas ucranianas, mientras que otros la consideran responsable de todo tipo de atrocidades en el frente, incluyendo masacres contra civiles.

A esta organización Zozulia ha donado dinero en varias ocasiones. Incluso subastó la medalla de subcampeón de la Europa League que consiguió con el Dnipro en 2015 (perdiendo la final contra el Sevilla), entre otros trofeos, y les entregó los aproximadamente 7500 euros que consiguió recaudar. También hizo visitas frecuentes a los combatientes para transmitirles directamente su apoyo.

El delantero, además, se hizo muy querido entre los ultras del Dnipro (llamados White Boys, “chicos blancos”... pese a que el equipo, ya desaparecido por las deudas, vestía de azul), con quienes en más de una ocasión vio partidos desde la grada. En su momento dieron la vuelta al mundo unas imágenes en las que se veía al futbolista saltar desde las tribunas para agredir al árbitro de un encuentro que perdieron.

Otra foto suya muy conocida es la que él mismo subió a su cuenta de Twitter, comentando su supuesto parecido físico con Stepan Bandera. Se trata de un personaje extremadamente controvertido en la historia ucraniana, ya que fue un destacado líder nacionalista en los años ‘40 del siglo pasado. Hay quienes le valoran como un héroe nacional cuya figura merece ser recordada, mientras que desde otros puntos de vista hablamos de un criminal colaboracionista con la Alemania hitleriana. La opinión de Zozulia al respecto parece estar más que clara.

Ha habido más casos en los que se ha asociado a Zozulia con la simbología nazi. Ante la prohibición de lanzar sus mensajes abiertamente, los neonazis actuales recurren a números a los que han otorgado determinados significados. Así, por ejemplo, el 88 representa “Heil Hitler”, puesto que la H es la octava letra del alfabeto. De igual manera, el 18 significa “Adolf Hitler”. Y el número 14 hace referencia al discurso de otras tantas palabras (“debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos”) que pronunció el dirigente supremacista estadounidense David Lane. Pues bien...

Hubo polémica también cuando Zozulia llegó a España para firmar por el Betis por la vestimenta con la que se le vio aparecer por el aeropuerto. En este caso, sí hay que reconocerlo, hubo una confusión, puesto que el símbolo que lucía en su camiseta no es más que una versión del escudo nacional ucraniano. Por su similitud, se pensó que era el emblema del Pravy Sektor citado anteriormente.

Volvemos a preguntarnos: ¿Zozulia es nazi? ¿O es simplemente un hombre muy patriota y extremadamente comprometido con la integridad de su país, como dicen él mismo y los que le apoyan, y todo esto no es más que una campaña de desprestigio? No nos atrevemos a afirmar nada, a estas alturas de película nunca se puede saber con total certeza, y más cuando está Rusia implicada. Blanco y en botella puede ser horchata. Aparentemente, según dicen algunos medios, él estaba muy afectado por los “insultos” de la afición rayista, aunque cada uno puede creer lo que quiera...

Lo que quizás sí que debería preocuparnos más como sociedad es lo que hemos recordado al principio: que con todo el historial que tenemos, sea esta ocasión tan controvertida la primera en la que nos atrevemos a parar un partido. Y ha ocurrido, fundamentalmente, porque el jugador ha tenido el apoyo de los compañeros que muchas otras veces se les niega. El caso concreto de Zozulia, con sus particularidades, no deja de ser una anécdota; esto es lo que nos tendría que servir para reflexionar.

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