Ronaldo, el nene que le ganó a los hombres y se volvió un Fenómeno

Ni siquiera lo llamaban por su nombre. En el Mundial de Estados Unidos 1994, a Ronaldo no lo conocía casi nadie y le decían Ronaldinho. En esa Selección de Brasil ya había un Ronaldo (Ronaldo Rodrígues), un defensor sin demasiada jerarquía al que muchos apodaban Ronaldao y que sólo jugaría 14 partidos con la camiseta verdeamarela. Pero a Ronaldo, el verdadero, a esa altura no le importaban demasiado los carteles.

El mito dice que Carlos Parreira, entrenador de esa Selección, prefirió no ponerlo unos minutos en la final contra Italia para que un récord de Pelé quedara intacto: el de ser el brasileño más joven en jugar el partido decisivo de la Copa del Mundo (en Suecia 58, a los 18 años). Pero para él, que tenía la camiseta 20 y lucía alto, flaco y estilizado, era lo de menos.

Le cambió la camiseta al italiano Pierluigi Casiraghi y dio la vuelta con la número 18 azurra. Se abrazó a los grandes, festejó, dejó que el mundo viera sus paletas separadas, su sonrisa de nene. No se le ocurrió guardar una pizca de rencor por no haber jugado ni un minuto. Estaba agradecido. Copió algunos gestos de Romario. Cómo arrastrar la pelota hacia su botín, como si la enterrara sobre la tierra, para eludir al arquero y dar un pase a la red con el arco vacío. Entendió la frialdad de Bebeto para definir. Resolver fácil y sin complicaciones. Los vio en los entrenamientos, habló con elllos, compitió, aprendió. Fue lo último que necesitó para convertirse en otra clase de jugador. Tenía 17 años y 9 meses.

En 1992, el primer entrenador de Ronaldo en San Cristobal, un pequeño club de Río de Janeiro, no dudó: "Envié un chico a Cruzeiro que será el delantero de Brasil en el Mundial de 1998". No fue un genio ni se adelantó a algo que en esa época parecía imposible, pero es un indicio de la potencialidad que ya tenía. Era tan bueno que quemó todas las etapas. Su ciclo formativo fue un Mundial. "La primera vez que lo vi fue en Cruzeiro, todavía era un nene. En ese partido terminó haciendo cinco goles. Desde ese momento en adelante demostró que era un verdadero fenómeno", describió Cafú. En ese período terminó de hacerse jugador. A los 17, ya estaba listo para ser el más dominante de todos.

Es parte de la explicación por la que Ronaldo es el jugador más joven en haber ganado el Balón de Oro. En 1997, tenía sólo 21 años y tres meses. Ni siquiera Lionel Messi, que ganó este reconocimiento a los 22 y cinco meses, era tan indiscutido como él.

A Ronaldo no le gustaba el frío ni la ciudad Eindhoven, pero se cansó de hacer goles. En PSV, marcó 54 tantos en 58 partidos. Ya tenía al mundo enamorado. Barcelona pagó por él 19.5 millones de euros. El brasileño llegó a un club que estaba en el medio de una transición. Johan Cruyff, el mentor de una idea de juego que se obsesionaba románticamente de la posesión de la pelota y ganó la Champions League en 1992, dejó la institución después de una pelea con Josep Luis Núñez, el presidente de ese momento. El entrenador de Porto, Bobby Robson, tomó las riendas con un joven asistente del que ya se empezaba a hablar, José Mourinho. Compraron a Vitor Baia, hicieron regresar a Hristo Stoichkov y mantuvieron en el plantel a Iván de la Peña, Miguel Ángel Nadal, Josep Guardiola y Luis Figo.

En ese equipo, Ronaldo fue superior en todos los sentidos. Demasiado fuerte para un par de defensores de Valencia que rebotaron cuando pretendieron chocarlo. Finamente preciso para meter un golazo desde una posición incómoda ante Betis. Muy rápido para sacar ventaja en los metros finales y festejar contra Oviedo. Talentoso para sacarse de encima la marca de los jugadores de Racing Santander. Y extremadamente completo para hacer probablemente el gol más lindo de la historia de la Liga de España, ante Compostela.

El festejo, el de siempre. Los brazos hacia arriba, paralelos a los hombros y un grito sostenido pero no loco, más bien tranquilo. El homenaje de casi todos los partidos al Cristo Redentor de su Río de Janeiro.

Robson, que en algún momento se enfureció con el brasileño, que se fue sin avisar al carnaval de Río por dos días, tuvo la reacción más genuina: se agarró la cabeza. No lo podía creer. "Ronaldo es como Pelé de joven", dijo después del partido. La relación con el entrenador no fue del todo buena. El delantero declaraba como lo que era, una estrella, pero al DT no le gustaba. Un día después de que hablara mal del esquema del equipo, el inglés no la dejó pasar: "¡Tiene 20 años y habla de la táctica! ¡20 años!". Quedó en el segundo puesto en la lucha del Balón de Oro, atrás del alemán Matthias Sammer. Fenómeno.

En una temporada y media, hizo 47 goles en 49 partidos. Inter aprovechó algunos conflictos que Ronaldo tenía con Barcelona y compró sus goles en 24,5 millones de euros. No le costó nada la adaptación al fútbol de Italia. En su primera temporada, terminó en el segundo lugar de la tabla de goleadores, atrás del alemán Oliver Bierhoff. Empezó a ser más completo en el juego: dio asistencias, se encargó de los penales y tiro libres, y hasta terminó en algunos partidos como capitán del equipo.

En 1997, compartió una dupla mágica con Romario en la Copa América de Bolivia que Brasil ganó de punta a punta. Hizo cinco goles, uno menos que el mexicano Luis Hernández, y fue elegido como el mejor jugador.  

El Balón de Oro se lo entregó Pelé. Ronaldo dejó en el camino al yugoslavo Predrag Mijatović, de 28 años, crack del Real Madrid que salió campeón, y el francés Zinedine Zidane, de Juventus, de 25. Ya no había ningún tipo de dudas. Era sólo una cuestión de tiempo para que le ganara a todos los hombres. No le costó demasiado. Hacía unos cinco años que era profesional y ya había marcado más de cien goles. Se había acostumbrado, porque el crack no se hizo de un día al otro. Nació siendo distinto y no necesitó de nadie para demostrarlo. Estaba destinado a eso desde el primer día que tocó una pelota. Sólo había que dejarlo ser, él se encargaba del resto.

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