El deporte en Francia se llena de violencia a dos años de París 2024

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Riot police officers clash with Saint-Etienne's fans who invaded the pitch after being defeated by Auxerre at the end of the French L1-L2 play-off second leg football match between AS Saint-Etienne and AJ Auxerre at the Geoffroy Guichard Stadium in Saint-Etienne, central-eastern France on May 29, 2022. (Photo by JEAN-PHILIPPE KSIAZEK / AFP) (Photo by JEAN-PHILIPPE KSIAZEK/AFP via Getty Images)
El campo del Saint Etienne se convierte en un auténtico campo de batalla tras la invasión y lanzamiento masivo de bengalas contra los jugadores este pasado domingo (Photo by JEAN-PHILIPPE KSIAZEK/AFP via Getty Images)

El escándalo que rodeó a la seguridad antes y después de la final de Champions en Saint-Denis, el pasado sábado, está poniendo de relieve un grave problema de violencia en torno al deporte francés... y a la vez eclipsando uno quizá aún más grave. Veinticuatro horas después de que los encargados de seguridad dejaran a su suerte a aficionados del Liverpool y el Real Madrid tanto a la hora de llegar al estadio como de entrar en el mismo como de salir y llegar a sus hoteles sanos y salvos, en Saint Etienne veíamos una barbaridad como pocas se han visto en los últimos años.

El Saint-Etienne, diez veces campeón de la primera división francesa (la última, en 1981, con el mítico Michel Platini en sus filas) y subcampeón de Europa en 1976 (perdió 1-0 la final contra el Bayern de Munich del "Torpedo" Müller, Beckenbauer, Rumenigge y compañía), se jugaba en los penaltis el descenso a la segunda división contra el Auxerre. Después del último fallo de los locales, la frustración y la rabia se desataron en el estadio. Una frustración y una rabia, por otro lado, perfectamente planeada.

Nada más pitar el árbitro y con los jugadores visitantes aún celebrando en el campo, se produjo una salvaje invasión de campo culminada con la presencia de un nutrido grupo de aficionados con bengalas que iban lanzando hacia el túnel de entrada en vestuarios con la idea de llevarse por delante lo que hiciera falta. En pocos segundos, toda la zona estaba llena de humo y fuego, mientras los jugadores de ambos equipos entraban con los ojos dañados o con problemas para respirar. Las imágenes hablan por sí mismas.

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Como se puede ver, no hay nada de espontáneo en este episodio. Los violentos saltan al campo armados y con la intención clara de -todos a una- atacar a sus jugadores. Saben cuál es el punto más peligroso -el cuello de botella del túnel de vestuarios- y lanzan a la vez sus bengalas desde cualquier lugar, sin importarles los efectos que puedan causar. Que nadie saliera gravemente herido es un milagro del que debemos estar muy agradecidos.

No son los únicos casos de violencia que han rodeado este año al fútbol en Francia y no se pueden justificar solo por la pobreza o la inmigración, como se ha intentado hacer en Saint Denis. Obviamente, el barrio de Saint Denis tiene problemas gravísimos que tendrán que solucionar las autoridades. La combinación de una zona depauperada con la ausencia total de seguridad en las calles con cientos de personas colándose alegremente en el campo sin oposición alguna es más que preocupante.

Incluso en Roland Garros, donde el público obviamente es de clase media-alta, venimos observando este año un exceso de hooliganismo en las gradas, especialmente con la introducción de la sesión nocturna. A partir de las nueve, parece que los aficionados solo piensen en el siguiente grito, el siguiente chistecito o la siguiente canción para interrumpir el juego. Entre servicio y servicio, el tradicionalmente educado público francés se convierte en un grupo de incontrolables juerguistas en una discoteca de Magaluf.

Que todo esto esté sucediendo en un país con la tradición deportiva francesa -el año pasado, varios ciclistas se fueron al suelo tras la irresponsabilidad de una aficionada durante la primera etapa del Tour de Francia, aunque aquello no fue violencia, sino simple imprudencia- ya es de por sí peligroso y triste. Que suceda a dos años de los Juegos Olímpicos de París, donde el propio Stade de France acogerá la inauguración, la clausura y las pruebas de atletismo, ni más ni menos, no hace sino elevar cualquier preocupación.

Francia tiene un problema con el deporte y a Francia le estamos dejando que lo organice todo. No es que los demás estemos para tirar cohetes -recuerden la invasión campal de Balaídos tras el Celta B-Deportivo de la Coruña o la del Etihad tras el último partido de Premier, con agresión incluida al portero del Aston Villa-, pero los demás no vamos a organizar los siguientes Juegos Olímpicos. Si todo esto sirve como aviso, bienvenido será. Si se sigue mirando a otro lado, los problemas no harán sino crecer cada día.

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