Salvar al soldado Messi

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Leo Messi se lamenta tras una ocasión fallada. (Foto Mateo Villalba/Quality Sport Images/Getty Images)
Leo Messi se lamenta tras una ocasión fallada. (Foto Mateo Villalba/Quality Sport Images/Getty Images)

El desembarco de los aliados en el Camp Nou encabezado por Quique Setién y Eder Sarabia debería haber supuesto la rampa de despegue para un nuevo proyecto que rodease más y mejor a Leo Messi. El argentino, acostumbrado a sortear a los adversarios y florecer a la espalda de las líneas enemigas como el paracaidista que protagoniza la película de Steven Spielberg, sigue necesitando un sistema de juego que potencie sus intervenciones, pero que por encima de todo las canalice hacia el balcón del área.

Sin embargo, el capitán del Barça se enfrenta a ese formato hiperrealista azulgrana donde tan solo él es capaz de marcar la diferencia en el campo de batalla a la hora de causar bajas al enemigo. Entre tantas balas pérdidas y sudor derrochado en pleno fuego cruzado, Messi es de los pocos jugadores claves de la primera plantilla culé que está demostrando un rendimiento a la altura del desafío. Quizás junto a Marc-André ter Stegen, Gerard Piqué, Sergio Busquets, Arturo Vidal y ya podemos dejar de contar efectivos. Y es que este Messi conmueve por la magnitud del reto que tiene ante sí mismo. A sus 32 años, el argentino se ve obligado a dictar los pasos que debe dar su equipo en el terreno de juego.

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Con menos armamento que su enemigo más directo, el Real Madrid de Zinedine Zidane, el ‘10’ debe controlar todas las secuencias del partido. Ser intervencionista en cada ataque como si de un plano se tratase, supeditar el control total del ritmo de la narración y basarse en su inspiración para sacar adelante una campaña con tintes épicos por su fragilidad. Con un inicio dramático a raíz de la destitución de Ernesto Valverde, la inestabilidad que ha caracterizado la Liga 2019/20 se ha visto compartida en los tiempos de Setién. Demasiadas balas de fogueo para tan poca acción.

Vibrantes, emotivas y crudas como la guerra. Las actuaciones de Leo con el Barça desde la llegada del técnico cántabro han ido acompañadas de la transversalidad en el juego. Messi se ve empujado a iniciar el juego, aportar el grado de creatividad y velocidad en la circulación del balón que necesita el juego de posición, filtrar el pase decisivo para hallar al jugador libre en la frontal del área y finalizar imperturbablemente ante el portero. El argentino está limitado por el trajín continuo al que se ve sometido. Demasiado para un solo jugador aunque sea el mejor del mundo.

Leo Messi debe retrasar su posición para venir a recibir junto a Sergio Busquets.
Leo Messi debe retrasar su posición para venir a recibir junto a Sergio Busquets.

La misma pobreza grupal que transmite el conjunto azulgrana es la que provoca que el equipo le necesite en demasiadas partes a la misma vez para que su plan de partido funcione. Messi, claro, acude en su ayuda, pero no siempre puede evitar que el equipo colapse cuando se topa con alguna dificultad que altera el guion inicial del encuentro. Por ejemplo, los reajustes tácticos que realizó Julen Lopetegui durante la pausa para hidratarse en el Ramón Sánchez-Pizjuán y en la que el Sevilla recondujo el ritmo de partido a través de la conservación del balón.

Afortunadamente, los soldados de Quique Setién aún están a tiempo de revertir la situación. Es cierto que el equipo no cuenta con los mismos recursos individuales que el Real Madrid en cuanto a profundidad de plantilla se refiere, pero hay que esperar a los refuerzos azulgranas: Frenkie de Jong, Antoine Griezmann, Jordi Alba, Ivan Rakitic, Arthur Melo o el mismísimo Luis Suárez. Todos han sido llamados a filas, algunos han desertado y otros han sido abatidos. La misión de salvar a Leo Messi sigue siendo una prioridad absoluta en la base de operaciones azulgrana.

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