Sánchez 'el tibio' teme que la mano dura le pase factura

Asier Martiarena
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Sánchez ha abandonado el Congreso antes de la intervención de Pablo Casado. (AP Photo/Alessandra Tarantino)
Sánchez ha abandonado el Congreso antes de la intervención de Pablo Casado. (AP Photo/Alessandra Tarantino)

No estaba previsto que hiciera acto de presencia. Pero finalmente el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha acudido al Congreso de los Diputados para escuchar la intervención de su ministro de Sanidad, Salvador Illa, para defender el nuevo plan restrictivo del Gobierno para intentar frenar la pandemia. Eso sí, acto seguido, Sánchez se ha subido a su Audi oficial justo antes de que el líder del PP, Pablo Casado, subiera a la tribuna de oradores para criticar el nuevo estado de alarma que el Gobierno quiere extender durante seis meses.

El escaño vacío de Sánchez, que ha abandonado el hemiciclo tras la intervención de Illa, ha contrastado con el peso dado al debate por parte de los líderes de la oposición, que han intervenido en primera persona, algunos por sorpresa como el presidente del PP, Pablo Casado, con fuertes críticas a la gestión de la pandemia.

El gesto, además, denota un punto de mala leche y enfado que, sin embargo, no se está notando a la hora de gestionar la pandemia. De hecho la tibieza de Sánchez palidece frente a la mano dura que están mostrando líderes europeos como Emmanuel Macron (Francia) o Angela Merkel (Alemania). Países donde, a pesar de tener una incidencia del virus menor y de que la presión que están sufriendo sus hospitales no es tan prolongada, los respectivos gobiernos han decidido y cierres y confinamientos más restrictivos y, sobre todo, homogéneos. Nada de dejar al criterio de los respectivos dirigentes regionales los pasos a dar ante una segunda oleada que amenaza con ser aún más dura que la primera.

Todo ello le puede granjear a Sánchez una buena ristra de críticas. Algunas ya han llegado. Como la del New York Times de hace 15 días, que afirmó que "la incompetencia de los políticos españoles puede ser tan mortal como la Covid-19". "Los políticos se pelearon entre ellos, incumplieron las promesas y repitieron los errores de la primera ola del virus" decía la crónica aparecida finales de septiembre en el rotativo estadounidense.

De aquella, se metía en el mismo saco al conjunto de políticos del país, pero con un estado de alarma declarado, pero con manga ancha para las comunidades, la diana se va a centrar solamente en Sánchez.

Algo de esto ya se dejaba ver en el citado artículo que resumía lo sucedido a sus lectores criticando el traslado de competencias de "un gobierno que había gestionado la pandemia con torpeza" a "17 administraciones que lo han hecho con desidia".. Un ejemplo del enorme coste que supone "no tener a los mejores al volante", zanjaba el rotativo.

Desde Inglaterra, la BBC señaló la pasada semana el "polémico confinamiento selectivo" de Isabel Díaz Ayuso. Pero permitiendo que la dirigente madrileña siga con ello, el próximo en ser criticado será Sánchez.

Solo en España puede ocurrir que un Gobierno reforzado, y de qué manera, por una moción de censura acabe dilapidando buena parte de ese crédito apenas una semana después. A Sánchez le esperan duros reproches cuando regrese al hemiciclo. Pero aún serán más duros cuando visite Europa si España no ha logrado de una vez frenar el meteórico ritmo de contagios.

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