Se castigaron a sí mismos sin sueldo por ir últimos y desde entonces no paran de ganar

Jugadores del Barletta antes de un partido. Foto: web oficial ASD Barletta 1922.
Jugadores del Barletta antes de un partido. Foto: web oficial ASD Barletta 1922.

Si un trabajador no rinde bien en su puesto, el jefe o el encargado suelen aplicar las medidas disciplinarias que consideren adecuadas. Una de ellas, reservada para casos extremos y con todos los condicionantes legales y éticos que se puedan plantear, consiste en la suspensión de salario: “no haces lo que debes, no te pago”. Una medida tan contundente y polémica se da normalmente por iniciativa del patrón; es rarísimo, por no decir inaudito, que sea el asalariado el que decida voluntariamente dejar de cobrar por creer que no se está esforzando lo suficiente.

Justo eso es lo que ha ocurrido en el mundo del fútbol, un sector profesional que, entre unas cosas y otras, nunca deja de sorprender. Y no hablamos, ni mucho menos, de privilegiados multimillonarios para quienes una nómina faltante o dos no suponen gran trastorno en sus finanzas. Nos vamos a Italia, concretamente a la categoría Eccelenza, que es el quinto nivel de la pirámide balompédica del país. Allí, en el grupo correspondiente a la región de Apulia (el “tacón de la bota”, para quienes no sean expertos en geografía), juega el club Barletta, procedente de la ciudad homónima.

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El equipo rojiblanco en teoría es uno de los más potentes de la división, no en vano el año pasado acabó cuarto, y además históricamente está entre los más importantes, ya que puede presumir de haber competido unas cuantas temporadas en Serie B allá por los ‘80. Sin embargo, tuvo un arranque de temporada flojísimo: en sus cuatro primeros encuentros logró un solo empate y tres derrotas, lo que le costó el cargo al entrenador Massimo Gallo. Los dos siguientes partidos, ya con Massimiliano Tangorra en el banquillo, no fueron mucho mejores. El equipo se plantó en la jornada seis con unos números lamentables, solo dos puntos y hundido en el último puesto de la clasificación.

En ese momento llegó el punto de inflexión. Los jugadores, con el veteranísimo delantero Massimo Ganci al frente (a sus 37 años es el único de la plantilla que puede presumir de haber jugado en Serie A), decidieron el pasado 19 de octubre que renunciaban a cobrar sus salarios hasta conseguir resultados “conforme a las expectativas”. Lo cuenta el presidente de la entidad, Mario Dimiccoli, en La Gazzetta dello Sport.

El plan de choque parece haber funcionado. Desde entonces el equipo ha jugado dos partidos, uno en casa contra el Deghi y otro fuera, visitando al San Marco. Ambos ganados por 1-0. De esta manera el Barletta ha logrado escalar hasta los ocho puntos, lo que le ha permitido subir a la 11ª posición (de 16), fuera de las plazas de descenso automático (las dos últimas) e incluso muy cerca de escapar del playout de relegación que disputarán a final de temporada los equipos 11º a 14º para escapar del último billete que les mandaría a Promozione, el sexto escalón del calcio transalpino.

Dimiccoli agradece el compromiso mostrado por los jugadores, de quienes dice que con este gesto “han tomado conciencia de la situación y han querido desmentir algunas voces que rumoreaban que algunos jugadores ya tenían acuerdos con otros clubes”. Conviene recordar que el Barletta, como tantos otros, pasa por una situación económica bastante delicada; de hecho, en agosto no era segura su participación en el torneo, ya que le costó encontrar los avales necesarios, aunque al final algunos empresarios locales pusieron de su parte para que el club saliera adelante.

¿Volverán a cobrar los jugadores? “Por ahora la suspensión se mantiene”, dice entre risas el presidente, aunque se muestra “seguro de que si ganan este fin de semana vendrán a llamar a la puerta de la tesorería. Pero si ocurre esto, estaré muy contento de pagarles a final de mes”. El próximo compromiso será el domingo 3 de noviembre a las 14.30 horas, en el campo Manzi Chiapulin de Barletta, contra el Fortis Altamura, que ahora mismo es un rival directo: tiene los mismos puntos y está un lugar por detrás en la tabla por la diferencia de goles. Veremos si el castigo autoimpuesto sigue funcionando; en ese caso, quién sabe, quizás alguno que otro se anima a copiar la idea.

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