La paradoja del segundo referéndum de independencia de Escocia: tanto partidarios como detractores tienen razón

El 18 de septiembre de 2014 los escoceses decidieron en referéndum la permanencia en el Reino Unido con un sólido margen de diez puntos. Una decisión que teóricamente garantizaba la estabilidad durante años en la región, sin embargo, los independentistas escoceses han vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad de una segunda consulta este 2020, que permita que el país se convierta en independiente.

Algo a lo que el Gobierno británico se niega. ¿Debería producirse un nuevo referéndum? Lo cierto es que tanto los partidarios como los detractores defienden sus razones y ambos tienen razón, en la que se ha convertido ya en una de las grandes patatas calientes para el Ejecutivo de Boris Johnson.

Partidarios de la independencia de Escocia esperan los resultados antes del referéndum de 2014. (AP Photo/Matt Dunham, File)
Partidarios de la independencia de Escocia esperan los resultados antes del referéndum de 2014. (AP Photo/Matt Dunham, File)
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Por qué no se debería hacer un segundo referéndum

En primer lugar hay que analizar la posición que tiene Westminster y que ha defendido Johnson en la carta que ha enviado a la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon. “Prometieron que el resultado del referéndum de 2014 sería para toda una generación”, ha señalado. Y en eso no le falta razón. Los resultados fueron contundentes y parece precipitado hacer una nueva consulta apenas cinco años después de la anterior.

Por poner un ejemplo, la región de Quebec en Canadá tuvo dos consultas de independencia en 1980 y 1995 y entre ambas pasaron 15 años. Un periodo de tiempo razonable en el que pueden variar las posiciones. Además se corre el riesgo de trivializar este tipo de consultas, que tienen un carácter especial, llevando a una baja participación que provoque que los resultados no sean tan representativos.

Por último, durante mucho tiempo el referéndum ha copado la actualidad política en Escocia, dejando de lado importantes asuntos sociales como las escuelas, los empleos o los hospitales. Tal y como ha defendido Johnson, el país debe salir de ese estancamiento político y prestar atención a los asuntos que afectan diariamente a sus ciudadanos.

Boris Johnson haciendo campaña en Escocia. (Dan Kitwood/Pool Photo via AP)
Boris Johnson haciendo campaña en Escocia. (Dan Kitwood/Pool Photo via AP)

Todos estos argumentos en contra del referéndum tienen sentido y son fácilmente defendibles por los detractores, Sin embargo, la batalla no la tienen ganada porque las razones de los partidarios de la consulta son igualmente poderosas.

Por qué se debería hacer un segundo referéndum

Si bien es cierto que solo han pasado cinco años desde la anterior consulta, también hay que tener en cuenta lo que ha cambiado en Reino Unido desde entonces. Y hay un hecho determinante que por sí solo debería ser motivo para repetir el referéndum: el Brexit.

El 23 de junio de 2016 Reino Unido decidía por un estrechísimo margen su salida de la Unión Europea. No fue esa sin embargo la decisión votada en Escocia. En tierras escocesas se impuso con un 62% de los votos la permanencia.

Tal y como defiende el Partido Nacional Escocés, desde el 2014 han cambiado las condiciones, por lo que es necesaria una segunda votación que no obligue a los escoceses a marcharse de una UE de la que una gran parte de su población se siente parte.

De hecho si el orden de las votaciones hubiera sido inverso (primero el Brexit y luego el referéndum de Escocia) es probable que el resultado hubiera podido cambiar. Y es que cabe recordar que una de las razones de peso que defendieron los unionistas en la consulta de independencia escocesa fue que Escocia podía quedarse fuera de la UE si se independizaba de Reino Unido. Una situación que claramente inclinó la balanza y que ahora se vuelve en contra.

Nicola Sturgeon defiende un segundo referéndum (AFP).
Nicola Sturgeon defiende un segundo referéndum (AFP).

No son estas las únicas razones de peso. En las últimas elecciones generales de diciembre de 2019, en las que Johnson arrasó y logró una sólida mayoría absoluta, el SNP consiguió 48 escaños de los 59 que había en juego en el territorio. Una victoria holgada que legitima a los independentistas a cumplir su programa. Y el punto principal de este era la convocatoria de un nuevo referéndum sobre la independencia de Escocia. La aversión que despierta Johnson en territorio escocés también suma.

Así pues también hay motivos para considerar justo y necesario una nueva consulta a la ciudadanía.

Qué va a pasar

En un país como Reino Unido en el que en tan poco tiempo han pasado tantas cosas importantes es arriesgado hacer pronósticos, pero a priori parece poco probable que el Gobierno permita una segunda consulta. El Brexit es la prioridad ahora mismo de Johnson y es casi imposible que las demandas escocesas se puedan hacer hueco en esta situación. La holgada posición conservadora en el Parlamento también hace pensar que Escocia no va a ver escuchadas sus reivindicaciones este 2020, con la vía unilateral completamente descartada.

En 2021 se van a celebrar elecciones regionales y ese podría ser el momento en el que Escocia reforzara su posición. Una mayoría abrumadora podría hacer presión sobre Westminster, aunque ya sería tarde para evitar el Brexit. Reino Unido afronta una nueva encrucijada.

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