Ser periodista deportivo es un privilegio

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Ser periodista deportivo es un privilegio
Ser periodista deportivo es un privilegio

Como ya saben desde hace tiempo los lectores de La Libreta de Van Gaal en Yahoo Deportesel periodismo deportivo español atraviesa su edad de oro. Lo dicen Manolo Lama, Manu Carreño, Jesús Gallego o Felipe del Campo, periodistas de éxito y sin duda fuentes de autoridad en la materia. De tanto repetirlo y durante tantos años, puede que la gente hasta se lo haya creído.

Lástima que los medios sólo suelan entrevistar a periodistas muy populares, o sea, con sueldos y condiciones laborales muy por encima de la media. Porque el periodismo deportivo, más que atravesar una edad de oro, habita anclado en la edad de piedra. Tras la crisis de credibilidad, visible, hallamos otra, subterránea, de precariedad laboral, como en tantos otros sectores. Sospecho que buena parte de esta columnita es aplicable a ellos.

Ha cundido la idea de que los periodistas son privilegiados. Y los deportivos, unos de los que más, porque trabajan en algo que -se supone- les gusta y millones de personas tienen como afición. Estos periodistas no sólo siguen -cada vez menos- a los deportistas de cerca sino que a veces hasta pueden opinar mediante un altavoz gigante, algo por lo que el español medio daría un brazo, si no los dos.

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“Dice Manolo Lama que no entiende [a] quien deja esta profesión”, tuiteaba este verano el mencionado Del Campo; “en efecto, yo también doy gracias por ser periodista deportivo. Una bendición y un privilegio”. Miguel Ángel Román, uno de los mejores narradores de la actualidad -y mucho menos entrevistado que todos los mencionados- le respondió con maravillosa sencillez: “Hay quien la deja porque las condiciones laborales, en demasiadas ocasiones, son incompatibles con llevar una vida digna”.

El pasado sábado, una cuenta de Twitter llamada @Info__Valencia publicó una entrevista con Rubén Martín, narrador de Cope, que desvelaba la llave para entrar en el reino de los cielos del periodismo deportivo: "A todos los chavales que vienen a 'Tiempo de juego' les digo lo mismo: 'Se quedan pocos o ninguno pero los que se quedaron no preguntaron cuándo libraban y cuánto cobraban'. Ahí está la diferencia".

Como era de esperar, esta confesión levantó un gran revuelo en redes sociales, valga la redundancia. Después de varias horas de improperios, @Info__Valencia retiró el tuit. El propio Rubén Martín (me) explicó que la cita era “falsa e inexacta”. Un usuario llamado @telodicejuanelo dio con otra entrevista concedida por el periodista hace cuatro meses a Antonio Martínez Pérez, en la que deslizaba ya una frase parecida: “La gente que entra a currar es siempre gente que el primer día que llegó a las prácticas sus dos primeras preguntas no fueron ‘¿cuándo libro?’ y ‘¿cuánto cobro?".

A buen seguro la segunda frase, con los matices ausentes en la primera, se ajusta más a lo que piensa Rubén Martín. En cambio, según mi experiencia, la frase que describe el panorama de la profesión con mayor fidelidad es la primera. La frase inexacta me resulta más exacta. Preguntar por las condiciones, y en especial por los horarios y descansos, está mal visto. Hacerlo al principio y no al final es sólo un agravante.

Existe una tercera entrevista interesante a Rubén Martín. La concedió hace algo más de año y medio a una web llamada ‘Cronómetro deportivo’. En ella también le preguntaron por la fórmula mágica para hacer carrera. Transcribimos la respuesta íntegra y embebemos el audio. Por contexto que no sea:


[A partir del 26:28] “Yo creo que tiene que ver con tener la predisposición al esfuerzo. A veces, y esto está fatal decirlo, pero incluso cuando empiezas no remunerado. Yo sé que eso es dignificar poco la profesión pero yo empecé trabajando sin cobrar. Y está mal, porque al final estás quitando el trabajo a alguien que debería estar cobrando en prácticas o algo así. Está mal pero… ¿cuál es la manera si no? Y luego ya ir creciendo e ir esforzándote. Al que estoy seguro de que no van a contratar nunca es al que, el primer día que llega a la redacción, pregunta: ‘¿Cuánto cobro y cuándo libro?’ Ese, en las redacciones en las que yo he estado, dura dos días. Ahora, si tú llegas y lo que quieres saber es ‘¿dónde empiezo? ¿dónde voy? ¿a quién llamo? ¿en qué trabajo?’ y cuando te dicen ‘¿te puedes quedar hoy al programa de la noche?’ y tú has llegado a las siete de la mañana para hacer una mierda de guardia en el Bernabéu, son las siete de la tarde y te están diciendo que te quedes a producir la noche y vas a salir de allí a las dos de la mañana. Y la diferencia entre el que termina quedándose y el que no es el que dice ‘Sí, sí, sí’, porque va a aportar. ¿Eso está bien? No está bien que nadie trabaje 15 horas un día pero la manera es esforzándote”.

Y este es, amigos, el truco del almendruco.

Yo también he trabajado sin cobrar. Yo también alucino con el desahogo de muchos que empiezan. Yo también aprecio la vocación cada vez más, porque la veo cada vez menos. Pero ser periodista (deportivo o no) no es una bendición ni un privilegio: es un oficio fantástico (para quien le guste) en el que sobran aspirantes y la mayoría son fácilmente reemplazables por otros que acepten cobrar un poco menos y trabajar un poco más. Y no hacer muchas preguntas, claro.

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