Sergio Ramos, el capricho de los JJ.OO. y el ninguneo a los deportistas que trabajan en silencio para ir a Tokio 2020

La meca del deporte. Los Juegos Olímpicos son el oasis en medio del desierto de los deportes que no sabes que existen durante tres años y diez meses. Esa definición no coincide, por lo tanto, con el fútbol: el ‘deporte rey’. El deporte que está en las barras de los bares, en las terrazas y en los salones de las casas los doce meses del año. El deporte que, me vais a permitir, a día de hoy no entiendo que sea Olímpico. Incluso empieza antes de que arranquen los propios Juegos. Está encajado a la fuerza.

Pues aún así, se ha hablado más en la última semana de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 que en todo el año preolímpico, ¿el motivo?: Sergio Ramos. Es comprensible, claro, porque Ramos es una estrella mundial, capitán del Real Madrid y de la Selección Española y que cuenta con una dilata carrera que parece, según las últimas informaciones, que va a tener una guinda única para su pastel: Tokio.

Spain's defender Sergio Ramos takes part in a training session on the eve of the UEFA Euro 2020 qualifier Group F football match Sweden v Spain on October 14, 2019 in Solna, Sweden. (Photo by Jonathan NACKSTRAND / AFP) (Photo by JONATHAN NACKSTRAND/AFP via Getty Images)
Spain's defender Sergio Ramos takes part in a training session on the eve of the UEFA Euro 2020 qualifier Group F football match Sweden v Spain on October 14, 2019 in Solna, Sweden. (Photo by Jonathan NACKSTRAND / AFP) (Photo by JONATHAN NACKSTRAND/AFP via Getty Images)
Desplázate para ir al contenido
Anuncio

Desde que saltó la noticia de que Ramos podría participar en los próximos Juegos Olímpicos, la información no ha dejado de acaparar la opinión pública y Tokio ha estado en boca de todos por un motivo que me disgusta y os explico el por qué.

Cuatro años tienen que esperar los deportistas españoles pertenecientes a los deportes conocidos como ‘minoritarios’ (es decir, todo lo que no sea fútbol) para tener un altavoz que ponga su trabajo, muchas veces ingrato, en primera línea mediática. Cuatro años de sacrificio y dedicación máximos para tener la atención y el reconocimiento que merecen, para que se hable de ellos durante unos pocos días, para que acaparen portadas, para que abran informativos, para que se les devuelva una ínfima parte de lo que dan. Cuatro años es mucho tiempo.

Mucho tiempo compaginando trabajo con entrenamientos, familia con competiciones, mucho tiempo auto gestionando viajes y auto financiando desplazamientos para conseguir una clasificación que le dé en 20 días la una visibilidad inimaginable en otro momento de una carrera deportiva. Pero de ello sólo se habla y se escribe cada cuatro años. A nadie (o a casi nadie) le interesa el camino de piedras que recorre Saúl Craviotto, Mireia Belmonte ó Carolina Marín hasta que se suben al cajón y hacen historia. Sin embargo, si un futbolista manifiesta su intención de acudir a la cita todo cambia y los focos se encienden. No es justo. Es triste.

Los JJOO no son ninguna broma y, por supuesto, no sirven para alimentar el ego o, como manifestó hace poco Pablo Carrero (tirador olímpico), para: “lucir palmito” de estrella del fútbol. Está bien que un deportista muestre hambre y ambición, en eso se basa el deporte principalmente, pero lo que no es justo es que un capricho de Ramos haga más ruido que el trabajo en la sombra de tantos deportistas durante tanto tiempo.

Por último, la gota que colma el vaso es la posibilidad que se ha venido comentando de que, si el futbolista sevillano finalmente acudiera a Tokio, Ramos fuera el abanderado de España en el paseo inaugural de la cita. Ridículo. ¿Abanderado de qué?

Estamos de acuerdo en los méritos deportivos del jugador de Camas pero de ahí a que se encapriche de pronto con ir a unos JJOO con 34 años quedándose una plaza de uno de los jugadores que logró la hazaña de clasificar a la Selección Sub-21 y encima hacerlo como posible abanderado, va un trecho.


De verdad alguien se ha creído que Saúl Craviotto, piragüista con dos medallas de oro olímpicas, una de plata y una de bronce, ¿Podría no llevar la bandera española en Tokio? O Lydia Valentín, una de las deportistas españolas más reconocidas a nivel mundial con un oro, una plata y un bronce. Es una broma, ¿no?.

Lydia Valentín incluso ha hecho retuit a algunos comentarios de apoyo hacia ella y el piragüista. Pues aún así se ha llegado a comentar el disparate de que el COE se lo estuviera pensando, algo que resulta imposible ya que Ramos no cumple los requisitos para ser el abanderado de la expedición española recogidos en la normativa del COE: “Abanderado será el deportista clasificado con mejor palmarés de la delegación”. Menos mal que Ángel García, la mejor fuente cuando se trata de Juegos Olímpicos, lo desmintió anoche en ‘El Partidazo de Cope’. Definitivamente, sólo con haberlo mencionado queda patente que nos hemos vuelto locos.

Por favor, dejemos los JJOO a los deportistas a los que les pertenecen, los que trabajan en silencio para, cada cuatro años, dejar que su éxito haga todo el ruido.

Otras historias