Shaquille O´Neal es solo un ejemplo de los excesos del deporte profesional

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Shaquille O'Neal ha cumplido 50 años en 2022. Foto: Manny Hernandez/Getty Images
Shaquille O'Neal ha cumplido 50 años en 2022. Foto: Manny Hernandez/Getty Images

En una entrevista con la edición estadounidense de GQ, Shaquille O´Neal detallaba algunos de sus problemas de salud. Como tales, no parecen gran cosa teniendo en cuenta que hablamos de un tipo de 50 años que ronda los 150 kilos y que ha jugado al baloncesto profesional durante diecinueve temporadas, prácticamente todas a un altísimo nivel. Shaq apunta a una apnea del sueño, tal vez de origen cardíaco, y a problemas de riñón derivados del abuso de analgésicos y antiinflamatorios.

Afortunadamente, el estado de la salud de Shaq, de por sí, no parece demasiado preocupante. A lo largo de la década de los 2010 vivimos la muerte prematura de decenas de exjugadores que rondaban los 50-60 años y que habían sufrido el apogeo del abuso de esteroides en la NBA, que se consumían como si fueran golosinas con efectos terribles sobre el cuerpo humano. Puede que a Shaq no le hicieran falta o que, al menos, no le hiciera falta abusar de ellos. El gimnasio, para un tipo de tal tamaño, debería haber sido suficiente para imponerse a todos sus rivales.

Lo que sí nos cuenta la historia de Shaq es lo terrible que es el deporte profesional y más aún un deporte profesional tan competitivo como el baloncesto NBA. Hay, casi desde el inicio de la liga, una tradición perversa que consiste en "jugar con dolor". Cuando tus rodillas, tus tobillos y tu espalda tienen que aguantar de 100 a 150 kilos de peso, moverlos con agilidad, aguantar empujones, caídas, carreras de aro a aro... y así durante 82 partidos seguidos más luego los playoffs un año tras año, el dolor es inevitable, un compañero de viaje del que no puedes librarte.

"Jugar con dolor" es el mínimo que se le ha pedido siempre a un jugador y solo unos pocos elegidos -las grandes estrellas cuyo salario no dependían de la constancia sino del talento- se podían negar. Jugar hasta arriba de antiinflamatorios, jugar infiltrado, engañar al sistema nervioso hasta que el sistema nervioso se acaba dando cuenta y ya no hay vuelta atrás. Engañar a los riñones, al estómago, a las articulaciones... hasta que estas dicen basta y a los 50 años pareces un anciano de 80.

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Con el tiempo, la medicina deportiva ha avanzado y este tipo de excesos ya no son tan necesarios. Los cuerpos ya no duran solo siete u ocho años sino que pueden durar casi veinte, como en el caso de Shaq, o veintipico, como lleva camino LeBron James. Eso antes era cosa de elegidos como Kareem o Julius Erving y cada vez lo vemos más habitual. Sin embargo, los antiinflamatorios y todo tipo de sustancias analgésicas van a existir desde el momento en el que existe una enorme competitividad por llegar a la NBA y mantenerse.

Es cierto que aquí también han cambiado muchas cosas. Ahora mismo hay 30 franquicias cuando en los 80 no había ni 20, eso son unos 150 jugadores más. Hay más posibilidades para todos. Asimismo, la condición social de los jugadores también ha cambiado: durante décadas, el baloncesto era la solución que muchos afroamericanos de barrios bajos encontraban para ganarse la vida y salir de la marginalidad. Una oportunidad a la que agarrarse como fuera Hoy en día, eso no es tan frecuente.

Si juntas todo esto, lo que te sale es algo parecido a "o juegas con dolor o búscate otro equipo porque tengo cientos como tú a patadas". No como Shaq, no como Kareem, no como LeBron, pero sí como el jornalero de la fama que cada uno tenga en mente en este momento. Ese jugador de rol que depende de que su físico no falle, que tiene que forzar las faltas en ataque, pelearse con torres por los rebotes y bajar el culo en defensa noche sí y noche también, sin poder permitirse un descanso porque sabe que hay otros tres compañeros anhelando su puesto y otros tantos en la G-League o en Europa esperando a que desfallezca.

Salir de todo eso con pequeños problemas cardíacos y renales es una bendición. La NBA no es, no ha sido y no será nunca como la lucha libre, desde luego. Pero no ha sido un entorno sano. Los médicos obedecen órdenes de arriba y nadie quiere pagarle a alguien por no jugar. Tampoco es que sea este un problema exclusivo del baloncesto: ¿cuántos futbolistas juegan infiltrados?, ¿cuántos tenistas han reconocido algo parecido a una adicción a los antiinflamatorios? El cuerpo aguanta mientras eres joven, luego te traiciona. Nos pasa a todos. Es lógico que a los deportistas les pase aún más.

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