Si no eres antifascista, eres antidemocrático. No hay otra opción.

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Sólo hay dos opciones, una a cada lado del tablero.

O eres antifascista, o eres fascista.

O eres antifascista o eres autoritario.

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O eres antifascista o eres antidemocrático.

Manifestación antifascista contra Donald Trump (Filadelphia, foto de Cory Clark/NurPhoto via Getty Images)
Manifestación antifascista contra Donald Trump (Filadelphia, foto de Cory Clark/NurPhoto via Getty Images)

Y ya lo siento por todos los que se creen equidistantes. No, yo no soy antifascista, dicen, yo soy demócrata.

Juas.

En este caso la equidistancia no existe.

Lo siento pero es imposible.

Es bastante fácil de entender.

Fascismo (según la RAE):

1. m. Movimiento político y social de carácter totalitario que se desarrolló en Italia en la primera mitad del sigloXX, y que se caracterizaba por el corporativismo y la exaltación nacionalista.

2. m. Doctrina del fascismo italiano y de los movimientos políticos similares surgidos en otros países.

3. m. Actitud autoritaria y antidemocrática que socialmente se considera relacionada con el fascismo.


Manifestación a favor de la diversidad y la tolerancia en Berlín, el pasado 30 de mayo, Photo: Christoph Soeder/dpa (Photo by Christoph Soeder/picture alliance via Getty Images)
Manifestación a favor de la diversidad y la tolerancia en Berlín, el pasado 30 de mayo, Photo: Christoph Soeder/dpa (Photo by Christoph Soeder/picture alliance via Getty Images)


Así que por definición, cualquier demócrata es antifascista.

Y si no te defines como antifascista, es que te defines como fascista.

Y si te defines como fascista es que te defines como partidario de un régimen autoritario y antidemocrático.

El fascismo empieza en Italia gracias a la aclamación callejera y popular del líder -Mussolini- que convence a las masas para que se crean falsamente libres en su régimen totalitario. El fascismo no calla a los ciudadanos -como las dictaduras- sino que los hace falsamente libres: los convence que lo que desean es canalizar sus energías y la maquinaria del país en la construcción de una unidad bajo la bandera que no será posible si no se “limpia” internamente el país. Se limpia, igual hay que aclararlo, de extranjeros.

El fascismo basó su poder en el entusiasmo de las masas, persuadiéndolas de que todo lo que hacía el líder era en pro de la unidad y la fuerza de la nación.

¿Os suena?

¿O vais a seguir creyendo que sois equidistantes?

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