"Si rechazas ser vacunado eres un idiota": 'Terminator' aviva la revolución que se gesta en el partido republicano

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"Al diablo con tu libertad", "si rechazas ser vacunado eres un idiota" es la frase detrás de la agresiva campaña que Arnold Schwarzenegger usa para instar a la población a abandonar falsos mitos o lealtades inútiles/ En la imagen el actor de 'Terminator' Arnold Schwarzenegger en el programa "Jimmy Kimmel Live!" ("Dolemite Is My Name") (ABC/Randy Holmes)ARNOLD SCHWARZENEGGER

"Al diablo con tu libertad", "si rechazas ser vacunado eres un idiota": la agresiva campaña que Arnold Schwarzenegger mantiene para impulsar que la población abandone falsos mitos o lealtades inútiles con argumentos vacíos que le han impedido hasta ahora vacunarse, en principio es una campaña sanitaria y cívica, pero su significación política va mucho más allá de la pandemia.

Hace un buen rato que un trozo del estamento conservador está tratando de levantarse frente al chantaje que el trumpismo impone con su popularidad: si te sales de mi línea, te aplasto. Es una hegemonía que insólitamente ha quedado en pie después de perder las elecciones, precisamente porque han jugado a no reconocer una derrota extensamente comprobada en todos los ámbitos de la vida institucional del país.

El chantaje del trumpismo por sobre la dupla conservadora-republicana tradicional ha seguido como un yugo que tiene agazapado a un partido que empezó a convertir lo conservador en primitivo, la libertad en anticiencia, y así, confundiendo las reglas de juego siempre que convenga al liderazgo del ex mandatario.

Pero bien parece que, aunque más tarde de lo esperado, pilares del republicanismo empiezan a levantarse de la hecatombe. El ex gobernador de California, que siempre fue una voz cuestionadora del trumpismo, vuelve a sus fueros con esta campaña en la que disocia ser conservador de no creer en la ciencia.

Arnold Schwarzenegger telling the world,
"I'll be back", aquel anuncio que hizo Terminator al final de su largometraje, es el objetivo final de los republicanos, por supuesto, pero todavía no es sino un deseo. (photo by Barry Lewis/In Pictures via Getty Images)

El Lincoln Project fue la primera trinchera organizada desde la cual los republicanos tajantemente diferenciados del trumpismo se organizaron para hacer tienda aparte del trumpismo.

Y hace apenas unos días, 17 senadores republicanos votaron con los demócratas para hacer pasar la Ley de Infraestructura.

Punto de giro

La Ley de Infraestructura representa un cambio de señal en cómo se están moviendo los poderes dentro del partido republicano. Fue específicamente atacada por Donald Trump, quien pidió explícitamente a los republicanos rechazarla, con chantaje incluido: "será muy difícil para mí apoyar a alguien que haya votado a favor de esta ley", dijo.

Aún así, 17 republicanos en el Senado apoyaron la ley para que la bancada demócrata llegara a los 60 votos requeridos para hacerla pasar a la Casa de Representantes.

Frente a la aprobación, Trump ha tenido reacciones contradictorias: desde un "esa no es una ley de infraestructura" hasta "es la misma ley que yo quería aprobar y McConell no fue capaz de hacerla pasar en el Senado".

En otro escenario, cualquier analista diría que este tipo de equívocos podría erosionar la imagen del ex mandatario, pero los hechos han demostrado que su base de seguidores, aunque con el tiempo ha ido disminuyendo, tiene una lealtad, a veces fanatizada, que le impide cuestionar o abandonar a su líder, incluso ocasionalmente.

Otro disidente

A estas transformaciones comportamentales en las filas políticas conservadoras, se suma una que, hasta hace poco, era impensable: Lindsey Graham.

El senador era una de los aliados más conspicuos del ex mandatario durante su gobierno hasta que el 6 de enero, luego del intento de rebelión de un movimiento fanatizado que quería evitar la certificación de los votos electorales y ejecutar en la horca a varios políticos elegidos por los estadounidenses, como el mismísimo Vicepresidente Mike Pence, Graham decidiera reconocer que el ganador de las elecciones presidenciales había sido Joe Biden.

WASHINGTON, DC - JULY 20:  U.S. Sen. Lindsey Graham (R-SC) talks to members of the press after a vote at the U.S. Capitol July 20, 2021 in Washington, DC. Senate Republicans held a weekly policy luncheon to discuss GOP agenda. (Photo by Alex Wong/Getty Images)
El senador Graham era una de los aliados más conspicuos del ex mandatario durante su gobierno hasta que el 6 de enero, cuando se produjo el asalto al Congreso de EEUU. (Photo by Alex Wong/Getty Images)

Sin embargo, la alianza parecía en pie. Pero, recién hace unos días, Graham dio una declaración pública que, más que proveer una aclaratoria, parece contener el propósito de distanciarse públicamente. "Si (Trump) no supera las elecciones de 2020 (sus resultados) la revuelta del 6 de enero colgará sobre él y será su obituario político".

Graham ha expresado que Trump podría, parado en otra perspectiva, ser un reunificador del partido. Algo que en realidad luce improbable, visto que es su liderazgo el que lo agrieta. Pero la advertencia tiene, además de su significado literal, otro muy precisamente escogido: decir públicamente que no lo acompaña ni es parte de quienes defienden ni la teoría decena de veces revertida del fraude electoral, ni mucho menos al movimiento antidemocrático que intentó defenestrar el Capitolio a principios de año.

Con las elecciones de midterm en mente

Vienen las elecciones de midterm y los republicanos tratarán de proteger los espacios que tienen en las cámaras del Congreso, o hacerlos crecer. Pero ese camino es enreverado, puesto que un republicano es menos que nunca un perfil monolítico de la política estadounidense. De hecho, hay una grieta cada vez mayor entre el estamento conservador tradicional y el movimiento emocional/colectivista que gira alrededor de Donald Trump.

Por una parte, Trump fue derrotado en las presidenciales, pero por la otra, con su negación de la derrota, ha mantenido altos niveles no sólo de popularidad, sino de control sobre una parte importante del partido. Sin embargo, en muchos estados el discurso que identifica ese sector del republicanismo no es suficiente para ganar elecciones. Incluso en Georgia, cuando Trump estaba en su último pico de popularidad, muchos piensan que las últimas elecciones de Congreso que allí se hicieron se perdieron más bien gracias a Trump.

Cuestionamientos de principios aparte, hay otro fragmento republicano que, además de sentirse incómodo bajo el paraguas trumpista, entiende que ese liderazgo es una calle ciega, en tanto que, siendo popular, ya no alcanza para vencer en comicios.

Pero hacer campaña electoral con la mitad de tu electorado natural inducido por su líder para que no ganes tampoco parece un camino muy fluido que digamos. Sin haberse dividido, y quizás con esa amenaza ya menos visible, los republicanos enfrentan una suerte de división fáctica que necesitan zanjar antes de llegar a las elecciones de Congreso del año entrante, si quieren mantener un poder con la preponderancia que su bancada tradicionalmente ha ocupado.

"I'll be back", aquel anuncio que hizo Terminator al final de su largometraje, es el objetivo final de los republicanos, por supuesto, pero todavía no es sino un deseo.

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