Silvio Berlusconi no se ha jubilado: quiere transformar el Monza en un gigante del fútbol

Luis Tejo
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Silvio Berlusconi sonríe durante una rueda de prensa.
Rueda de prensa de Silvio Berlusconi tras salir del hospital donde estuvo ingresado por coronavirus en septiembre. Foto: Alessandro Bremec/NurPhoto via Getty Images.

Cualquier aficionado a los videojuegos sabe que el fútbol es una de las temáticas más socorridas a la hora de lanzar títulos de éxito asegurado, aprovechando el inmenso tirón popular de este deporte en nuestra sociedad. A grandes rasgos se distinguen dos modalidades, que a menudo los fabricantes mezclan para que, como se dice en marketing, “la experiencia” sea más completa. Por un lado están los que podemos llamar “interactivos”, en los que se trata de controlar los movimientos del propio futbolista sobre el césped, hacer regates y marcar goles; por otro, los considerados “de gestión”, en que el usuario se hace cargo de las tácticas y las finanzas.

Con respecto a este segundo tipo, algunos pocos, poquísimos privilegiados han logrado llevar el juego a la vida real. Suelen ser grandes magnates, multimillonarios que han hecho fortunas en otros negocios (más o menos lícitos según el caso) y que se convierten en propietarios de un club bien porque es el sueño de su vida, bien porque no se les ocurre nada mejor para entretenerse, bien porque, en un porcentaje notable de los casos, lo ven como una forma de prosperar aún más y contribuir a que incremente su patrimonio. Decida el lector en qué categoría incluir a Silvio Berlusconi, uno de los dirigentes futboleros más famosos del último medio siglo no solo en su Italia natal, sino en el mundo entero.

Il Cavaliere se hizo célebre por sus múltiples negocios (particularmente Mediaset, su emporio de medios de comunicación que, sin ir más lejos, sigue entre los líderes del panorama audiovisual en España) o por sus incursiones en política, en la que, con una ideología más bien tendente a la derecha, llegó a ser hasta tres veces presidente del gobierno transalpino… acumulando por el camino incontables causas judiciales, aunque ese es otro asunto. Pero lo que le dio la fama, y le sirvió como trampolín para todo lo demás, fue su faceta como presidente del AC Milan, cargo que ocupó entre 1986 y 2017 y con el que ganó, entre otras cosas, ocho ligas y cinco Copas de Europa.

Aquel año vendió sus acciones de los rossoneri a un consorcio empresarial chino. Con eso y con su carrera política dando los últimos coletazos, en ese cementerio de elefantes que es el parlamento europeo, a don Silvio le teníamos la pista un poco perdida últimamente. Pensábamos que a su venerable edad (cumplió los 84 años en septiembre) ya se había retirado, y más teniendo en cuenta que su salud no es la mejor; en septiembre permaneció un tiempo ingresado tras infectarse con el coronavirus. Pero Berlusconi debe de ser de esos que piensan que retirarse es de flojos, porque ahí sigue al pie del cañón, vinculado de nuevo al mundo del fútbol. Su último proyecto: el Monza.

Vista general del estadio Brianteo, el campo del Monza.
El Brianteo, el estadio del Monza, durante el calentamiento de los jugadores previo a un partido de Serie B. Foto: Jonathan Moscrop/Getty Images.

Esta pequeña ciudad en la periferia de Milán es conocida por su actividad industrial y, sobre todo, por su circuito de automovilismo, en el que se suele disputar el Gran Premio de Italia de Fórmula 1. En materia futbolística el club local, tradicionalmente vestido de rojo, nunca ha sido, ni de lejos, una gran potencia: en su historia más que centenaria jamás ha pasado de la Serie B, donde precisamente se encuentra ahora.

Pero Berlusconi está dispuesto a cambiar el cuento y hacer que el todavía modesto equipito lombardo se acabe codeando con los más grandes. Entre él y su eterno lugarteniente Adriano Galliani se hicieron en 2018 con el 70% de las participaciones de la sociedad. En un primer momento mantuvieron a Adriano Colombo, el anterior propietario, como presidente de la entidad, pero ya en 2019 le sustituyeron por Paolo, el hermano menor de Silvio. El pequeño de la familia se dedica básicamente a lo mismo que lleva haciendo casi toda la vida: poner su nombre para evitar cualquier posible problema legal o incompatibilidad de cargos del patriarca.

Porque quien manda es Silvio, y quien ejecuta, Adriano. Como siempre ha sido desde los tiempos del Milan de los holandeses, cuando se trajeron de una tacada a Rijkaard, Gullit y Van Basten para revolucionar por completo el campeonato italiano. No sabemos si en el Monza llegarán a tanto, porque la masa social que hay detrás es mucho menor (en el estadio no entran ni 20.000 personas), pero de momento no se puede negar que están poniéndole ganas y metiendo dinero.

Ya ese mismo 2018 el Monza, entonces un recién ascendido a Serie C, quedó cuarto de su grupo y se metió en el playoff de ascenso, aunque no pudo superar las eliminatorias. Al año siguiente, poco más o menos lo mismo: quinto y fuera en cuartos de final. Y la pasada temporada quedó interrumpida por el coronavirus cuando el equipo lideraba con mucha holgura la clasificación, por lo que las autoridades decidieron que se le concedía el ascenso a la B. Todo esto manteniendo la confianza en el mismo entrenador: Christian Brocchi, antiguo centrocampista surgido precisamente de la cantera del Milan, que en su época en activo disputó seis campañas de rojinegro, y que tras su retirada se había integrado en el cuerpo técnico milanista y llegó a ser entrenador interino en 2016 tras la destitución de Mihajlovic.

Kevin-Prince Boateng y otros jugadores del Monza celebran un gol.
Kevin-Prince Boateng (centro) celebra un gol con sus compañeros del Monza. Foto: Mairo Cinquetti/NurPhoto via Getty Images.

En el regreso del equipo a la categoría de plata, para haber subido el curso pasado, las cosas no están yendo nada mal. Lleva por ahora 14 puntos y está instalado en la parte media de la tabla, con una ventaja muy cómoda sobre los puestos de descenso y las posiciones de promoción lo suficientemente cerca como para permitirse soñar. A estos éxitos están contribuyendo sin duda fichajes que solo Berlusconi podría hacer.

Por ejemplo, el actual número 7 de la plantilla no es otro que Kevin-Prince Boateng. El mismo internacional ghanés nacido en Alemania que ya fue una estrella en el Milan, que en España recordamos de su paso notable por Las Palmas y su estancia quizás no tan brillante en Barcelona, que venía de pasar media temporada en la Fiorentina y la otra media en el Besiktas turco, y que a sus 33 años todavía tiene nivel y caché como para despuntar en algún rincón de la élite. Solo il Cavaliere es capaz de traer a un futbolista así a un club que acaba de llegar a la Serie B.

E igualmente, solo Berlusconi es capaz del último movimiento que ya veremos si es más mediático que futbolístico, pero que en ambos casos parece una jugada maestra. Porque el Monza tiene casi cerrado el fichaje de Mario Balotelli. Se espera que la presentación oficial se haga a lo largo de hoy lunes; de momento, a la hora de escribir este texto, sabemos que está pasando el reconocimiento médico.

SuperMario, el hombre que parecía que iba a marcar una época en Italia, puede tener aquí la última oportunidad de redimirse y hacer algo en el fútbol europeo; su alternativa era marcharse a Brasil. Para el Monza es un golpe que le da a la sociedad una promoción impagable. A costa, eso sí, de un gasto desorbitado en la Serie B: se habla de que va a cobrar 400.000 euros por seis meses de contrato, prorrogable en función de su rendimiento. Para cualquier otro, una locura inasumible. Para Silvio Berlusconi, una mañana rutinaria de lunes.

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