El socio del Barça se dejó engañar por Bartomeu, ahora es momento de asumir las consecuencias

Albert Ortega
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Barcelona's president Josep Maria Bartomeu celebrates with Lionel Messi before the trophy presentation
Bartomeu y Leo Messi celebran la última Copa de Europa del Barça.

Josep María Bartomeu está a un traspaso, el de Leo Messi, de entrar en los anales de la historia como el peor presidente que el aficionado del Barça haya visto. Llegado este momento, cabe preguntarse cómo un directivo que antepuso su persona al club para no ser condenado por fraude fiscal junto a Sandro Rosell y ha participado de forma directa en la destrucción de los ídolos más sagrados del barcelonismo -Johan Cruyff, Pep Guardiola y ahora Leo Messi- ha podido agotar su mandato como máximo responsable de la entidad. La respuesta la tiene el socio azulgrana. Al fin y al cabo, fue él quien eligió a Bartomeu con un 54,63% de los votos en 2015. Fueron los más de 25.000 socios del Barça quienes se dejaron engañar por el lema “tridente y triplete”.

El ocaso de La Masía, la asfixia económica, la destrucción de la anterior obra deportiva, la utilización propagandística de los símbolos culés solo para ganar adeptos, la incapacidad para renovar una plantilla ganadora y envejecida y la renuncia a la identidad colectiva. El socio culé votó a la continuación del rosellismo, puro nuñismo de forma y de fondo, cegado por los títulos y borracho de gloria. Conviene recordarlo cada vez que nos pinten a Bartomeu como un extraterrestre que ha llegado a la junta directiva por mandato divino.

“Que traiga el dinero y se vaya”. Mientras Leo Messi se encuentra en el ojo del huracán, el legítimo presidente del Barça se esconde tras unos medios de comunicación favorables que siempre van a blanquear su imagen. Quién es más culpable, ¿el que quiere irse o el que ha provocado su salida a consecuencia de una gestión paupérrima? ¿Cuántas veces ha mentido el presidente a Messi prometiéndole un proyecto ganador? La impunidad y la cobertura mediáticas ya no sirven ante un capitán que ya no quiere ejercer más como pararrayos de un club sin rumbo y sumido en una crisis deportiva e institucional sin precedentes -por mucho que el presidente no quiera utilizar esta palabra-.

Leo quiere marcharse de la institución que le vio nacer, crecer y triunfar tras 20 años, 4 Champions, 2 Mundiales de Clubs, 10 Ligas, 5 Copas y 6 Balones de Oro. Cambiar a su familia de ciudad, despedirse de la comodidad de Barcelona y su zona de confort para marcharse a un país extranjero y a una nueva Liga. Imaginad hasta qué punto está harto de las eliminaciones europeas, el despilfarro del dinero de Neymar (con Dembélé, Coutinho y Griezmann), la campaña de desprestigio y difamación contratada por Bartomeu para tener que empezar una nueva vida. Todo ello con la complicidad y el voto del socio.

Bartomeu cogió al mejor Barça de la historia con el mejor jugador de la historia y lo va a dejar con una plantilla envejecida, sin el mejor jugador de la historia y en la ruina económica. Es cierto que no hay ningún jugador que se sitúe por encima del club, pero el fútbol español no ha conocido a un jugador-club tan importante como Messi. ¿Cuántos líos institucionales, económicos y deportivos ha escondido Leo con sus goles, Ligas y jugadas? Si el berenjenal del palco se ha aguantado ha sido gracias a lo que ha sucedido en el césped del Camp Nou y nunca al revés. Si de algo es culpable Messi en este juego de villanos y superhéroes es de haber salvado con sus genialidades a una junta que se ha pegado a sus gestas como un parásito. Quién sabe si el último servicio de Leo al Barça será expulsar a esta directiva.

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