Somos pobres, asumámoslo, por eso vienen turistas borrachos.

Carme Chaparro
·2 min de lectura
Turistas franceses borrachos por las calles de Madrid (Telemadrid)
Turistas franceses borrachos por las calles de Madrid (Telemadrid)

Somos pobres.

Pobres entre los ricos.

La cola del león.

Y por eso hemos convertido Madrid en el Magaluf de Europa.

En el patio trasero donde sales a vomitar porque los anfitriones te han echado de la fiesta pero tú quieres seguir bebiendo.

El lugar donde el riesgo para los locales es morir de covid o de hambre.

Somos pobres, porque hemos confiado demasiado en el sol y las playas y la gastronomía y las madrugadas de fiesta. Somos pobres porque ahora no nos queda más opción que mendigar unos pocos euros a los jóvenes europeos ansiosos de fiesta, tengan o no coronavirus. Somos pobres porque nuestros políticos han decidido que apostar por ciencia, innovación o industria es demasiado trabajo y para qué, si ya tenemos sol y playa y alcohol.

Turismo cultural, sí, claro.
Turismo cultural, sí, claro.

El turismo representa el 15 por ciento de nuestro Producto Interior Bruto. Traducido: dependemos de los turistas y de lo que gastan para sobrevivir como país. El turismo es el segundo sector que más contribuye al empleo en España, sólo por detrás de la restauración. Para hacernos una idea de la brutalidad del dato, el turismo aporta a nuestro país tres veces más que uno de los gigantes industriales, la automoción.

Así que, sí, somos pobres. Nuestra deuda es de un astronómico 120% del PIB. Debemos más de lo que somos capaces de generar en todo un año como país. Estamos haciendo un esfuerzo agónico para inyectar dinero a la economía, a cambio de endeudar a nuestros hijos y nietos.

Y ya no vale de nada quejarse por lo que nos ha llevado hasta aquí, lo que ha hecho que tengamos a Madrid lleno de adolescentes borrachos.

Lo que vale a partir de ahora es cambiar, y sumar.