Una 'estelada' derriba a Carlos Coloma: ¿son legítimos los mensajes políticos en el deporte?

Un aficionado pone una ‘estelada’ en la cara del ciclista Carlos Coloma. Foto: Instagram @jorgesotobajo
Un aficionado pone una ‘estelada’ en la cara del ciclista Carlos Coloma. Foto: Instagram @jorgesotobajo

Con las salvedades, matices y leyes mordaza que cada uno quiera poner, se puede decir que, en general, España es una sociedad libre, igual que la mayoría de países de nuestro entorno. Lo mismo se puede aplicar, en mayor o menor medida, a casi todas las naciones del mundo hispanohablante. Gozamos, al menos a efectos legales, del derecho a decir lo que nos plazca (con los límites consabidos de la calumnia, la injuria y otras restricciones del Código Penal) y podemos sostener la postura política que nos parezca oportuna, ya sean los extremismos a uno u otro lado, la moderación más absoluta, el nacionalismo centralista a ultranza o el más férreo independentismo.

Y por supuesto, como libres que somos, podemos expresar nuestro punto de vista donde nos apetezca. Otra cosa es que sea más o menos conveniente. El sentido común nos dice que hay lugares más adecuados que otros para colar una carga ideológica. En algunos entornos (una manifestación callejera, una columna de un periódico, etcéteras varios) resulta hasta esperable. Sin embargo, en otros, como los actos deportivos, hay más controversia. Y los últimos sucesos no hacen sino añadir más leña al fuego.

Ocurrió el pasado fin de semana en Bañolas, en la provincia de Gerona, durante la disputa de la Copa Internacional de Cataluña de mountain bike. Esta prueba es, posiblemente, la más importante de cuantas se disputan en España: la última edición (que, por cierto, ganó el neozelandés Anton Cooper) atrajo a un millar de corredores de más de treinta países distintos. Un aficionado tuvo la ocurrencia de ponerse a ondear una estelada, la bandera de los independentistas catalanes, al paso de Carlos Coloma, ciclista español (riojano, concretamente) que llegó a ganar un bronce olímpico en Río 2016. Pero lo hizo poniéndosela en la cara, como si fuera un capote con el que torearle. Como consecuencia, Coloma perdió el control de la bicicleta y acabó en el suelo unos metros después.

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Esa es, al menos, la versión de los hechos del propio Coloma, quien en declaraciones a EFE dijo que fue “bochornoso” y una “vergüenza”, y se indignó porque “haya gente que no respete los valores del deporte, utilice las pruebas para realizar reivindicaciones políticas y ponga en riesgo a los participantes”. “Lo que más rabia da es que no respetan ni el sacrificio de los corredores, ni su seguridad, ni el espectáculo que tratamos de dar”, se quejó. No obstante, la situación está poco clara; circula otro vídeo en el que, a juzgar por el sonido, lo que estaban haciendo los aficionados que portaban la estelada es animar a Coloma y, aparentemente, no habrían sido los causantes de la caída.

En cualquier caso, el debate debe ser otro: la conveniencia de la simbología política, sea de los colores que sean, en el deporte. De hecho, hace bien poco hemos visto otro caso muy llamativo en el mundo de la pelota vasca. La federación internacional ha decidido imponer un año de sanción sin competir a Bixintxo Bilbao, francés de San Juan de Luz, por sacar una ikurriña en el podio durante la ceremonia de entrega de medallas del Mundial celebrado el pasado noviembre en Barcelona. La federación alega que se trata de una “falta grave” porque el pelotari iba en representación de Francia y ninguna otra bandera está autorizada, pero el deportista está indignado por la censura del símbolo de Euskadi en un deporte que precisamente lleva la palabra “vasca” en su nombre. Anuncia que recurrirá el castigo, porque significaría perderse la Copa del Mundo que se disputa este año en París.

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Aficionados, deportistas, incluso a veces las propias instituciones, todos parecen considerar que sí que es adecuado dar espacio a la ideología en la competición. Son abundantes, por ejemplo, los futbolistas que no han dudado en utilizar el terreno de juego para hacer públicas y notorias sus tendencias. Hinchadas enteras han llegado a posicionarse, como la de la Lazio italiana, generalmente considerada cercana al fascismo, o la del Rayo Vallecano, que tiende a situarse muy a la izquierda. Defensas apasionadas de la unidad de España o apoyos sin fisuras a la causa independentista también son comunes en la grada… o en el césped.

Es totalmente comprensible. Si algo tiene el deporte de lo que carezcan otras manifestaciones culturales es la capacidad de alcanzar sectores amplísimos de población, sin distinción alguna de clases sociales. Un mensaje lanzado en un estadio llegará mucho más lejos que cualquier manifiesto o panfleto. De ahí que sea lógico que muchos lo hayan usado a lo largo de la historia. En ocasiones para bien; en el recuerdo queda, por ejemplo, el uso que hizo el futbolista Sócrates de su equipo, el Corinthians, para fomentar la apertura en el Brasil dictatorial de los años ’80, en lo que se vino a llamar “democracia corinthiana”. Sin embargo, también ha sido usado por dirigentes autoritarios para controlar a la población, en una reedición del clásico “pan y circo” romano.

Esos casos, sin embargo, deberían considerarse excepcionales, por desarrollarse en contextos de dictaduras, de ausencia de libertades que, por fortuna, no vivimos ahora. En entornos democráticos en los que cualquier otro canal está abierto no parece tener mucho sentido mancillar la competición con manifestaciones que están fuera de lugar. El deporte debería ser solo deporte, centrarse en la intensidad de la rivalidad, en el espectáculo de las cualidades atléticas de sus protagonistas. Cualquier otro componente es lícito, faltaría más, cada cual que haga lo que quiera, pero solo servirá para meter ruido, distraer de lo realmente importante y relegar a un segundo plano las hazañas de los héroes que derrochan hasta la última gota de sudor para que disfrutemos de ellos.

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Y tú ¿qué crees? ¿Te parece que el deporte debería centrarse en sí mismo y aislarse de la política? ¿O piensas que es legítimo manifestarse en cualquier sitio, competiciones deportivas incluidas? ¡Danos tu opinión en los comentarios!

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