Sotillo, el pueblo abulense al que Ayuso querría pero no puede ir en Semana Santa

M. J. Arias
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Las relaciones entre los presidentes autonómicos de las dos Castillas y Madrid han atravesado momentos complicados durante el último año con motivo de la gestión de la crisis del coronavirus. Aún resuenan los ecos de aquella reunión que mantuvieron Isabel Díaz Ayuso, Emiliano García-Page y Alfonso Fernández Mañueco en octubre para acordar los cierres perimetrales de los tres territorios de cara a los puentes venideros y la presidenta madrileña rompió con lo pactado en la rueda de prensa posterior sin previo aviso a las otras dos partes implicadas. Ahora, los micros de ambiente del acto celebrado con motivo del Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo han dejado una frase al descubierto de Ayuso cargada de significado y de posibles segundas lecturas.

La ermita de Sotillo de la Adrada es uno de sus grandes atractivos arquitectónicos. (Foto: Google Street View)
La ermita de Sotillo de la Adrada es uno de sus grandes atractivos arquitectónicos. (Foto: Google Street View)

Contraria a los cierres perimetrales (salvo si son por zonas de salud como lleva haciendo meses en la Comunidad de Madrid), la dirigente del Partido Popular se ha opuesto en reiteradas ocasiones a imponerlos mientras el resto de comunidades lo hacían. De hecho, en la última reunión del consejo interterritorial solo Madrid voto en contra de cerrar en Semana Santa y, pese a ser una medida de obligado cumplimiento, ha asegurado que no la acatará. Este jueves, en referencia a estos cierres y en una conversación informal, se escuchó a Ayuso decir: “Entre Alfonso y tú me habéis roto la vida (…) Pero es que mi pueblo está en Ávila y mi familia, en Toledo”.

El Alfonso al que se refiere es, obviamente, su compañero de partido y presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. El otro mencionado es su homólogo en la vecina Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (PSOE). Ambos han apoyado los cierres perimetrales de sus regiones impidiendo, por mucho que Ayuso insista en no cerrar, que quienes residen fuera de ellos puedan entrar. Algo que, a tenor de las palabras de Ayuso, molesta especialmente a la presidenta porque, como tantos otros ciudadanos de a pie, no puede ni ir a Toledo a visitar a su familia, ni pasearse por su pueblo en Ávila.

Que su hermano reside en Toledo es algo que se sabía y que generó ya cierta polémica cuando en diciembre Ayuso se saltó el cierre perimetral impuesto en Navidad para acudir a un acto del PP en la ciudad y, de paso, visitó a su familia. Lo cual le supuso algunas críticas. Donde lleva más tiempo sin pisar es en el pueblo de Ávila al que hace referencia y que la ha visto crecer desde niña, Sotillo de la Adrada.

Situado a unos 90 kilómetros de la capital, se encuentra al sur de la provincia de Ávila, a solo cinco kilómetros del límite con Madrid y muy cerca de la provincia de Toledo. Sotillo, que según el censo de 2020 contaba con 4.653 habitantes, se encuentra en un enclave natural como el del Valle del Tiétar. Rodeado de naturaleza y lugares donde hacer turismo rural, senderismo y multitud de actividades al aire libre, desde su término municipal se avista la cercana Sierra de Gredos (a algo menos de 70 kilómetros).

En verano y épocas de fiestas y puentes, como la mayor parte de las localidades de la zona, multiplica su población. Turistas de ciudad en busca de la tranquilidad de la vida rural o familias originarias del pueblo que regresan a su segunda vivienda. Ese sería el caso de Isabel Díaz Ayuso. Según informó hace un tiempo El Norte de Castilla, el vínculo de la presidenta madrileña con Sotillo le viene por la rama paterna. Su padre era de allí y ella ha pasado desde niña muchas temporadas en sus calles. Es más, aún tiene casa allí.

Actualmente el Ayuntamiento está regido por el Partido Popular, con Juan Pablo Martín como alcalde desde las elecciones de 2019. Pero, más allá de la curiosidad que la vinculación del Ayuso con Sotillo pueda despertar, este es un pueblo (como tanto otros de la zona) que bien merece una visita cuando se levanten los cierres perimetrales y la situación epidemiológica lo permita.

Además del enclave natural ya mencionado y una gastronomía con una de las mejores carnes (el chuletón de Ávila es famoso), son varias las visitas arquitectónicas que ofrece la localidad. Así, por ejemplo, su iglesia parroquial, dedicada a la Santísima Trinidad, es del siglo XV. Aunque ha sufrido remodelaciones que han cambiado su aspecto original. La Ermita de Nuestra Señora de los Remedios data del siglo XVII y su Ayuntamiento Viejo, convertido en Casa de la Cultura, es del siglo XVIII.

También se puede pasear por sus calles repletas de fachadas con balcones propios de los siglos XVIII y XIX muy comunes en la comarca, la fuente de los Cinco Caños (1754) y el Canto de los Pollitos, en lo alto de una colina. Sus fiestas patronales se celebran a comienzos de septiembre y son en honor a la Virgen de los Remedios, con, como manda la tradición, procesiones incluidas. 

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