El Steve McQueen piloto, 40 años después de su muerte

Redacción
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Steve McQueen murió hace sólo 40 años de cáncer de pulmón, y había desarrollado una pasión mucho más fuerte por la velocidad, los vehículos de dos y cuatro ruedas y los deportes de motor mucho antes de ser actor.

Huérfano desde los seis años cuando su padre, un actor de circo, se suicidó mientras ejercía su profesión, el futuro autor de la película Le Mans quedó al cargo de su tío, quien lo crió como su hijo. De este último recibió, a los tres años, un triciclo amarillo con el que competía con los otros niños en los parques locales. "

Ahí nació mi pasión por las carreras", dijo McQueen más tarde, citado por Marshall Terrill en su biografía Steve McQueen - Retrato de un rebelde americano.

Sólo mucho más tarde, después de mucho deambular –incluyendo una temporada en los Marines– y mientras su carrera de actor estaba en pañales, Steve McQueen fue capaz de satisfacer su pasión por las carreras. "Quería saberlo todo sobre motos y coches", dijo un amigo suyo al que, aunque él mismo tenía un Jaguar abollado, un día pidió prestado su Porsche. "En los caminos montañosos de Laurel Canyon [la cuna de la música folk en California], se dio cuenta de que podía tomar las curvas a una velocidad mucho mayor. Así que se compró un Porsche y se deshizo del Jaguar".

Ese mismo año 1959, McQueen disputó su primera carrera en Santa Bárbara, al volante de su Porsche. "Lo peor que podía pasar era que yo ganara", dijo después. "Fue entonces cuando me enganché de verdad". Es también en ese año –mientras empezaba a hacerse un nombre gracias al espectáculo En nombre de la ley, pero aún soñaba con un papel importante en el cine– cuando conoció a un tal Stirling Moss en California. Aunque nunca tuvo un ídolo, McQueen confesó una vez que Moss era la excepción que confirmaba la regla.

Stirling Moss, el profesor

Los dos hombres se cruzaron de nuevo, esta vez en Inglaterra en 1961. McQueen, a quien finalmente se le había dado un papel más importante el año anterior en Los siete magníficos, aunque sólo fuera un rol secundario junto a Yul Brynner, estaba allí para el rodaje de El amante de la muerte.

"Steve y su esposa vivían en una curiosa casita cerca de Hollywood cuando lo conocí", recordó más tarde el cuatro veces subcampeón del mundo de Fórmula 1. "Cuando lo vi de nuevo, ya era el centro de atención. Tenía un Jaguar Type D, entre otras cosas, y una casa fantástica".

Steve McQueen, Peter Revson, Porsche 908/02

Steve McQueen, Peter Revson, Porsche 908/02<span class="copyright">Motorsport Images</span>
Steve McQueen, Peter Revson, Porsche 908/02Motorsport Images

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Fue Moss quien aconsejó a McQueen que participara en una carrera de Fórmula Cooper en Brands Hatch. Pero el actor no se libró de problemas con los productores de la película que estaba rodando, que hicieron todo lo posible para detenerlo.

"No pudieron detenerme, pero me amenazaron", testificó una vez el protagonista. "Aprendí mucho cuando corrí en Europa. En Brands Hatch, durante las pruebas, seguí a Stirling, que usaba sus dedos para decirme qué marcha debía usar. Conducía con una mano y yo me pegaba a él como si mi vida dependiera de ello".

Más miedo que daño

Cuando el rodaje estaba a punto de terminar, McQueen evitó por poco una catástrofe –para él y para la película– cuando se vio envuelto en un accidente, de nuevo en Brands Hatch, al volante de uno de los coches de la autoescuela de John Cooper.

Un reportero que presenció la escena la describió así: "En una bajada, después de salirse de pista, McQueen completó un magnífico trabajo de evasión con el Cooper entre una serie de postes y paneles de metal que podrían haberlo destruido. Controló el derrapaje hasta el último momento, lo giró para darle un buen ángulo, y el Cooper derrapó, girando y rebotando por todos lados, pero milagrosamente, no volcó".

McQueen sufrió nos cuantos cortes y un gran susto. Fue entonces cuando Cooper le hizo una oferta de la que estuvo muy orgulloso: convertirse en miembro de la prestigiosa British Motor Corporation y correr como piloto profesional en Europa. Se enfrentó a la decisión más difícil de su carrera.

Steve McQueen

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Steve McQueenMotorsport Images

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"Me dieron un fin de semana para elegir", dijo una vez, refiriéndose a ese período. "Pasé dos días enteros sudando, tratando de decidir si quería convertirme en piloto profesional y ganarme la vida en la pista, o si quería seguir siendo actor. Fue una decisión muy difícil porque no sabía si era un actor que corría o un piloto que actuaba".

Steve McQueen

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No fue él quien realizó las escenas de acrobacias o persecuciones por las que es más conocido hoy en día. Pero participó activamente en la organización del salto en moto sobre el alambre de púas en La gran evasión. Por otro lado, inicialmente no quería oír hablar de la película Bullitt. Porque no quería hacer el papel de "policía", y porque ya estaba inmerso en su nuevo proyecto cinematográfico sobre las carreras automovilísticas.

Una vez lo aceptó, el actor se involucró mucho en Bullitt, especialmente en la famosa escena de la persecución que se filmó en último lugar y en la que quería ser él mismo quien estuviera al volante esta vez.

Desgraciadamente, sus cuatro intentos terminaron en sendos fracasos como cuando se interpuso en el camino y golpeó a otros coches.

"Sáquenlo de aquí", reaccionó el especialista contratado para supervisar las escenas de acción, Carrie Lofton, quien dijo: "Steve era un buen conductor, pero hay una diferencia entre ser un buen conductor y ser un buen especialista".

El equipo de filmación tardó cuatro días en "deshacerse" del actor estrella de la escena, pero utilizaron una extraña estratagema: con la ayuda de su esposa, Neile, la hora de despertarse que se le dio a McQueen en el fatídico día –6 a.m,– fue mucho más tarde que la real, y cuando la estrella llegó a la escena, la secuencia estaba ya rodada.

Dirección... Le Mans

Aun así, McQueen no había renunciado a su gran película sobre la competición, y seguía queriendo hacer algo que "nadie haría nunca más", y puso sus miras en las 24 horas de Le Mans. Pensando en participar él mismo en la edición de 1970 en la que se rodaría la película, disputó carreras de clubs, así como las 12 horas de Sebring con Peter Revson en un Porsche 908 de 3,0 litros. Se retiraron, pero en la ceremonia posterior a la carrera, el público sólo tenía ojos para McQueen y no para Mario Andretti, que había ganado tan brillantemente...

Steve McQueen, Porsche 908/2

Steve McQueen, Porsche 908/2<span class="copyright">Motorsport Images</span>
Steve McQueen, Porsche 908/2Motorsport Images

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Debido a un problema con el seguro, McQueen tuvo que asumir los hechos y no se puso al volante en La Sarthe, pero sí supervisó el rodaje. El resto es bien conocido: la filmación se convirtió en una pesadilla con varios accidentes, incluyendo uno en el que se le amputó la pierna al piloto David Piper. Y otro del propio McQueen al volante de un costoso prototipo, cuando había alquilado la pista –también a un gran coste– para rodar más tomas.

John Sturges, con quien había trabajado en Los siete magníficos y La gran evasión, abandonó finalmente el proyecto, cansado de escuchar a la estrella rechazar la historia de amor que el director quería imponer junto a la otra historia, la de McQueen: la carrera y nada más que la carrera.

La película se terminó con dos meses de retraso y un billón y medio de dólares por encima del presupuesto. Las críticas fueron duras, la revista Time lo llamó "Petit Prix" en alusión a Grand Prix. McQueen salió desangrado: había dejado atrás su matrimonio, su productora y parte de su fortuna.

"Fue un verdadero baño de sangre esta película", dijo años después. "La cosa más peligrosa que he hecho nunca. Desafortunadamente, no teníamos un guión. Cometí un error. No puedes tener razón todo el tiempo".

Herbert Linge, Jonathan Williams, Solar Productions Porsche 908/02 avec une caméra pour le tournage du film Le Mans, de Steve McQueen

Herbert Linge, Jonathan Williams, Solar Productions Porsche 908/02 avec une caméra pour le tournage du film Le Mans, de Steve McQueen<span class="copyright">Sutton Images</span>
Herbert Linge, Jonathan Williams, Solar Productions Porsche 908/02 avec une caméra pour le tournage du film Le Mans, de Steve McQueenSutton Images

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Para los entusiastas de los deportes de motor, Le Mans se considera la referencia del género. Tal vez porque es la imagen de lo que Steve McQueen quería que fuera. Hay un escenario, pero es el escenario de la carrera.

Y la única escena ligeramente sentimental es aquella en la que Michael Delaney, el personaje que interpreta, explica a una joven –con la que podríamos adivinar el inicio del comienzo de un romance– que dejar de correr es simplemente imposible para él...

"Para Steve, las carreras tenían dignidad y no estaba seguro de que ser actor pudiera ponerse al mismo nivel", dijo después de su muerte un escritor cercano al actor.

Este mismo escritor aseguró que McQueen había dicho en la época de las competiciones de dirt track: "Las carreras me permiten mantener el equilibrio. Cuando estoy en esta moto, me digo a mí mismo: aquí es donde quiero estar, esto es lo que quiero hacer".

Así fueron las 24h de Le Mans de 1970