Tapia en la rueda del destino

Sin fútbol, Chiqui Tapia se divierte con el regreso de Peligro Sin Codificar y hasta pidió por la aparición de los personajes más conocidos del ciclo.

El ejercicio del destino es una condición sin lógica antes del diario del lunes. Claudio Tapia no era todavía el Chiqui cuando sus papás decidieron dejar San Juan, por los 70, para buscar una nueva vida en Buenos Aires. Tampoco era un dirigente del fútbol cuando cayó al barrio de Barracas y, por divertirse, se fue a probar en el club de su zona. Ni mucho menos era presidente de la AFA cuando, en una fiesta, conoció a Paola Moyano, una de las hijas de Hugo. Pero todo ese laberinto lo llevó al sillón donde lo votaron.

Porque Tapia jugaba de delantero y era grandote y se ganaba cicatrices en el esfuerzo. Aunque era hincha de Boca, esos colores de Barracas lo habían enamorado. Se fue a jugar a Dock Sud, un tiempo, y regresó para pelear en un momento complicado de la institución. Tenía 35 años, en 2001, cuando lo convocaron para que se hiciera cargo de todo y asumiera como presidente. Dijo que no, pero en el partido siguiente pusieron una foto de su papá, recientemente fallecido, y le tocaron el alma y accedió. 15 años después, desde un cargo semejante, tras haber sido formado por Julio Grondona, llega desde el barrio a la presidencia de AFA.

Pero Tapia no se volvió un hombre de la política allí. Como no le alcanzaba para vivir siendo solamente delantero, empezó a trabajar como barrendero. Se acercó a la militancia sindical y empezó a cosechar poder. Conoció a Pablo Moyano. Fue a una fiesta con él y ahí apareció Paola Moyano, su mujer, hija de Hugo. El entorno no sólo lo siguió politizando, sino que, sobre todo, lo formó. Chiqui tuvo cuatro hijos y llegó a los 50 años en su momento más poderoso.

"Cuando vos tenés empresarios que por ahí no cumplen con el convenio colectivo tenés que defender al trabajador, tenés que protegerlo, darle las condiciones para que se sienta bien y pueda cumplir con su tarea. Entre los clubes del Ascenso logramos ser solidarios porque carecemos de las mismas cosas y padecemos los mismos problemas. Hicimos de la solidaridad la materia prima", definió su teoría política, para detallar cómo un presidente de un club del ascenso había llegado a ser el mandatario de AFA. Hecho desde abajo, fue ganándose espacios en la vida, aprovechando el destino, que lo puso mano a mano al borde de su gol más poderoso.

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