Tener fiebre ahora no es igual que tenerla en el pasado: por qué nuestra temperatura corporal ha cambiado

Termometro de mercurio, un clásico en nuestros hogares. (Imagen creative commons vista en Pixabay).
Termometro de mercurio, un clásico en nuestros hogares. (Imagen creative commons vista en Pixabay).

Una de las primeras cosas asociada a la salud que aprendemos de niños es que nuestra temperatura es un buen indicador de nuestro estado. Si el termómetro indicaba alrededor de 37 grados, todo iba bien. La fiebre empezaba a preocupar a partir de los 37,5 y cuanto más se acercaba a los 40 más se alarmaba nuestra madre.

La primera persona que estableció esa medida como normal fue el médico alemán Carl Reinhold August Wunderlich, quien dio a conocer su trabajo en 1851 tras tomar la temperatura cientos de miles de veces (tanto si estaban enfermos como sanos) a 2.500 de sus pacientes en la ciudad de Leizpig.

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Lo cierto es que esta temperatura tipo es, digámoslo así, una media bastante acertada que sin embargo no explica ciertas variaciones totalmente normales. Por ejemplo, la temperatura corporal fluctúa hasta dos décimas de grado centígrado a lo largo del día. La gente joven suele tenerla más alta que los mayores,  y las mujeres más que los hombres dependiendo del momento en que se encuentren en su ciclo menstrual. Además, la temperatura corporal varía según el clima, el nivel de actividad física e incluso los alimentos que se hayan ingerido.

Sin embargo según un equipo de investigadores de la universidad de Stanford (Estados Unidos), cuyo trabajo puede leerse en eLIFE, la temperatura corporal media no ha permanecido invariable a lo largo de los dos últimos siglos, sino que sorpresivamente (y en Estados Unidos al menos) ha ido descendiendo alrededor de dos décimas por década desde comienzos del siglo XIX. Según este trabajo, los hombres nacidos en la década de 2000 en Norteamérica tienen una temperatura corporal 58 décimas por debajo de la de los nacidos en 1800. Con las mujeres pasa algo parecido, en los 2000 su temperatura está 32 décimas por debajo de la de las nacidas en 1800. ¿Cómo es posible?

Bien, para los médicos la razón proviene de nuestro estado de salud actual, mucho mejor que el de los humanos de comienzos del siglo XIX.  La gente que nació en 1800 pasaba por muchas más enfermedades infecciosas que en la actualidad, en aquellos tiempos era relativamente normal que se sufriera malaria, heridas crónicas, tuberculosis, enfermedades dentales permanentes, y brotes de disentería.

Tal vez, el descenso en la temperatura que ahora observamos refleja el descenso en el porcentaje de enfermedades infecciosas del que nos hemos beneficiado históricamente, una tendencia que ha reducido el exceso inflamatorio en el cuerpo humano en un grado significativo. Se sabe que las inflamaciones producen una clase de proteínas llamadas citoquinas que elevan el ritmo metabólico del cuerpo, lo cual a su vez genera calor.

A día de hoy, muchos de los microbios que causaban las enfermedades comunes en el siglo XIX simplemente no anidan en nuestro organismo. Ventaja que debemos a las campañas de vacunación, a la mejora en la higiene y en las condiciones de vida y laborales, así como a la irrupción de fármacos específicos contra infecciones e inflamaciones. En cierto modo, la pérdida de estos microorganismos ha alterado la fisiología humana a lo largo de estos dos últimos siglos.

El mencionado trabajo de los científicos de Stanford analizó más de 677.000 tomas de temperatura, algunas de las cuales se efectuaron durante la guerra civil estadounidense, otras en la década de 1970 y finalmente las más recientes a comienzos de la década de 2000.

Es interesante mencionar que los resultados concuerdan con otro trabajo de 2017 realizado en Inglaterra que analizó 250.000 mediciones tomadas a 35.000 pacientes. En aquel trabajo, la temperatura media resultó ser de 36,6ºC, cuatro décimas por debajo de los famosos 37ºC establecidos por Wunderlich.

Me enteré leyendo Live Science

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