El fin de las terrazas de invierno

Jaime Quirós- La cultura del ‘terraceo’ está muy arraigada en los países mediterráneos, llenando los exteriores de los locales durante gran parte del año. Y, gracias a las estufas, miles de bares y restaurantes pueden mantener sus terrazas abiertas incluso en los meses más fríos. Sin embargo, estos aparatos (especialmente, los que emplean butano) son todo lo contrario a ecológicos, por lo que podrían empezar a desaparecer, como parte del nuevo compromiso medioambiental.

La ciudad francesa de Rennes ha sido la primera en prohibir los braseros en las terrazas, algo que podría ser imitado pronto por otras localidades del país, sirviendo de ejemplo para el resto de países de la Unión Europea. La cuestión ya se planteó diez años atrás, cuando se calculó que una terraza equipada con cuatro estufas podría emitir, en ocho horas, la misma cantidad de CO2 que un coche durante un trayecto de 350 kilómetros. Finalmente, la medida no se aprobó.

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Terraza de restaurante. Foto Getty
Terraza de restaurante. Foto Getty

Sin embargo, los bares de esta localidad francesa han tenido que deshacerse de sus estufas porque, desde el pasado 1 de enero, su uso en las terrazas no está permitido. Esto ha generado un debate, entre los restauradores que se posicionan a favor de la prohibición y los que temen importantes pérdidas para sus negocios. Algunos hosteleros declaran que la gente ‘’se va a acostumbrar’’, defendiendo la retirada de las estufas como parte de la propia filosofía de su negocio. Si de trata de un establecimiento que ofrece comida vegetariana, o bebida ‘bio’, resulta contradictorio hacer uso de un aparato tan contaminante. Igual que la población fue capaz de acostumbrarse a no fumar en establecimientos públicos, esta prohibición se acabará normalizando algún día.

Hosteleros de grandes ciudades como París, por su parte, se oponen fuertemente al veto de las estufas. No solo por el dinero que ya se ha invertido en acondicionar las terrazas mediante toldos y paneles de cristal, sino porque estas suponen un 30% del negocio para cerca del 60% de cafés y bares parisinos. Retirar las estufas podría suponer grandes pérdidas para estos establecimientos, con consecuencias directas para el empleo.

Prescindir de las estufas nos beneficia a nosotros y al planeta

Por socialmente aceptada que esté una costumbre, la lucha contra el cambio climático requiere importantes compromisos por parte de todos. Aunque resulte complicado acabar con este hábito, es necesario hacerlo, para adaptarse a las exigencias climáticas. Si se universalizase esta medida, los dueños de estos locales podrían ahorrar en electricidad, puesto que ya solo tendrían que mantener el calor en el interior del local. Las soluciones son múltiples: crear un espacio acondicionado con cristalera o pantallas de plástico, ofrecer socorridas mantas o, simplemente, recoger la terraza durante los días más fríos. La solución también depende de los consumidores, que pueden optar por frecuentar las terrazas solo durante el verano.

Las estufas eléctricas resultan más ecológicas en comparación con las de butano, por lo que sí podrían seguir funcionando durante un tiempo.  No obstante, el concepto de calentar un espacio abierto en sí resulta ilógico, tan incoherente como podría ser instalar aire acondicionado en la calle, o encender las farolas a plena luz del día. Si la reducción de emisiones ya incluye otros sectores, como el automovilístico, podría extenderse también al de la restauración.

Además, esta medida podría traer beneficios extra como el de combatir, en cierta forma, el tabaquismo. Una de las razones por las que se prefiere una mesa en la terraza es por la posibilidad de fumar, pero si las terrazas dejan de estar acondicionadas, la única opción será sentarse en el interior.

La transición energética no consiste solo en pasar de las energías tradicionales a las renovables, sino también en un cambio cultural; en generalizar, poco a poco, hábitos respetuosos con el medio ambiente.

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