¿Tiene que ser Eduación Física una asignatura troncal en los colegios?

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Niños haciendo deporte en el patio de un colegio. Foto: Wolfgang Kaehler/LightRocket via Getty Images.
Niños haciendo deporte en el patio de un colegio. Foto: Wolfgang Kaehler/LightRocket via Getty Images.

En España tenemos ciertos usos y costumbres que parecen inamovibles, ligados intrínsecamente a nuestra cultura. Algunos, como la siesta o construir casas con persianas, son objetiva e indiscutiblemente buenos, y no hay potencia extranjera que se atreva a cuestionarlos. Otros, como la tauromaquia o nuestros horarios de comidas y cenas, dan para debates más profundos sobre su conveniencia o su lógica. Hay, en fin, algunas cosas de nuestro funcionamiento como país manifiestamente mejorables, que tendríamos que corregir con urgencia, pero que por algún motivo, acaso genético, acaso sociológico, somos incapaces de remediar.

La lista de insensateces patrias daría para rellenar hojas y más hojas de papel, no hay por qué cometer la arrogancia de negarlo. Pero posiblemente la peor, por las consecuencias que tiene no solo en el presente sino sobre todo en el futuro, es la manía tan irritante de poner patas arriba el sistema educativo cada vez que hay un cambio de gobierno. LOMCE, LOE, LOCE, LOGSE… es casi imposible seguir la cuenta de todas las leyes promulgadas al respecto en las últimas décadas porque, al contrario que en otras naciones, los políticos de uno y otro signo son incapaces de ponerse de acuerdo en algo básico para la sociedad. Si contamos además con los distintos nieles de la administración que meten mano en el tema, desde los ayuntamientos hasta el gobierno central pasando por las comunidades autónomas y de vez en cuando hasta Europa, para los alumnos sobrevivir al colegio y al instituto es poco menos que una heroicidad.

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Así, cada cierto tiempo a alguien, en algún despacho ignoto muy, muy lejos de un aula, se le enciende una bombilla y plantea un nuevo cambio destinado, o así lo venden, a mejorar la formación de los más jóvenes. Algunas son ocurrencias con no demasiado sentido práctico (puede que sí empresarial, aunque ese es otro tema). Otras veces, hay que reconocerlo, sí que tienen más empaque. Juzgue el lector en cuál de las dos categorías se encuadra la última sugerencia del PSOE para el caso de que se alineen los planetas y en algún momento alcance un acuerdo de gobierno que permita a Pedro Sánchez ser investido presidente.

La propuesta del Partido Socialista, tal como aparece en el “programa común progresista” que ha presentado esta misma semana de cara a las negociaciones con Podemos, es dar a la Educación Física la categoría de asignatura “troncal”. Esto significa situarla al mismo nivel que Lengua, Matemáticas o, en algunos casos, Idioma extranjero (que normalmente suele ser inglés); en la práctica, supondría aumentar su número de horas semanales y que sea el Ministerio, y no las comunidades autónomas, quien decida la mayor parte del temario. Actualmente tiene estatus de materia específica, lo que permite a los gobiernos regionales determinar tanto los contenidos que se imparten como el tiempo que se le dedica; suelen darse tres sesiones semanales en Primaria y dos en Secundaria.

Según recoge el diario El País, detrás de esta idea está la intención de luchar contra el sedentarismo infantil y “enseñar hábitos saludables”. En este sentido, los socialistas se amparan en el informe Pasos elaborado por la fundación Gasol (de los hermanos Pau y Marc), en el que se indica que apenas un 36,4% de los menores de entre 8 y 16 años cumple con las recomendaciones de la OMS de tener “actividad física moderada” todos los días. La situación se agrava a partir de los 12 años, cuando el porcentaje de inactividad supera el 72%. María Luisa Carcedo, ministra de Sanidad en funciones, reconoce que uno de cada tres niños españoles sufre obesidad o sobrepeso, con los problemas de salud que pueden derivar de ahí.

En este sentido, por tanto, sí parece buena idea dedicar más tiempo a que los chavales tengan más tiempo de actividades en movimiento, aunque sea “forzándoles” a través del temario de las clases. Porque uno de los problemas que se están detectando es que el paradigma de ocio entre los más jóvenes ha cambiado en los últimos años: ya sea con televisores, videoconsolas, ordenadores, teléfonos móviles o tablets, cada vez crece más el tiempo que pasan delante de una pantalla, entreteniéndose de forma pasiva. Como dijo Pau Gasol, “antes los niños se pasaban el día en la calle, ahora cuesta sacarlos de casa”. La OMS recomienda un tiempo máximo de exposición de dos horas diarias, pero el estudio indica que más de la mitad sobrepasa con mucha holgura ese tiempo. De hecho, la media de uso entre semana ronda las tres horas, y los días no lectivos se va casi a cinco.

Alfonso de la Rubia, profesor de Educación Física en la Universidad Politécnica de Madrid y jugador del Balonmano Alcobendas, se muestra favorable a la posibilidad. No solo por la contribución a reducir el sobrepeso infantil, de por sí motivo suficiente, sino también por una cuestión puramente logística. “Está bien que lo haga el Ministerio, que sea una norma estatal, para ir acorde con la nueva Ley del Deporte que se está negociando y que pondría en valor al deporte como el centro de la Educación Física. Una ley estatal le daría solidez, lo haría de aplicación inmediata y protegería contra interpretaciones de comunidades autónomas dependiendo del color politico. Porque el problema de obesidad y sedentarismo es nacional”.

No obstante, era de esperar que surgieran críticas, no ya con la idea en sí (que también) sino con la forma en la que se llevaría a cabo. Un primer factor que preocupa es el contenido de esas clases de Educación Física, que, aunque poco a poco van evolucionando, todavía se centran en muchos casos en pruebas de rendimiento (el famoso y odiado test de Cooper, por ejemplo) y en exámenes teóricos sobre técnicas de ejercicio o cuestiones de anatomía que raramente dejan poso en el alumnado. Sigue siendo una gran olvidada la nutrición, que en última instancia es el factor determinante para escapar o no de la obesidad. “La mayoría de actividades extraescolares son deporte, el problema no es ese, sino lo que comen. Habría que enseñarles a tener hábitos alimenticios saludables y que tuvieran conocimientos básicos sobre nutrientes”, indican docentes de secundaria. “Y aun así, si cinco paquetes de bollos industriales cuestan igual que un kilo de manzanas, las clases van a resolver poco”.

Otro punto de fricción es de dónde va a salir el tiempo que se dedique a la Educación Física. Descartada la posibilidad de ampliar el número de horas lectivas (por falta de recursos y porque está demostrado que la capacidad de atención disminuye), si se quiere ampliar la importancia de esta materia no queda más remedio que recortársela a otras. ¿Cuál será la elegida? La propuesta no lo contempla. Es de suponer, no obstante, que las demás troncales no serían las “víctimas” (para muchos profesores sería inaceptable), y que el “daño” recaería en las sospechosas habituales: Plástica, Música, optativas varias. Saberes que también son importantes, que ya de por sí han sufrido recortes y que ahora tendrían aún más competencia. No son pocos los que lo solucionarían reduciendo, o incluso eliminando, la Religión. En la España del siglo XXI, que se define como aconfesional pero en cuya Constitución se reconocen las relaciones de “cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones”, de momento a ese gato no hay quien le ponga el cascabel.

Cuadrar este círculo es una tarea complejísima que no se puede hacer a la ligera y que requiere un análisis prudente y pormenorizado de la situación. Y, sobre todo, un consenso que evite que lo decretado hoy se convierta en papel mojado pasado mañana. De otra manera, estaríamos hablando de una medida electoralista, un simple parche, útil de cara a la galería pero ineficaz y puede que hasta pernicioso para los estudiantes. Y vale que los adultos, al menos sobre el papel, somos responsables de nuestros actos, votamos a quien más nos apetece y nos toca apechugar con las consecuencias, pero los menores no merecen tener que hacerse cargo de nuestras temeridades.

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