Tim van Rijthoven pone de relieve la gran injusticia del circuito ATP

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LONDON, ENGLAND - JULY 03: Tim van Rijthoven of Netherlands greets the audience after the Men's Singles Fourth Round Match against Novak Djokovic of Serbia during day seven of The Championships Wimbledon 2022 at All England Lawn Tennis and Croquet Club on July 03, 2022 in London, England. (Photo by Shi Tang/Getty Images)
Tim van Rijthoven se despide de la afición de Wimbledon tras su derrota en octavos ante Novak Djokovic (Photo by Shi Tang/Getty Images)

El neerlandés Tim van Rijthoven llegó a Wimbledon como número 105 del mundo, gracias a una invitación de la organización. La historia de van Rijthoven en el último mes es de documental de Netflix: de los 546 que acumula en el ranking ATP, 250 llegaron del tirón en Hertogenbosch, donde ganó el torneo imponiéndose al número uno del mundo, Daniil Medvedev en la final. ¿Es sorprendente que un jugador con 300 puntos ATP en todo un año le gane a otro con casi 8000? Desde luego. ¿Es sorprendente que lo haga en la final? Más aún.

Y, con todo, no es eso lo más sorprendente de esta historia. Tim van Rijthoven entró en el cuadro principal de Hertogenbosch también como invitado. A los 25 años, era su primera participación en un torneo ATP en seis años. Seis años peleándose en challengers, de suplente en la Copa Davis, jugando torneos ITF y qualies de grandes torneos (el ránking no le da para la mayoría de los pequeños) sin éxito alguno. Cuando debutó en Hertogenbosch no había ganado ni un solo partido del circuito ATP. Menos de un mes después, ya lleva ocho.

Porque a los cinco del torneo neerlandés -entre las que se incluyen las que consiguió contra Medvedev... pero también contra Aliassime y Fritz- hay que unirle las tres que ha logrado en Londres como invitado, antes de caer contra Novak Djokovic en cuatro sets. Es obvio que cualquiera que le gane en dos sets con comodidad al número uno del mundo y luego ponga en apuros al seis veces campeón en Wimbledon es alguien muy bueno en hierba.

Precisamente el caso de este semidesconocido pone de relieve las dos grandes injusticias del circuito ATP que se han juntado este año en Wimbledon: por un lado, que jugadores como Tim van Rijthoven no tienen torneos suficientes sobre hierba para demostrar su calidad... y, por otro, que estos octavos de final no le van a servir para mejorar en el ranking, algo que el chico necesita como el comer para poder por fin romper el círculo vicioso de preclasificaciones.

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Empecemos por lo primero: ¿por qué hay tan pocos torneos de hierba en el circuito? Es verdad que la pista dura tradicional se está comiendo al resto de superficies, pero los especialistas de tierra tienen un grand slam a su alcance, tres Masters Series y un buen montón de ATP 500 y ATP 250 que disputar a lo largo de la primavera y el verano. Se puede hacer aún una buena carrera y ganar un buen montón de dinero jugando solo en tierra, pero ¿y en hierba?

Ahora mismo, el circuito reserva solo seis semanas a esta superficie, las que van del final de Roland Garros al final de Newport. No hay más. Lejos quedan los tiempos en los que incluso el Open de Australia y el US Open se jugaban en esa superficie, pero tampoco es lógico que la hierba haya pasado a ser una anécdota del tenis actual. Se dice que los partidos son más aburridos porque hay demasiado saque y red, pero desde luego son más imprevisibles. De repente, te sale un Tim van Rijthoven o un Marcus Willis (el profesor que llegó a jugar con Federer en la central de Wimbledon) y le complican la vida a cualquiera.

La hierba sigue teniendo ese encanto de lo desconocido, del bote irregular, la pisada resbaladiza, el saque imposible a lo Oscar Otte. El tenis que hemos vivido los españoles desde pequeños ha sido el de los puntos largos y trabajados resueltos con un passing shot o con una derecha a la línea o con un error no forzado del rival... pero no es el único tenis posible (de hecho, el propio Nadal es un maestro de la volea, algo que a menudo se pasa por alto) y convendría aprender a disfrutar del extraño baile sobre hielo que es un partido de hierba o de la monstruosidad de determinados saques... y restos.

Lo que nos lleva a la segunda injusticia: ¿cómo es posible que, teniendo solo un gran torneo de hierba en todo el circuito, la ATP haya decidido no otorgar puntos a Wimbledon? Obviamente, es una puñalada a la ITF, que es la organizadora de los Grand Slams, pero al final esa puñalada sangra por la herida de los jugadores. Es fácil quedarse en Djokovic y los 2000 puntos que se le van al limbo, pero al fin y al cabo Djokovic no los necesita. Tim van Rijthoven, sí. Con los 180 que habría conseguido cualquier otro año, entraría en el top 75. En otras palabras, le habría cambiado la vida. Confiemos en que los directores de torneos se apiaden de él y le den más invitaciones. Sería absurdo que esto quedara en flor de un día.

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