Toni Nadal mete el dedo en la llaga del tenis actual

·4 min de lectura
NEW YORK, NY - AUGUST 29: Toni Nadal watches Rafael Nadal of Spain against Dusan Lajovic of Serbia & Montenegro during their first round Men's Singles match on Day Two of the 2017 US Open at the USTA Billie Jean King National Tennis Center on August 29, 2017 in the Flushing neighborhood of the Queens borough of New York City.  (Photo by Richard Heathcote/Getty Images)
Toni Nadal, durante uno de los partidos de su sobrino en el US Open (Photo by Richard Heathcote/Getty Images)

El Rafa Nadal de 2022 perdería con el de 2013, el de 2011 o el de 2008. Son palabras de su tío Toni Nadal a la revista Clay, su manera de expresar una obviedad: Rafa no es el mismo con 36 años y múltiples lesiones que con 22, 25 o 27, en pleno esplendor físico y con la capacidad de llegar a todas las bolas y golpear a gusto. Preguntado al respecto en rueda de prensa, el propio Rafa le daba la razón: "¡Por supuesto que perdería, no tengo ninguna duda al respecto!".

En sí, esto puede parecer poca cosa, pero sus consecuencias son preocupantes. Según Toni, no solo Rafa no se acerca a su nivel de hace diez años sino que Djokovic tampoco lo hace. El problema es que entre ambos han ganado quince de los últimos diecisiete grand slams. En otras palabras, no hay relevo. El propio Toni lo explica gráficamente: "Si juegan peor, pero siguen ganando, eso quiere decir que sus rivales también son peores".

En ese círculo vicioso lleva encerrado el tenis masculino desde hace demasiado tiempo: nadie duda de que las mejores versiones de Federer, Djokovic y Nadal optan a la consideración de "mejor jugador de la historia". Otra cosa deberían ser las versiones menores. Se podría dar que alguno de ellos tuviera un "último baile" a lo Pete Sampras en 2002 y ganara de vez en cuando un grande, pero ¿cómo se explica que el suizo llegara a cuartos de final de Wimbledon el año pasado completamente cojo?, ¿qué parte del éxito de Rafa Nadal en Roland Garros, jugando infiltrado todos los partidos, es mérito suyo y qué parte es demérito ajeno?, ¿cómo puede ser que Novak Djokovic, que no ha podido jugar este año en Australia, Miami, Indian Wells, Montreal ni Cincinnati, aún hubiera sido el número uno del mundo entrando a este US Open si le contaran los puntos de Wimbledon?

Son preguntas legítimas que tienen difícil respuesta. Todo apunta a que Rafa, pese a sus lesiones, pese a que todavía siente la cicatriz del músculo abdominal dañado al sacar, saldrá número uno de Nueva York. Como dice Toni en "Clay", sin necesidad de jugar a un nivel siquiera similar al que necesitó en 2013 para ganarle la final del US Open a Novak Djokovic, ambos en el pico de sus carreras. ¿Qué ha pasado con las siguientes generaciones para que estos dos campeones no dejen nunca de serlo?

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un vídeo no disponible por tus preferencias de privacidad

El término "NextGen" se utiliza en tenis desde hace muchísimo tiempo, probablemente desde aquel anuncio en el que Federer, Safin, Roddick y Ferrero, entre otros, pedían, desafiantes, "new balls, please". La ATP necesita vender a sus nuevos talentos para ir captando nuevos aficionados y reavivar el fuego de su negocio. Es lo más normal del mundo. El problema es que, desde 2006, año de la explosión de Djokovic y Murray, no ha aparecido una nueva generación que mejore a la de los nacidos entre 1981 y 1987.

Primero fracasaron los propios contemporáneos del "Big 4", con la tardía excepción de Stan Wawrinka y la incógnita de Juan Martín del Potro. Después, fracasaron los Dimitrov, Goffin, Tomic, Dolgopolov y compañía. Todo el mundo vio en Alexander Zverev al siguiente dominador, pero Zverev aún no ha ganado ni un solo grande a sus ya 25 años. Tampoco ha jugado siquiera una final Felix Auger-Aliassime, durante años la gran esperanza del circuito challenger.

De entre los nacidos a partir de 1989, solo Dominic Thiem (cumplirá 29 años este sábado) y Daniil Medvedev (26 años y medio) han conseguido acabar puntualmente con la dictadura de los ochenteros. Y cada uno lo ha hecho solo una vez, incapaces de repetir en las varias finales que han disputado a lo largo de su carrera. Hemos visto cómo Kyrgios llamaba a la puerta y se cerraba, cómo Shapovalov amagaba, pero no acababa de dar, cómo Tsitsipas compaginaba momentos brillantísimos con otros francamente olvidables...

En definitiva, hemos visto a todos ir golpeándose contra el mismo muro. Un muro cada vez más viejo, con más grietas, pero que resiste todas las embestidas. Eso dice mucho de su fortaleza, pero también de la debilidad de los asaltantes. Los últimos en entrar en este juego de las nuevas generaciones son los Alcaraz, Rune, Báez, Musetti y compañía. Si ellos también acaban cediendo, si, dentro de tres años, Nadal gana Roland Garros por decimoséptima vez mientras Djokovic pasa de las 400 semanas como número uno mientras ellos repiten "es que me metéis demasiada presión" una y otra vez, entonces sabremos que estamos perdidos.

Vídeo | Nadal vs Hijikata (4-6, 6-2, 6-3, 6-3)

Otras historias que también te pueden interesar: