Mercedes y Lewis Hamilton se empeñan en caer mal incluso en la derrota

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Mercedes AMG Petronas F1 Team's team principal Toto Wolff sits at the control centre in the pits during the Formula One Saudi Arabian Grand Prix at the Jeddah Corniche Circuit in Jeddah on December 5, 2021. (Photo by ANDREJ ISAKOVIC / various sources / AFP) (Photo by ANDREJ ISAKOVIC/AFP via Getty Images)
Toto Wolff. Foto: ANDREJ ISAKOVIC/AFP via Getty Images.

Una cosa es el espectáculo público y otra cosa es lo que uno hace en privado. Por ejemplo, en privado, la escudería Mercedes estaba la otra noche de celebración en una discoteca, dándolo todo, pese a haber perdido por la tarde un título mundial de pilotos -habían ganado el de constructores, ojo-. También en privado, Lewis Hamilton ha felicitado a Verstappen, el padre de Lewis ha hecho lo propio y hasta Toto Wolff le mandó un mensaje, según el holandés, reconociendo que había sido el mejor. Lo que todos los competidores hacen cuando no hay nadie mirando.

Ahora bien, delante de los focos, la actitud de Mercedes está siendo ridícula, y, de alguna manera, arrastra la imagen pública de Lewis Hamilton. Una protesta tras otra protesta. Un recurso tras otro y la indignación siempre impostada en cada comunicado oficial. Hasta George Russell ha tenido que salir a demostrar que él está más enfadado que nadie. Todo este insinuar que el triunfo de Verstappen no ha sido legal, todo este cuestionar al campeón del mundo puede que guste a los fanáticos de la escudería o del piloto, pero a los aficionados normales nos resulta estomagante, la verdad.

Es lógico que Mercedes protestara un par de decisiones cuestionables de dirección de carrera. Es su derecho y lo absurdo sería no ejercerlo. Pero, una vez que pasa el tiempo, que asumes la derrota, y que ves que no te da nadie la razón, bueno es pasar a otra historia. Como mucho, dejar a un par de abogados al acecho, pero poco más. De lo contrario, da la sensación de que no sabes perder. Que has ganado tanto -siete campeonatos del mundo consecutivos- que no soportas la idea de que alguien haya sido mejor que tú.

Y eso, para el aficionado, es duro. Porque el aficionado quiere que a veces unos sean mejores y a veces lo sean otros. Si no, se aburre. El aficionado entiende que lo que ha visto es válido, es legal, puede tener mayor o menor dosis de suerte, pero como sucede todo el rato en cualquier carrera. El aficionado quiere cerrar capítulo para empezar el siguiente... y se encuentra con que el poderoso se niega. Teniendo en cuenta que los poderosos, ya de por sí, suelen caer mal, no parece tener mucho sentido lo que está haciendo Mercedes.

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Porque los problemas de relaciones públicas de Mercedes y Hamilton vienen de lejos. Como todo grupo acostumbrado a ganar continuamente, han pecado en demasiadas ocasiones de arrogancia. De hecho, Hamilton ha parecido arrogante incluso cuando estaba en McLaren y tampoco ganaba tanto. Es lógico, porque es muy bueno, pero es verdad que a veces exagera su pose de superioridad. Mercedes ha tenido su época dorada y ha sabido alargarla más de lo que hizo en su momento Red Bull con Vettel o Renault con Fernando Alonso. Bien por ellos. Ahora, igual va siendo hora de apartarse... aunque sea un par de meses. Que disfruten otros.

A los casi 37 años, el adiós de Hamilton está cada vez más cerca, y, aparte de intentar desempatar con Michael Schumacher como el piloto con más mundiales de la historia, debería empezar a pensar en qué recuerdo quiere dejar en la Fórmula Uno. Hasta ahora, ha sido una especie de divo con pocas ganas de mostrar ninguna empatía y muy unido a su propio círculo de familiares y amistades. La derrota le debería humanizar. A todo el mundo le gustaría retirarse en todo lo alto, con un último baile apoteósico, pero no siempre es posible. Y, si has perdido, bueno es que sepas pasar el relevo sin tanto aspaviento.

Caer mal cuando ganas es algo que te puedes permitir. Pero perder y seguir cayendo mal por empeñarte en que no has perdido es un poco absurdo. Sobre todo cuando no dejas de depender de tu imagen para publicitarte, para vender más coches, para conseguir más patrocinadores. Con una mano felicitas a Verstappen y reconoces que ganó bien. Con la otra, te empeñas en dar esa imagen inaccesible y prepotente. Michael Masi ha hecho muchas cosas mal durante estas últimas carreras, pero su frase a Toto Wolff cuando acabó el Gran Premio de Abu Dabi resume a la perfección todo lo que está pasando: "Son carreras de coches, Toto, y eso es lo que estamos haciendo: correr".

Mercedes debería preguntarse por qué hay tanta gente contenta por que haya ganado Verstappen. ¿Es porque el holandés es un excelente piloto, con su buena dosis de carisma? Por supuesto. Pero también hay mucho de "schadenfreude" en esa alegría generalizada, es decir, mucho de "que se fastidie Mercedes". Saber perder es decisivo en cualquier deporte. Más que nada porque perder es lo lógico, lo habitual. Lo que le pasó a Hamilton en la última carrera fue una faena. Una faena enorme. Tenía la oportunidad de conseguir algo parecido a la compasión del resto del mundo, pero parece que ha preferido los abogados. Mal camino porque no lleva a ningún lado. Bueno, lleva a otro montón más de aficionados esperando para saltar de alegría cuando vuelvas a perder. Porque perderás, claro, como todos pierden.

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