Trump revigoriza su equipo de campaña para ganar terreno, pero aun tiene un gran obstáculo: él mismo

Julio Túpac Cabello
·5 min de lectura

¿Es posible que reelegirse como presidente de Estados Unidos, mantener el poder, ser "el ganador" de la contienda, sea suficiente motivación para que Donald Trump dé un giro exitoso a su discurso que le permita recuperarse en la popularidad electoral, que tanto le desfavorece en los sondeos?

President Donald Trump arrives for a news conference at the White House, Tuesday, July 21, 2020, in Washington. (AP Photo/Evan Vucci)
A la audacia de Trump ya no le acompaña el beneficio de la duda que se le da al outsider, y eso pone en peligro su reelección. (AP Photo/Evan Vucci)

Por lo pronto, ha tomado una medida: la de cambiar el liderazgo de su asesoría de campaña electoral. Ha ascendido a Bill Stepien, que ya formaba parte de su grupo de asesores, y a quien se le considera responsable por ciertos logros: mensajes destinados a grupos de votantes específicos, como la idea de volver protagónico al blanco rural, por muchos años apartado del centro de los mensajes políticos, y quienes muchos especialistas consideran una suma que fue fundamental para lograr los colegios electorales.

Stepien es una suerte de joven audaz con buena reputación entre el equipo de consejeros del Presidente, relacionado con Jared Kushner, el yerno de Trump, quien lo habría traído al círculo presidencial.

FILE - In this Oct. 13, 2018, file photo President Donald Trump's White House senior adviser Stephen Miller, left, and White House political director Bill Stepien, center, step off Air Force One as they arrives at Andrews Air Force Base, Md., after traveling with President Donald Trump to Richmond, Ky., for a rally. Bill Stepien has replaced Brad Parscale as Trump's campaign manager. (AP Photo/Andrew Harnik)
Stephen Miller y Bill Stepien en el centro. (AP Photo/Andrew Harnik)

Tuvo un serio traspiés en 2014, cuando formó parte de un equipo que complotó para embotellar New Jersey por cuatro días, lo que luego se descubrió formaría parte de una venganza política. Pero su resurrección ocurrió nada menos que en la carrera hacia la Casa Blanca.

Los terrenos en los que Trump podría intentar recuperar el favor de los votantes son muchos. Es el mismo Trump quien se ha alejado de las posiciones conservadoras tradicionales, como la enemistad sempiterna de Estados Unidos con Rusia, la condena a tiranías como la de Corea del Norte o el honor que merecen los veteranos, sea cual sea su identificación partidista.

En muchos aspectos, el Presidente se ha alejado de su terreno natural de preferencia. Por ejemplo, al politizar con el Doctor Anthony Fauci, quien se manejó institucionalmente y nunca se mostró interesado en polemizar, lo ha dejado no solo muy inelegante ante una figura nacionalmente reconocida, sino con unos resultados catastróficos respecto a las consecuencias de la pandemia, que se expresan hoy en números que ponen a Estados Unidos entre los peores manejos del Covid 19 del planeta.

Las opciones disponibles para un joven pero experimentado asesor como Stepien son infinitas en este momento. Empatizar, tratar de dar una cara que sea presidenciable para todos, regresando el perfil conservador que ha perdido, matizar la polarización y dejar de poner enfrente a todo el que tenga un criterio ligeramente distinto que él, aunque sea de su mismo bando, parecen ser todos caminos para reencontrarse con su audiencia, caminos completamente despejados, y que dependen básicamente de la voluntad del primer mandatario.

Vencerse a sí mismo

El obstáculo esta vez es inusual. Y es la propia psique y personalidad del Presidente. Trump ha mostrado en su mandato y en su historia personal que ceder, cambiar, flexibilizar, negociar, son para él símbolo de derrota. Y a nada le teme más Trump que a ser derrotado. Las razones están relacionadas con su crianza y ese es un tema que detalla su sobrina terapeuta en su libro recién publicado, "Demasiado y nunca suficiente: cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo".

Hasta ahora, esa ha sido una ventaja para Trump, a quien su ansia por ser reconocido como "ganador" lo ha llevado a tener una audacia de difícil alcance entre sus contrincantes: sólo para hablar de los hispanos en Estados Unidos, ¿quién habría pensado que un candidato podría haber lanzado su candidatura diciendo que los mexicanos son violadores y narcotraficantes? O, ¿a quién se le habría ocurrido que ganaría la primera magistratura alguien que ve con antipatía a la Comunidad Europea, el aliado militar y político internacional por excelencia de Estados Unidos?

El problema ahora es que a esa audacia no le acompaña ya el beneficio de la duda que se le da al outsider, y la figura de la antipolítica ya no le es fresca y recién estrenada, con cuatro años al frente de la Casa Blanca.

La política a largo plazo suele estar tejida con alianzas, negociaciones, pasos atrás, derrotas vestidas de victorias... ¿Es Trump capaz de reconocer, ceder, cambiar su verbo y negociar con él mismo, al menos por los cuatro meses que quedan de campaña, para mantener la primera magistratura?

Fuelle como personaje relevante le sobra, y lo ha demostrado por décadas, nos guste o no. El pulso ocurre ahora entre su historia personal, la imagen que tiene de sí mismo y los significantes que da a cada desenlace y el valor que da a su posición frente a ellos. ¿La arena en que se juega es su propia plasticidad neurológica. Podrá Trump adaptarse a un nuevo cariz como líder?

Las cartas están echadas y al juego no le queda mucho. Cada día cuenta.

Del otro lado, Biden y el equipo demócrata juegan con perspicacia: no formar parte de una disputa polarizadora en la que se mancha el que entra y en la que, si no participas, Trump se encuentra solo frente a sí mismo, y se convierte en su peor rival. Aunque los debates serán inevitables. Ese es un round aparte.

Te puede interesar: