Tyson Fury, el campeón invicto que sólo tiene miedo a quedarse a solas con sus demonios

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LAS VEGAS, NEVADA - OCTOBER 04: Tyson Fury poses with the WBC heavyweight championship at the Top Rank office on October 04, 2021 in Las Vegas, Nevada. (Photo by Mikey Williams/Top Rank Inc via Getty Images)
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Tyson Fury (Wythenshawe, Gran Bretaña, 1988) es un mastodonte de 33 años, 2.06 metros y 125 kilos, campeón de campeones dentro del ring y que este sábado ha ganado la nada desdeñable cifra de alrededor de 30 millones de dólares entre la bolsa del tercer combate contra Deontay Wilder y sus patrocinadores (además tendrá que añadir sus ganancias por el pay-per-view de la velada). Una situación soñada por muchos, pero que al su protagonista preocupa bastante. Su salud mental le lleva atormentando bastante tiempo y, con la retirada más cerca que lejos, El 'Rey Gitano’ tiene miedo a quedarse solo.

Las peores batallas de Tyson Fury no están en el cuadrilátero, sino en su cabeza. Un boxeador enorme, por resultados (venció a Wilder por KO y tiene un récord invicto de 31-0-1), títulos y tamaño, pero un ser humano pequeño. Muy pequeño. El mismo que durante tres años de su vida, entre 2015 y 2018, justo cuando alcanzó su peak, se vino abajo. Las adicciones y los pensamientos suicidas tomaron protagonismo en el día a día de un ‘Rey Gitano’ que pensaba que no le quedaba nada por lograr en una vida cada vez más miserable. Había arrebatado varios cinturones de campeón a Wladimir Klitschko y pensaba que su carrera no ofrecía más retos. Su cuenta bancaria iba bajando por culpa del alcohol y la cocaína, al tiempo que su peso iba subiendo hasta los 180 kilos.

Un día, Fury puso su coche a 300 km/h buscando deshacerse de sus demonios y encontrar la paz al final de un puente. Antes de hacerlo, clavó frenos y se puso a llorar, tal y como contó en una entrevista para el Chicago Tribune. “Depresión, ansiedad, problemas de salud mental. Los he tenido toda mi vida, y probablemente los tendré hasta el día de mi muerte. Cuando alcanzas tus objetivos, la salud mental realmente entra en juego porque ya no tienes nada en qué concentrarte”, confesó en su momento Tyson. “Mis problemas mentales me hicieron hincar la rodilla, pero el boxeo y el entrenamiento me trajeron de vuelta”. Lo malo es que ahora sabe lo que le espera cuando cuelgue los guantes, y le da miedo.

*IMAGE CONVERTED TO BLACK AND WHITE* Tyson Fury during the press conference at the Lowry Hotel, Manchester. (Photo by Nigel French/PA Images via Getty Images)
Foto: Nigel French/PA Images via Getty Images.

Acabó con sus adicciones y sus problemas de salud mental centrándose de nuevo en el boxeo. Se puso en forma, perdió 60 kilos y se centró. Empató con Deontay Wilder (combate nulo en 2018) y le derrotó poco más de un año después (nocaut técnico en 2020). Ahora cerrará una trilogía en la que defiende que ya ha ganado en dos ocasiones, pero los contratos mandan. Aunque eso le importa bien poco porque no teme a su rival, sino a sus propios fantasmas. “El combate más duro que cualquiera puede tener es cuando pelea contra su mente. Para mí, boxear es como ser un pez en el agua. Es para lo que nací. No tengo ningún otro interés fuera del cuadrilátero. No tengo pasatiempos más allá del boxeo”. Quizás eso sea lo que habría que mirar. “Que te golpeen en la cara no es nada. Cuando has estado donde yo… Me han golpeado más fuerte que cualquier hombre. Lo ha hecho una enfermedad mental”.

Tyson Fury ha luchado tanto por conseguir lo que tiene que su mayor miedo es no tener nada cuando deje atrás todos sus logros. “No he tenido suerte en la vida. He luchado jodidamente duro para que no puedan derrotarme”, le explicó al reputado Ariel Helwani en su podcast de MMA. “El secreto está en ser feliz hoy, porque nadie tiene asegurado el mañana”. Ese mañana que al boxeador más letal de la actualidad le aterra.

No boxeo para ser el mejor de todos los tiempos o para convertirme en una leyenda. No es nada de eso”, admite Fury. “Me pregunta muchas veces qué es lo que me motiva y la verdad es que no hay muchas cosas. De hecho no tengo nada más allá del boxeo”, prosigue el ‘Rey Gitano’ antes de abrirse por completo. “Boxeo porque es lo que sé hacer. No hay nada más que me entretenga. Creo que cuando me retire seré una persona triste y sola”. Esperemos que esta vez quiera controlar el combate contra sus demonios desde el primer asalto y no espere a estar al borde del KO.

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