Los deportistas de élite que han pasado por la Universidad Católica de Murcia antes de las locuras de su presidente

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La nadadora Mireia Belmonte (izquierda), en 2013, en la conferencia de prensa en la que se anunció su fichaje por la UCAM. La acompañan el presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, y el de la Universidad, José Luis Mendoza. Foto: Europa Press via Getty Images.
La nadadora Mireia Belmonte (izquierda), en 2013, en la conferencia de prensa en la que se anunció su fichaje por la UCAM. La acompañan el presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, y el de la Universidad, José Luis Mendoza. Foto: Europa Press via Getty Images.

En los últimos días la Universidad Católica de Murcia (UCAM), institución privada de enseñanza superior ubicada en esta ciudad del sureste español, ha ganado cierta fama nacional. No por sus excelencias académicas ni por alguna innovación en su metodología educativa, sino por un motivo un poco más vergonzoso: el último discurso de su presidente, José Luis Mendoza, en referencia a la pandemia del coronavirus. El dirigente pronunció unas palabras para las que el neologismo “conspiranoico” se queda muy, muy corto.

Aludiendo a “las fuerzas oscuras del mal”, Mendoza se metió en un jardín de pseudociencias y bulos del que a cualquier persona con un mínimo de apego por la lógica y la sensatez le costaría salir. Pero él se las apañó para meter en su verborrea al Anticristo, a los Juegos Olímpicos de Londres 2012, a Bill Gates, a George Soros y a los supuestos (y tecnológicamente imposibles, que nadie se alarme) chips en las vacunas “para controlar nuestra libertad” y convertirnos en “esclavos y servidores de Satanás”. Quizás en su cabeza tenía sentido, pero todo el que lo oyó dudó de su lucidez ante semejante colección de desatinos.

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Mendoza no pasaría de ser un iluminado más si no fuera por su cargo al frente de una de las instituciones docentes más importantes del país. Lo que llama la atención es la manera que ha tenido la UCAM de darse a conocer para el gran público. Porque, bajo el mando del mismo empresario cartagenero que fundó el centro el 1988, la universidad murciana se ha convertido en toda una referencia en un ámbito a priori insospechado: el del deporte.

El centro católico es muy conocido entre los aficionados a los deportes mayoritarios, particularmente el fútbol, por el club de Segunda División que paseó el color azul marino y las siglas UCAM por toda España en la temporada 2016-17. Apenas duró esa campaña en la categoría de plata; suficiente para ser, al menos de forma provisional, el equipo más destacado de la región. Desde entonces se mantiene en la Segunda B, normalmente en la mitad alta de la tabla, pugnando por volver a subir. Quizás los integrantes más destacados de la plantilla actual sean el defensa Unai Albizua y el centrocampista Rafa de Vicente, quienes llegaron a debutar en Primera con el Athletic y el Málaga respectivamente.

No es que a Mendoza se le encendiera la bombilla (al menos no en este asunto) y decidiera crear un equipo de fútbol. La fórmula fue más bien al revés: aprovechó los beneficios económicos que generaba la universidad para comprar, en 2011, una entidad ya existente, cambiarle el nombre y utilizarla como herramienta publicitaria. Una estrategia similar ha empleado con el club de baloncesto que hoy representa a la UCAM en la liga ACB; el CB Murcia tuvo anteriormente otros patrocinadores (los aficionados más veteranos recordarán Polaris World, Artel, Orenes o incluso Juver). La entidad está plenamente consolidada en la categoría más alta del basket español, aunque solo una vez desde 2013 ha logrado meterse entre los ocho primeros y participar en el playoff por el título.

Jugadores del UCAM Murcia de baloncesto, de azul marino, durante un partido de la liga ACB contra el Valencia. Foto: Iván Terrón / AFP7 / Europa Press Sports via Getty Images.
Jugadores del UCAM Murcia de baloncesto, de azul marino, durante un partido de la liga ACB contra el Valencia. Foto: Iván Terrón / AFP7 / Europa Press Sports via Getty Images.

La UCAM presume de tener otros tres clubes propios en tenis de mesa, piragüismo y eSports, además de patrocinar a otros quince de disciplinas varias. Y también a muchísimos competidores individuales de todo tipo de actividades. Porque, al más puro estilo americano, ha creado un programa de becas en colaboración con el Comité Olímpico Español. “No es un modelo idéntico [al estadounidense], pero sí una referencia muy válida”, contó Mendoza en una entrevista en el As hace ya cuatro años. “No solo pagamos la beca académica, sino que aportamos un dinero al deportista”; la inversión que calculó el dirigente en aquel momento ascendía a dos millones de euros. “Para una universidad ese gasto no es tan asumible. En cambio, por el deporte olímpico y universitario merece la pena arriesgarse”.

Son muchísimos los deportistas de altísimo nivel que se han acogido a este programa; de hecho, de las 17 medallas logradas por la delegación española en Río 2016, once eran de “murcianos”. La más destacada quizás sea Mireia Belmonte. La gran estrella de la natación española lleva en la UCAM desde 2013, oficialmente matriculada en Publicidad y Relaciones públicas. Prácticamente al mismo nivel merece ser nombrada la levantadora de pesas Lydia Valentín, que recibe clases de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.

El listado completo es inabarcable, pero incluye muchos nombres ilustres. Están, por ejemplo, los piragüistas Saúl Craviotto, Cristian Toro, Marcus Cooper, David Cal o Maialen Chourraut, todos ellos medallistas olímpicos, y a Teresa Portela, la primera española de la historia que va a participar en seis ediciones de los Juegos. En natación, aparte de Mireia, se puede nombrar a Melani Costa y Duane da Rocha (ambas campeonas del mundo) y a Teresa Perales (que ha ganado un total de 26 medallas en cinco Juegos Paralímpicos). También hay que incluir a Gisela Pulido, catorce veces campeona mundial de kitesurf.

Atletas como el discóbolo hispano-cubano Frank Casañas, el marchador Miguel Ángel López, el mediofondista Fernando Carro o el lanzador paralímpico David Casinos, la pareja Elsa Baquerizo-Liliana Fernández que lidera el voley playa nacional, la gimnasta Artemi Gavezou (plata con la selección nacional de rítmica en Río), karatecas como Sandra Sánchez (la mejor de la historia en kata según la Federación Mundial), José Manuel Carbonell o Damián Quintero, y el mayor representante masculino del bádminton español Pablo Abián también están en plantilla, junto a los taekwondistas Joel González (doble medallista olímpico) y Javier Pérez Polo (subcampeón mundial).

Hay incluso competidores de deportes de equipo, como el profesional del balonmano Gedeón Guardiola, pivote de la selección y del Rhein-Neckar Löwen alemán, o como la baloncestista Laura Gil, también en la selección y en el club Perfumerías Avenida; ambos están becados por ser estudiantes de Psicología. Y la lista se hace más extensa aún si incluimos a deportistas que pasaron por UCAM y ya no están allí, o bien por haberse ido a otra universidad (caso de la jugadora de bádminton Carolina Marín) o por haberse retirado, como ocurrió con la saltadora de altura Ruth Beitia.

¿Cómo habrán sentado a toda esta pléyade de estrellas las insensateces que ha soltado el que en última instancia es su jefe? Sería muy sorprendente que ninguno alzara la voz al respecto, toda vez que en España tenemos la mala costumbre de crucificar al deportista que se atreve a opinar sobre algo fuera de su ámbito de actuación. La UCAM, por ahora, seguirá con su programa de apoyos y becas a la élite de nuestros representantes en la alta competición. Queda para otro momento debatir sobre si, como país, este sistema es el más conveniente o si sería deseable, en lugar de delegar en manos privadas, que fuera el Estado el que se involucrara más.

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