La UEFA no es la buena de la película, la revolución acabará llegando al fútbol

Estefanía Ramos
·3 min de lectura

48 horas, ese es el tiempo que ha tardado la Superliga europea en autodestruirse. Los clubes fundadores han ido reculando ante las presiones de sus aficiones mientras que en la UEFA se frotan las manos viendo cómo los equipos vuelven el redil, palabras textuales de Ceferin. La liga de los ricos no ha pasado de ser el sueño de unos pocos millonarios que quieren ganar más dinero y parece que todo va a seguir igual, al menos en cuanto modelo de competición se refiere. La UEFA sale victoriosa de este pulso pero además de los clubes de la Superliga el que pierde también es el fútbol.

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La revolución que proponían Florentino y los otros 11 era demasiado elitista y primaba más el aspecto económico que el deportivo, pero en una cosa sí tenían razón: el fútbol tiene que cambiar. Y lo hará, como lo ha hecho toda la vida pero a su ritmo y siguiendo el orden natural de las cosas, no a golpe de decreto y talonario. El cambio es imparable, ya sea con el beneplácito de la UEFA o sin él.

En la UEFA estarán contentos pero no deberían estar tranquilos. El organismo europeo maneja a los clubes a su antojo y con una falta de transparencia inexplicable más propia de una dictadura que de un órgano deportivo como este. Los clubes son quienes deberían tener la sartén por el mando y un mayor control ya que son ellos quienes ponen los estadios, tienen a los jugadores y les pagan, y al final y al cabo la esencia del fútbol es ver a los futoblistas en acción sobre un terreno de juego. Por eso resulta incomprensible que la UEFA sea tan cerrada, lo maneje todo a su antojo sin dar explicaciones, se quede con el 70% de las entradas de la final de la Champions en vez de repartirlas entre los finalistas y se lleve una parte de los beneficios generados por los clubes sólo por ser los organizadores de un determinado torneo. Al final todo vuelve otra vez al dinero. Si la UEFA se ha posicionado en contra de la Superliga no es porque defiendan al fútbol, a los equipos modestos y a los aficionados es porque no quieren que se les acabe su chiringuito. Si los clubes son capaces de organizar los torneos y de negociar los derechos televisivos entonces ¿para qué quedaría la UEFA? Para nada. Los grandes cada vez quieren más dinero y la UEFA también, nadie está dispuesto a renunciar a su parte.

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El órdago de los 12 rebeldes es sólo un primer aviso y ha puesto de manifiesto que se pueden hacer las cosas de otra manera. Si tiene que haber una revolución que sea con todos los clubes, o que al menos se les ofrezca la posibilidad de formar parte de ella y no ser meros invitados por unos 12 autoproclamados salvadores del fútbol. La UEFA ha salido vencedora pero que no se equivoquen, ellos tampoco son los buenos de la película.

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