Un cambio en la normativa sobre cedidos de la FIFA podría favorecer al Real Madrid

Dani Ceballos (izquierda, 24) y Sergio Reguilón (centro, 29), dos de los jugadores que ahora mismo el Real Madrid tiene cedidos a otros equipos. Foto: Tim Clayton/Corbis via Getty Images.
Dani Ceballos (izquierda, 24) y Sergio Reguilón (centro, 29), dos de los jugadores que ahora mismo el Real Madrid tiene cedidos a otros equipos. Foto: Tim Clayton/Corbis via Getty Images.

Cada cierto tiempo, los mandatarios del fútbol, probablemente víctimas del aburrimiento, se sacan de la manga alguna norma nueva. A menudo son cambios de pequeño calado, que afectan a cuestiones técnicas o burocráticas pero que apenas tienen incidencia en el juego real. Otras veces, sin embargo, las innovaciones tienen el potencial de alterar los equipos y las competiciones tal como los entendemos.

La que acaba de aprobar la FIFA tiene pinta de ser de las segundas. El máximo organismo del balompié mundial acaba de decidir que va a limitar la cantidad máxima de cedidos que puede tener un equipo. Lo hará de forma progresiva, empezando la próxima campaña, cuando el tope se fijará en ocho por plantilla; el año siguiente serán siete, y a partir de la 2022/23 se quedará en seis. Y aunque en principio no parezca tener gran trascendencia, esto puede ser muy positivo para clubes españoles como el Real Madrid.

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El detalle importante es que la norma, adoptada por la Comisión de Grupos de Interés del Fútbol en la reunión del pasado septiembre y pendiente de ratificación a finales de octubre, se refiere tanto a futbolistas recibidos en préstamo como a enviados a otros equipos. Se acabó que una plantilla esté conformada por descartes de otros clubes más grandes... pero también que estas superpotencias acaparen el mercado y fogueen fuera a sus futuros talentos.

La idea, hay que reconocerlo, a priori parece buena. Puede servir para mitigar, al menos en parte, las diferencias brutales de presupuesto entre unos equipos y otros. Tal como recuerda El País, ya en el último mercado de fichajes en España, Italia e Inglaterra hubo más cesiones que traspasos, debido a las diferencias financieras de la mayoría de equipos: los peces gordos acumulan futbolistas tanto de primera fila como de “clase media” y los van colocando, siempre con la posibilidad de llevárselos de vuelta al año siguiente, con lo que impiden que los rivales del segundo escalón prosperen, se pongan a su altura y se conviertan en una amenaza. También se pretende así reducir el poder de los representantes, algunos de los cuales, como Raiola o Mendes, han alcanzado una importancia desmesurada.

Pero hay truco. Y no es una cuestión menor. La norma afectará exclusivamente a los jugadores de más de 22 años. De manera que lo que se había concebido como una operación para igualar fuerzas puede ser, a la larga, beneficioso para los dos clubes más ricos y poderosos no solo de la liga española, sino también de todo el continente: el Real Madrid y el Barcelona.

El motivo es que la política de cesiones que están desarrollando ambos transatlánticos es muy diferente a la de otros mastodontes del fútbol europeo. En lugar de fichar indiscriminadamente gente más o menos contrastada (que también lo hacen, y gastando millonadas, pero menos a menudo), sus modelos están basados tanto en generar talento en sus propias canteras como en traer gente de fuera extremadamente joven, con la idea de terminar de formarlos mediante cesiones fuera.

De hecho, ahora mismo el Real Madrid es el ejemplo más claro al respecto. De los trece futbolistas que tiene en alquiler, tan solo uno (Dani Ceballos, comprado al Betis hace unas temporadas y hoy haciendo su Erasmus en el Arsenal) supera la barrera de los 22. Hay unos cuantos más que están justo en esa edad, entre ellos nombres ilustres como los canteranos Borja Mayoral y Sergio Reguilón, o el central Jesús Vallejo, adquirido en Zaragoza y hoy en Wolverthampton tras pasar por Alemania). Otros cedidos célebres, como Ødegaard, Kubo, Achraf o Lunin, son aún más jóvenes. Los blancos usan a menudo otra estrategia consistente en fichar a un jovenzuelo prometedor y dejarle cedido en el mismo equipo del que procede; al Zaragoza se lo hicieron con el propio Vallejo y ahora con el centrocampista veinteañero Alberto Soro.

El caso del Barça es más o menos parecido. De sus siete cedidos, tres son jugadores ya con cierta veteranía que, por unos motivos u otros, ni tienen sitio en el Camp Nou ni se ha podido o querido gestionar un traspaso por ellos: Arda Turan, Coutinho y Rafinha Alcântara. El resto son muchísimo más jóvenes y, con la excepción del actualmente bético Emerson de Souza (cuyos derechos están repartidos al 50% entre los verdiblancos y los azulgrana), son todos productos de la Masía. Los cambios legales no supondrían problema alguno.

La situación contrasta, y mucho, con la de otras superpotencias del continente europeo. Hay casos exageradísimos, como el Inter de Milán, que tiene hasta 31 futbolistas en nómina vistiendo actualmente otra camiseta, o la Juventus, que va por 29. En general, es una práctica muy común en el fútbol italiano, que probablemente sería el más perjudicado por las nuevas leyes. Pero no solo. El Liverpool, actual campeón de Europa, tiene hasta diez cedidos y la mayoría de ellos superan los 22 o están a punto de sobrepasar esa edad. Otros como el Chelsea o el Manchester City le vieron las orejas al lobo cuando se empezó a hablar de este tema, en 2018, y redujeron mucho la cantidad. En Alemania, el Borussia Dortmund también ha repartido a siete jugadores por el continente (curiosamente, el Bayern de Múnich ahora mismo no tiene ninguno).

Todo esto significa que estos grandes equipos van a tener que cambiar su modelo a la hora de confeccionar sus plantillas. Aunque tengan dinero para hacerlo, no van a poder gastarlo en fichar más y más gente. Lo que significa, en la práctica, que su potencial deportivo se puede resentir y que el de sus rivales directos en las competiciones nacionales puede incrementarse. De cara a los torneos internacionales como la Champions League, que los oponentes extranjeros más peligrosos se vean limitados facilitará las cosas para los equipos españoles que no necesitarán adaptarse a las reglas nuevas.

¿Significa esto que se avecina una época de esplendor para el fútbol español en general, y para el Real Madrid en particular? Es difícil de predecir, porque hay muchísimos otros condicionantes, y porque en el fútbol no hay certezas absolutas más allá del balón entrando en la portería. Pero, para alegría de la afición blanca, este factor puede ser uno de los que contribuyan al resurgir de una entidad que no pasa por su mejor momento sobre el césped.

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