Un tercio de los estadounidenses quizá no se vacunaría contra el Covid-19 si una vacuna estuviese disponible

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¿Vacunarse o no vacunarse? Ese es el dilema.

Mientras la pandemia de Covid-19 continúa lacerando a la humanidad, con Estados Unidos como el país con más casos registrados y muertes, se desarrolla una vertiginosa carrera por desarrollar una vacuna efectiva contra el nuevo coronavirus, a fin de que a la brevedad posible se cuente con una herramienta de inmunización que sería la solución cabal para abatir el Covid-19.

Varias iniciativas para producir esa vacuna en tiempo récord están en marcha en Estados Unidos y otros países del mundo, y el propio Donald Trump le ha apostado a que se cuente con una vacuna antes de fin de año, lo que sería prematuro a juzgar por las valoraciones de muchos expertos médicos pero le funciona para apuntalar su imagen de cara a campaña de reelección.

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Un investigador trabaja con una de las potenciales vacunas contra el Covid-19 que están actualmente en desarrollo. (AP Photo/Sakchai Lalit)
Un investigador trabaja con una de las potenciales vacunas contra el Covid-19 que están actualmente en desarrollo. (AP Photo/Sakchai Lalit)

Pero, suponiendo que una vacuna contra el Covid-19 sea desarrollada y producida en cantidades suficientes para estar disponible al público masivo, con la posibilidad inherente de que quien se la aplique logre inmunidad contra el coronavirus y con ello se derrote a esa enfermedad, millones de estadounidenses posiblemente preferirían no recibirla.

Según reportó Newsweek, una encuesta de la Universidad Fairleigh Dickinson, en New Jersey, el 35% de las personas encuestadas indicaron estar decididas o muy inclinadas a no aplicarse una vacuna contra el coronavirus.

En cambio, un 29% dijo que con seguridad se aplicaría esa vacuna y otro 36% que probablemente lo haría.

No hay certeza de que se logrará desarrollar una vacuna efectiva y segura contra el coronavirus, ni cuándo y en qué magnitud estará disponible para el público. Pero, en todo caso, que el 35% de los estadounidenses rechace o dude al respecto de inmunizarse contra el Covid-19 es un dato punzante.

Y, en caso de que estuviese disponible esa forma de inmunización, tener a un tercio de la población sin vacunar mantendría considerablemente los riesgos de contagio y epidemia, como se ha dado, con magnitudes y particularidades distintas, en los recientes brotes de sarampión que se han registrado y expandido en niños que no han sido vacunados contra esa enfermedad.

Que un tercio de la población pudiese optar por no vacunarse resulta también inquietante si ello se pone a la luz de la enormidad de la muerte, el sufrimiento y la crisis económica que ha provocado el Covid-19.

Entonces, ¿por qué existe un rechazo tan grande a esa hipotética y potencialmente salvadora vacuna?

Una posible razón, que la propia encuesta menciona, es que existen aún dudas sobre si se logrará desarrollar en el corto plazo una vacuna efectiva y segura contra el coronavirus. Solo el 20% de los encuestados se dijeron confiados de que una vacuna contra el coronavirus que se ofrezca a la población habrá sido adecuadamente probada para constatar su efectividad y seguridad. En cambio, 28% se dice nada confiado al respecto y 52% dijo tener algo de confianza, es decir, que tiene dudas.

Una investigadora trabaja en el laboratorio de la empresa farmacéutica Moderna en el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus. (Photo by David L. Ryan/The Boston Globe via Getty Images)
Una investigadora trabaja en el laboratorio de la empresa farmacéutica Moderna en el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus. (Photo by David L. Ryan/The Boston Globe via Getty Images)

Es posible que tal desconfianza tenga que ver con un escepticismo en general hacia las vacunas, pero también podría deberse a una falta de credibilidad específica ante la retórica en torno al presente desarrollo una vacuna contra el coronavirus. Quizá porque los detalles médico-científicos les resultan a muchos muy arcanos, o porque la rapidez con que Trump dice que habrá una vacuna este año les causa desconfianza, tanto por la factibilidad científica de ello  como porque eso podría ser visto más como una promesa electoralista que como una posibilidad médica real.

Incluso se ha llegado a especular que Trump podría forzar la difusión de una vacuna prematuramente en aras de hacerse de puntos para apoyar sus opciones de reelección, una posibilidad ciertamente ominosa y censurable, al tratarse de un muy delicado y crítico asunto de salud individual y pública.

Los afroamericanos son, además, el grupo que más descarta o duda al respecto de aplicarse una vacuna contra el coronavirus: 43% de ellos así lo cree, mientras que ese rechazo o duda es 27% entre los hispanos y 26% entre las personas de raza blanca.

En contrapartida, los que tienen filiación republicana tienden a rechazar más la posibilidad de aplicarse una vacuna contra el coronavirus: 26% dijo que no se vacunaría en comparación con el 5% de los demócratas que respondió eso.

“La duda que los estadounidenses tienen, y su visión desconfiada del desarrollo de vacunas puede ser un obstáculo para la aceptación de una vacuna en el futuro. Será necesario ofrecer al público mucha educación sobre los beneficios y riesgos de las vacunas”, dijo en un comunicado Julie Kalabalik-Hoganson, profesora de farmacología de la Universidad Fairleigh Dickinson.

Con todo, aunque no seguro y con posibles limitaciones, sí sería posible que una vacuna esté lista para principios de 2021 o más adelante en ese año, como el propio doctor Anthony Fauci, uno de los mayores expertos en enfermedades infecciosas de Estados Unidos, ha considerado recientemente.

Por hay otras consideraciones, más allá de lo específico del Covid-19 y su eventual vacuna, que alimentan el miedo o la desconfianza en los estadounidenses ante la vacunación.

Una de esas fuerzas son las ideas antivacunas que cunden en Estados Unidos, en parte motivadas por ideas conspirativas y premisas falsas que señalan que las vacunas producen autismo, lo que ha sido refutado ampliamente pero aún es creído por muchas personas.

Otro factor es el temor ante efectos secundarios de las vacunas, tanto por reacciones adversas como por  la posibilidad muy reducida de que esta produzca el contagio de la enfermedad que busca prevenir. Toda vacuna tiene ciertamente algunos riesgos, y podría no ser recomendable a ciertas personas con susceptibilidades alérgicas o ciertas condiciones. Y en los casos de vacunas elaboradas con virus vivos atenuados podría registrarse en raros casos el contagio de la enfermedad.

Pero, en todo caso, el riesgo de esos factores es muy bajo y, en ocasiones, el riesgo de no vacunarse y sufrir la enfermedad puede resultar más elevado y peligroso, tanto para la persona en cuestión como para su comunidad.

Y otros rechazan las vacunas porque el desarrollo de algunas de ellas partió de investigaciones con células humanas originadas, varias décadas atrás, en el cultivo de células provenientes de fetos abortados. Quienes rechazan esas vacunas lo hacen por consideraciones religiosas y por su convicción de rechazar toda conexión con acciones o cosas originadas en la práctica de un aborto.

Una persona participa en un estudio clínico sobre la seguridad de una potencial vacuna contra el Covid-19. (AP Photo/Ted S. Warren, File)
Una persona participa en un estudio clínico sobre la seguridad de una potencial vacuna contra el Covid-19. (AP Photo/Ted S. Warren, File)

Con todo, aunque algunas iglesias, incluida la Católica, han señalado que prefieren vacunas fabricadas de otro modo, han aceptado el uso de una vacuna originada décadas atrás en investigación con células con fetos abortados si no existe otra vacuna disponible contra la enfermedad en cuestión y en casos en que es necesario preservar la salud individual y pública.

Dado que aún  no existe una vacuna contra el Covid-19, con muchos prototipos en diferentes etapas de experimentación y prueba, no puede señalarse si una que llegue a funcionar contra el coronavirus caerá en alguno de los supuestos de las personas que rechazan esa forma de inmunización en todo o en parte.

Y es cierto que la respuesta en una encuesta ante un  escenario hipotético sería posiblemente distinta que si se hiciese con una vacuna realmente disponible, efectiva y asequible. Mucha información, educación y disipación de prejuicios y equívocos será necesario en el futuro.

Así la pregunta ¿quién le teme a la vacuna del coronavirus? permanece en el aire, con todas sus connotaciones problemáticas.

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