La UE tumba la teoría de la conspiración sobre la censura

Asier Martiarena
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Una estudiante asiste a una clase de Fake News en su escuela en Sao Paulo, Brasil, el 21 de junio de 2018. AFP
Una estudiante asiste a una clase de Fake News en su escuela en Sao Paulo, Brasil, el 21 de junio de 2018. AFP

Ni el Gobierno va a controlar los medios de comunicación ni va a crear un Ministerio de la verdad para eliminar los mensajes que les resulten incómodos ni nada de eso. La teoría de la conspiración que se han inventado desde la oposición -y en especial la extrema derecha- ha tenido cierto recorrido en España pero no así en Europa,en donde la han frenado en seco. Y no solo eso, sino que ha avalado el plan del Ejecutivo de PSOE y Unidos Podemos. ¿Cómo puede ser que una barbaridad como la que denunciaba Vox sea bien vista en Bruselas?

Pues porque el dictamen europeo supone un gran contratiempo para Santiago Abascal y compañía ya que, lo único que el Gobierno pretende hacer con esta ley es cortar las mentiras y evitar que los bulos se propaguen creando una imagen falsa e interesada de los acontecimientos. Algo que es la base de Vox. Desinformar para crear un caldo de cultivo en el que pescar. Justo lo que han hecho con esta reglamentación, criticarla con bulos artificiales para intentar no perder su principal arma de comunicación y afiliación: la mentira.

Ya sabemos que los textos legales que habitualmente se publican en el Boletín Oficial del Estado son un rollo de tecnicismos que agotan al lector al segundo párrafo. Pero no estaría de más dedicarle un esfuerzo extra en algunas ocasiones. Así no hubiera hecho falta que uno de los portavoces de la Comisión Europea, Johannes Barke, explicara algo tan básico como que “cualquier iniciativa en el ámbito de la desinformación debe respetar siempre la seguridad jurídica y la libertad de prensa y de expresión. Y no tenemos motivos para pensar que esto no haya ocurrido en el caso de España”.

El Gobierno no va a recuperar la censura del franquismo por mucho que nos lo quieran vender. Lo que sí va a hacer es frenar la "difusión deliberada, a gran escala y sistemática de desinformación, que persiguen influir en la sociedad con fines interesados y espurios". Es decir, que cuando detecte que se está difundiendo un bulo, no va a cortar la señal de esa cadena ni interceptar los periódicos antes de que lleguen a los kioscos, sino que emitirá información que contrarreste la mentira.

En realidad es algo que no debería ser necesario en una sociedad sana. De hecho no hacía falta hace una década. Pero a la vista de la buena salud de la que gozan los populismos, es imprescindible. Algo que, por otra parte, ya han empezado a corregir en Estados Unidos en donde el presidente Donald Trump ha sido desalojada de la Casa Blanca por un rival que ha recibido más votos que ningún otro candidato en toda la historia. Porque ha enamorado a la mayoría de los norteamericanos? No, más bien por lo contrario. Porque Trump ha hartado a la mayoría de los norteamericanos con una política ‘trumpista’ de mentiras y medias verdades.

Fíjense en sus mensajes en twitter. Hace ya un tiempo que la red social avisa cuando algunos de sus tuits son mentiras flagrantes y comprobadas. Pues algo así aspira a hacer el Gobierno. Señalar las mentiras para evitar su propagación.

Tanto cuando Abascal dice que el gobierno es ilegítimo como cuando Vox ha falseado los datos de inmigración o cuando un negacionista dice que el virus es una mentira para tenernos confinados y controlados. Y lo mismo para el Gobierno, que mintió al decir que no vetó la presencia del rey Felipe VI en Cataluña en septiembre, o que utilizó la existencia de un comité de expertos para justificar algunas de sus medidas contra la pandemia cuando ese órgano no existió.

Eso no significa que el Gobierno haya estado de sobresaliente en este asunto. Ni mucho menos. De hecho tiene problemas para llegar al aprobado raspado. Porque la manera en la que se ha articulado deja mucho que desear. La orden ministerial se coló casi de tapadillo. Sin explicar realmente de todos sus pormenores e impidiendo un debate social que debería servir para reforzarla. De hecho, el procedimiento deja dudas. ¿Por qué el Gobierno lanzó la orden sin debatirla? ¿Por qué no se ha explicado al detalle cómo trabajará ante una fake news? ¿Por qué no se ha articulado sobre órganos independientes del Gobierno para evitar suspicacias? ¿Por qué no se llevó al Parlamento para que naciera con apoyos políticos? Todas esas preguntas sin respuesta alimentan justo lo que se pretende erradicar. Los bulos.

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