La verdad está en la calle: lo que Sampaoli ve en estos días

Sigue en un solo sitio todos los movimientos de los equipos de la Primera División española.

A Jorge Sampaoli le gustan las metáforas. Cuenta que Pato Fontanet, cada vez que hablan, le repite lo mismo: "La vida está en la calle". Ahí, se siente fuerte porque él cree en lo que dice la canción "Una nueva noche fría", de Callejeros: "Las calles son nuestras aunque el tiempo diga lo contrario". Es una manera de convivir con las noticias verdaderas y falsas que rodean su llegada a la Selección argentina. El primer paso del boom que pasará a vivir. Porque, aunque Sevilla sea una ciudad de 700 mil habitantes y él sea el entrenador de uno de los dos clubes, acá la cosa es diferente: de a ratos, el tipo que dejó Argentina en 2002 para irse a dirigir a Juan Aurich de Perú asume que su vida será más pública que la de un ministro.

"La vida está en la calle", repite y les cita esa misma frase a los directivos de Sevilla, en una breve reunión previa al partido con Granada, a los que les sugiere que paren la mano con escandalizarse, cuando ellos están buscando un director deportivo y un nuevo entrenador y nuevos jugadores para la temporada siguiente, sin decírselo. Pero lo advierte porque le quedan un puñado de fechas para terminar lo que podría ser la mejor performance del club andaluz en la historia de la liga de España. Hay que quedar al menos cuartos para clasificarse a la Champions League. Y hay que cerrar una gran temporada donde, es cierto, él tiene la cabeza en el entrenamiento de campo con sus futbolistas. La verdad está en la calle: en lo que ocurre delante de los ojos que lo pueden ver y no en las pantallas de los celulares o en las portadas de los medios.

Pero Sampaoli, que ahora se asombra porque se dice, por ejemplo, que Ariel Holan, entrenador de Independiente, a quien nunca vio en su vida, va a ser su ayudante de campo, elabora pensamientos que intentan separar la vida virtual de la vida real. No le asombran los medios de comunicación, le asombra la manera en que la sociedad mira la vida por esa rendija. Cómo se juzga sobre el comportamiento que relatan los periodistas en vez de los comportamientos que verdaderamente suceden. Lanza frases como "Los medios sujetan la subjetividad del sujeto". Piensa y eso lo considera una cuestión imprescindible, incluso para el fútbol, donde admite encontrar conocimientos mirando Boca-Patronato o Tigre-River o Defensa-Unión (como miró el último fin de semana, en plan de actualizar todo tipo de conocimientos) o escuchando un discurso de Juan Domingo Perón. 

Le asombra el asesinato del hincha de Belgrano, tanto como le llama la atención el atentado contra el plantel de Borussia Dormund en plena Champions League. Dice que hay farsa en el relato que intenta separar las cosas que suceden en los dos continentes. Lee los diarios argentinos desde siempre y está actualizado sobre el paro de CGT y la dura situación de los maestros. Apenas piensa cómo será su vida en Buenos Aires, tanto como desea, finalmente, poder conocer al Indio Solari. Mira jugadores y, sobre todo, construye el plan de etapas de convocatorias que debiera hacerse, con un eje central: para él no son tantos los jugadores que hay que cambiar como la mentalidad de la sociedad y de los futbolistas hacia los colores. Sampaoli cree que a Argentina sólo la salva la bandera.

Mientras, dibuja con su gente lo que puede ser un cuerpo técnico. Los nombres los tiene él: del resto, escucha demasiada zaraza. Lee que Diego Milito será el director de Selecciones, tras la salida de Marcelo Tinelli, y trata de chequearlo, entre tantas cosas que busca chequear. Mira el fútbol argentino y anota jugadores con los que piensa trabajar, en el plan de buscar futbolistas locales para armar concepto de equipo y ganar tiempo en el poco tiempo que se tiene -una estrategia de la que aprendió en su etapa en Chile-. Ahí, abandona sus discusiones con la información verdadera y con la falsa.

Pero porque le gustan las metáforas y porque volverá a Argentina lanza una sobre los medios de comunicación: "Quieren hacer con un sólo carbón un asado. Alcanza para un choripán, pero quieren que quede como un lechón". Pero se arremanga, acepta que será así y empieza a preparar la mesa.

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