No solo no ayuda, sino que lo hunde más: el comportamiento lamentable del Málaga ante el chantaje a Víctor

Víctor Sánchez, entrenador del Málaga, dando órdenes a sus jugadores durante un partido. Foto: Jeroen Meuwsen/Soccrates/Getty Images.
Víctor Sánchez, entrenador del Málaga, dando órdenes a sus jugadores durante un partido. Foto: Jeroen Meuwsen/Soccrates/Getty Images.

Le puede pasar a cualquiera. Esta vez ha tenido más relevancia porque la víctima, Víctor Sánchez del Amo, es un personaje conocido: se trata de un antiguo futbolista profesional de equipos importantes como el Real Madrid o el Deportivo de La Coruña, actualmente aún vinculado al mundo del fútbol pero desde los banquillos. Su nombre, en las últimas horas, está sonando mucho más de lo que corresponde a su cargo como entrenador del Málaga, debido a que ha sufrido un chantaje que él mismo ha denunciado. Se ha publicado un vídeo íntimo suyo de carácter sexual que unos delincuentes informáticos han obtenido de forma ilícita, intentando extorsionarle para que les pagara dinero si quería evitar que se difundiera.

Las imágenes han circulado durante un tiempo por redes sociales como Twitter, y si uno rastrea bien puede que todavía las encuentre, pese a que la plataforma está clausurando las cuentas que las comparten cada vez que detecta alguna. Para decepción de lectores morbosos, nosotros, evidentemente, no las replicaremos; en primer lugar porque es ilegal, como el propio Víctor se ha encargado de recordar. Pero sobre todo, por pura sensatez: lo ocurrido, aunque a algunos les pueda parecer cómico, es una intromisión inaceptable en el honor y la dignidad del afectado, a quien transmitimos toda nuestra solidaridad.

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De semejante obviedad, sin embargo, no se ha enterado el Málaga. En el club andaluz trabajaba Víctor como entrenador del primer equipo hasta que, como consecuencia del escándalo, ayer mismo por la tarde la directiva decidió suspenderle de sus funciones “hasta que se realice una investigación completa”, según informó en un comunicado. Por si fuera poco, el presidente de la entidad, el jeque Abdullah al Thani, miembro de la familia real de Catar, se despachó a gusto con este tuit apenas unas horas después:

Todavía estamos esperando a saber ¿quién es la persona que siempre miente? Él es como un ángel, nunca comete errores. No quiere admitir el error. Solamente una vez dijo la verdad. ¿Pensaste que te ayudaría mentir siempre a todo el mundo? Sé fuerte y di que cometiste un error.

Aunque el jeque no alude directamente a nadie, el inoportunísimo momento elegido para la soflama permite deducir que va dirigida al propio Víctor. Con quien, hay que recordarlo, ha habido roces a lo largo de la temporada. De hecho, hace apenas tres días, en rueda de prensa, el entrenador afirmó que la directiva le había “engañado” con la planificación de la plantilla, ya que la situación económica del Málaga es mucho peor de la esperada y probablemente toque traspasar jugadores... cuando lo que necesita el equipo, que el año pasado (con el mismo cuerpo técnico) llegó al playoff de ascenso pero ahora mismo va 16º y está apenas un punto por encima del descenso, son refuerzos urgentes.

En cualquier caso, ante las nuevas circunstancias, lo que ocurra o deje de ocurrir en el césped es lo de menos. Cualquier discrepancia puede aplazarse. La única posición sensata por parte de los dirigentes sería cerrar filas en torno al empleado del club, respaldarle públicamente y apoyarle sin ambages ante el ataque que está recibiendo. O si, por algún motivo, no se quiere llegar a tanto, al menos se puede recurrir a otra evidencia: lo ocurrido corresponde a su más estricta intimidad y no guarda relación alguna con su competencia profesional. Ni siquiera el hecho de que Víctor llevara puesta en la grabación una camiseta con el escudo del club le daría relevancia más allá de su vida privada. De manera que si no quieren molestarse en defenderle, deberían mantenerse al margen y dejar que el propio entrenador y las autoridades lidiaran con el tema como ya están haciendo.

La vía por la que ha optado la dirigencia del Málaga (en contra, por cierto, de la posición mayoritaria de su propia hinchada) es la peor posible. No solo no ayuda a mitigar el escarnio, sino que incluso contribuye a él haciendo quedar públicamente a Víctor como el culpable que merece ser castigado y no como el afectado por un crimen. El mensaje que una medida de este tipo transmite a la sociedad es peligrosísimo, y una entidad tan representativa como un club de fútbol debería ser especialmente cuidadosa con estos temas. Y si el motivo de la suspensión son las declaraciones críticas del otro día y el filtrado del vídeo ha sido la excusa perfecta, cabe hablar incluso de una actitud rastrera y que daría para sospechar sobre quién, o por orden de quién, habría llevado a cabo esta violación a la privacidad del técnico.

En cualquiera de los dos casos, y aunque el daño ya esté hecho y sea difícil de reparar, el sentido común aconseja a los mandatarios blanquiazules que rectifiquen de inmediato. Hay tiempo antes del próximo partido, de la jornada 23 de Segunda División, que les enfrentará en casa a la Ponferradina. El último encuentro dirigido por Víctor hasta ahora fue un 1-1 en Oviedo el pasado domingo.

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