Vinicius Jr. ya es indiscutiblemente la superestrella que siempre supo que sería

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BARCELONA, SPAIN - OCTOBER 24: Vinicius Junior of Real Madrid looks on during the LaLiga Santander match between FC Barcelona and Real Madrid CF at Camp Nou on October 24, 2021 in Barcelona, Spain. (Photo by Eric Alonso/Getty Images)
Eric Alonso/Getty Images.

Para ser una superestrella, de las que se cuentan con los dedos de las manos y de las que los niños llevan camisetas al otro lado del planeta, a Vinícius Jr. solo le faltaba influir en los partidos como influyó ayer en ElClásico. Dijo "aquí estoy yo", como tantas otras veces, con la diferencia de que esta vez todos supieron que allí estaba él.

Vinícius ha malenvejecido los memes, ha caducado columnas de opinadores con vocación de futurólogos y ha transformado el runrun, el murmullo y las risas en una sensación de pavor generalizado que ayer recorrió la espina dorsal del Camp Nou cada vez que agarró el balón.

Siempre tuvo la mentalidad, innegociable, inquebrantable, infinita, en sí mismo, en su fútbol, en sus condiciones y en su destino. Sonreía convencido de que este momento llegaría. Un comodín que llevó a Vinícius a siempre querer, e intentar, jugar como una superestrella, en lo que dejó entrever que muchas acciones de superestrella ya estaban ahí, gracias a unas virtudes que, efectivamente, son dignas de una superestrella. Pero no trascendía.

Y Vinícius trascendió. Deformó por completo el discurrir de ElClásico, adueñándose de su narrativa para reescribirla a su antojo, como solo los mejores del mundo saben hacer. Porque el Barcelona comenzó dominando la situación. Circulando en campo rival con la suficiente fluidez, no tanto para dañar el bloque medio-bajo, pasivo, junto y estratégicamente precavido que preparó Ancelotti, sino para poder presionar eficazmente e impedir a los de Ancelotti desplegar la estructura formada por Alaba, Kroos, Modrić y Benzema, que se adueñase del balón y les dejase sin horizonte al que dirigirse.

Así, los culés completaron un tramo inicial más que sólido, en el que la posesión, que el Madrid no quiso discutir, cumplió su cometido, en primer lugar, como refuerzo emocional, que sirvió para convencer al Camp Nou de que el equipo mandaba sobre lo que ocurría y mandar el mensaje de que pasaba lo que ellos querían que pasase; como argumento ofensivo, después, mayoritariamente de desgaste por volumen y continuidad; y como elemento defensivo, de control de las piezas blancas y activación de las propias.

BARCELONA, SPAIN - OCTOBER 24: Vinicius Junior of Real Madrid dribbles Oscar Mingueza of FC Barcelona during the LaLiga Santander match between FC Barcelona and Real Madrid CF at Camp Nou on October 24, 2021 in Barcelona, Spain. (Photo by Eric Alonso/Getty Images)
Eric Alonso/Getty Images.

La proyección a 90 minutos de la narrativa que el equipo de Koeman estaba escribiendo no terminaba de convencer a Vinícius, así que se puso manos a la obra para reescribirla. No necesitó que los pasadores de la primera línea blanca tuvieran ventajas, tiempo, espacio o clarividencia para apañárselas y empezó a ganar balones que, en condiciones normales, deberían caer del lado culé. Claro que Vinícius no tiene unas condiciones normales.

El brasileño conjugó movimientos largos, a la espalda de la línea defensiva local, que forzaron al Barcelona a correr hacia atrás, dieron aire a los blancos para estirarse a pisar campo contrario e, incluso, se convirtieron en sí mismos en situaciones de peligro. Así consiguió reventar el ritmo ofensivo del Barcelona y cambiarle el paso al plan de partido ideado por Koeman. Además, con el margen de maniobra que sus exitosos desmarques conquistaron para el sistema de Ancelotti, Vinícius también empezó a atacar más en posicional, a recibir más abajo y generar nuevas líneas de bombardeo ante Mingueza.

En una de esas, para rematar la faena, se inventó un giro de marcador que terminó de forzar a Koeman a tomar decisiones que en los primeros minutos ni se planteaba: hizo buena la anticipación de Alaba sobre un apoyo de Memphis e inútil el ímpetu culé por recuperar de inmediato el balón, regateando en estático al lateral derecho del Barça y ordenando a sus compañeros poner la directa ante la desnuda transición ataque-defensa del bloque blaugrana. Con un pase cruzado originado en su bota izquierda encontró a Rodrygo, en primera instancia, y a Alaba, que se convierte en el jugador que su equipo necesita que sea en función de la jugada en la que esté inmerso, en este caso como delantero chutador, en segunda y última. Vinícius se inventó un nuevo partido que el Barcelona, Coutinho mediante, trató en vano de recuperar.

Vinícius Jr. siempre confió. Y, por eso, ahora nadie puede dudar de él.

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