El desastre de TVE en La Vuelta a España que tanto se critica en el Tour

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ALTO DE LA MONTAÑA DE CULLERA, SPAIN - AUGUST 19: (L-R) Bertjan Lindeman of Netherlands and Team Qhubeka Nexthash  and Magnus Cort Nielsen of Denmark and Team EF Education - Nippo climb the
Photo by Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images

Hay veces que parece que las necesidades comerciales se pueden unir con el espectáculo deportivo y al organizador le da un subidón tremendo. Por ejemplo, la sexta etapa de La Vuelta a España, con final en Cullera en un circuito que tuvieron que cubrir los ciclistas un par de veces más una ascensión final al castillo, dos kilómetros a porcentajes imposibles. El problema de esas combinaciones es que hay que asegurarse de que sean viables en términos televisivos. Al fin y al cabo, lo que cuenta en el deporte es la imagen que dé en los televisores. Si esa imagen es mala, no hay explicación que valga: el enfado del aficionado y su decepción es muy difícil de calmar y nadie quiere ver cómo te linchan en las redes sociales.

Mucho dinero debió de pagar el ayuntamiento de Cullera para que nos enseñaran con mimo y detalle su castillo, sus acequias, su playa y sus numerosas rotondas. No sé cuántas rotondas con elemento decorativo hay en la ciudad pero desde luego es algo llamativo. O al menos se te hace llamativo cuando lo que estás esperando es ver qué diablos está pasando con la carrera que acabas de sintonizar... y en esto, ojo, Cullera no tiene culpa alguna. Ya la cosa empezó mal cuando, dentro del circuito, se empezaron a montar abanicos y era imposible saber quién iba delante y quién iba detrás. Todo se hacía a vista de helicóptero y cuando se localizaba a algún favorito en apuros, la cámara de la moto se quedaba con él, privándonos de las imágenes de cómo se estaban forzando esos abanicos y de quién estaba provocándolos.

En cualquier caso, nada comparado a la ascensión final. Este tipo de llegadas no son tan poco habituales en la Vuelta; de hecho, con división de opiniones entre los aficionados, la ronda española ha hecho carrera de lo que algunos llaman "final en rampa de garaje". Siempre hay alguien buscando una cuesta estrecha, al 15%, en la que los corredores se retuerzan para sacar unos pocos segundos en meta. A uno esto le puede parecer bien o mal. Desde luego, mejor que las dos etapas completamente llanas y sin sobresaltos que nos comimos el martes y el miércoles seguro que sí es. Ahora bien, para comprobarlo, tenemos que poder verlo.

Y el caso es que no vimos nada. Durante dos kilómetros de ascensión, fue imposible seguir lo que estaba pasando. Solo una moto con Cort Nielsen y la otra, vete a saber dónde. El realizador pinchó la cámara del helicóptero y nos deseó a todos buena suerte intentando descifrar los maillots de los equipos... y adivinar, por la fisonomía de los cuerpos, a quién podían pertenecer. Ni se apreciaba bien la distancia del escapado, ni se vio el ataque de Primoz Roglic, ni supimos quién intentaba ir a su rueda. Aquello era un caos de figuras pequeñas en una carretera diminuta, aderezadas con algún plano suelto, normalmente en curva, que confundía más que otra cosa.

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La meta nos la encontramos de golpe, como los corredores, también detrás de una curva. Nada de imagen frontal de los mejores disputándose el triunfo, para qué. De repente, cambio de cámara, Roglic pone cara de "ah, que esto se acaba aquí", Cort Nielsen celebra el triunfo y del resto, ni idea, a mirarlo en ProCyclingStats. Luego, eso sí, vista aérea de la ciudad. Preciosa, por otro lado. Objetivo económico cumplido pero enorme decepción deportiva: no nos habíamos saltado la siesta para ver esto, desde luego. La próxima vez que pongan un sprint y punto. Vemos las mismas rotondas y al menos nos enteramos de quién ha quedado tercero.

Todo esto no pasaría casi de ser una anécdota si no nos pasáramos todo el Tour escuchando a Carlos de Andrés -un comentarista, por otro lado, que a mí me gusta- criticando a la realización francesa y ejerciendo de realizador improvisado: "A ver si conectan ya con el grupo de atrás", "No estamos viendo a (inserte aquí al corredor español de turno)", "Necesitamos imágenes de la carrera, que se la están jugando entre los grandes", "No tiene sentido que veamos todo el rato a (inserte aquí al corredor francés de su elección)" y un largo etcétera.

Las quejas de Carlos de Andrés -y en menor grado de Perico Delgado, que prefiere no meterse en líos- contrasta con lo que luego vemos (o no vemos, más bien) en la Vuelta ante su silencio incómodo. Sí, de vez en cuando, porque tampoco puede tratar al espectador como si fuera tonto, suelta un "estaría bien que viéramos...", pero nada que ver con la acritud que muestra con las televisiones extranjeras. La gente, y eso Carlos debería saberlo, hace su trabajo lo mejor que sabe y puede. Además, teniendo en cuenta que ASO organiza ambas rondas, es muy probable que las instrucciones de realización sean parecidas.

Ahora bien, el Tour no mete a sus corredores por la subida al castillo de una ciudad turística ni de broma. Hará otras barbaridades, pero esa no. Si elige un final de etapa, aparte de asegurarse los cuartos, se asegura que haya ángulo y que se pueda retransmitir en condiciones. Si no, no tiene sentido. La Vuelta cometió este jueves un error importante y no será el último si seguimos con este tipo de llegadas, muy interesantes sobre el papel... muy complicadas desde el punto de vista técnico.

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