¿Por qué el Wanda debe aplaudir a Griezmann?

El francés retrasó su fichaje por el Barcelona, que pagó su sueldo en su último año como colchonero y habilitó la llegada de Joao Felix.
El francés retrasó su fichaje por el Barcelona, que pagó su sueldo en su último año como colchonero y habilitó la llegada de Joao Felix.

EDITORIAL

Antoine Griezmann regresa hoy a la que fue su casa las últimas dos temporadas. Antes había vivido tres años en el Vicente Calderón, hoy casi demolido. Fueron cinco campañas como jugador colchonero, donde marcó 131 dianas y celebró títulos tan importantes como la Europa League de 2018. Su progresión no pasó desapercibida para nadie, menos para un Barcelona que le seguía desde sus tiempos en la Real Sociedad, y en el Camp Nou resolvieron pagar su cláusula de rescisión cuando 'sólo' era de cien millones de euros.

El acuerdo con el jugador era total y el convencimiento de los ejecutivos azulgrana en cuanto a que amarrarían sus servicios apenas se abriera el mercado de verano de 2018, también. Sin embargo, desde el Barcelona confiaron en la palabra del delantero y, sin nada más que un apretón de manos de por medio, se olvidaron de él mientras el entrenador del Atlético, Diego Simeone, y su entonces capitán, Diego Godín, le insistían casi a diario para que siguiera. Al final le convencieron y Griezmann anunció su futuro en aquel controvertido documental de La Decisión que produjo Gerard Piqué.

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El francés le dijo al mundo que se quedaba en el Atlético y que hasta firmaría una subida de salario que acabaría costeando el propio Barcelona, pues no se puede olvidar cómo su cláusula pasó de 100 a 120 millones sin que el Barcelona titubeara demasiado cuando, meses después del documental de marras, fuera el propio Griezmann quien volviera a ofrecerse al club catalán, que pagó por el mismo jugador -con un año más- veinte millones más de lo previsto, costeando el aumento salarial que le había permitido al Atlético disfrutar de él un año más antes de verle de azulgrana en verano de 2019.

Ello no evitó que el Barcelona pagara otro extra, de 15 millones de euros, tras amenazar el Atlético con publicar los emails que demostraban cómo había habido contactos entre las partes, algo que no está permitido según la FIFA, aunque el club catalán argumentó que se trataba de una opción de tanteo por una serie de jugadores algunos de los cuales ya tenían opción preferente con el Barcelona en caso de salir del Atlético. El caso es que el regreso de Griezmann al Wanda Metropolitano viene marcado por una serie de decisiones que, guste o no a una afición colchonera hoy huérfana de Griezmann, les permitieron disfrutar del jugador un año más sin coste alguno e incorporar a un sustituto que será una estrella mundial dentro de no demasiado tiempo.


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