Zinedine Zidane, acorralado por el expediente Bale y la pujanza de Raúl

Yahoo Deportes
Oscar J. Barroso / Europa Press Sports / Europa Press via Getty Images
Oscar J. Barroso / Europa Press Sports / Europa Press via Getty Images


De las 16 preguntas de la rueda de prensa previa al Real Madrid - Leganés de esta noche, Zinedine Zidane tuvo que responder a 10 sobre Gareth Bale.

Desplázate para ir al contenido
Anuncio

El caso Bale le ha explotado en la cara a Zizou cuando parecía más que controlado. Tras su celebre frase este verano pasado, en la que aseguró “si puede irse mañana mismo, mejor”, que luego matizo y excusó en su mal castellano (?!?), Zidane incorporó al galés en el grupo e incluso le concedió la titularidad. El extremo respondió, marcó goles, se mostró implicado, y de repente todo parecía fluir. Luego llegó su suplencia ante el Brujas, las malas caras, los malos gestos, su lesión durante el parón de selecciones y su espantada rumbo a Londres a encontrarse con su agente antes de ayer. Según varias informaciones de medios españoles, Bale estaría buscando la manera de salir del club en el mercado de invierno para poner rumbo a China, y aunque Zidane asegurara que cuenta con el 11 merengue, todo apunta a que los días del galés en el Real Madrid podrían estar contados.

A Zidane, de repente, se le ha atragantado el caso del que debía ser su jugador estrella, y para rizar más el rizo a Jorge Valdano no se le ocurrió mejor idea que hablar de Raúl González Blanco como el futuro candidato al banquillo del Real Madrid en su columna semanal de El País.

Raúl, a escasos días de cumplir los 25 años de su debut como jugador merengue, recogió el guante y aseguró que sí, que le gustaría verse a corto plazo en el banquillo del Bernabéu, y como ayer se cumplió tan importante efeméride para el eterno 7 blanco, de repente el madridismo desayunó con un Zizou esquivo en rueda de prensa, ahogado por los problemas con Bale, la exclusión de la convocatoria de Vinicius y el miedo a no dar la talla ante el Leganés en el Bernabéu, mientras que Raúl —declarado de manera oficiosa en el imaginario de la afición como su sucesor— daba la vuelta olímpica y recibía un baño de multitudes con recuerdos de su primer encuentro como profesional, en Zaragoza, aquella fría noche de 1994.


La situación para Zidane, por lo tanto, no es del todo óptima. El francés pone un circo y le crecen los enanos, y no hay forma de que pueda pasar una semana tranquilo. Su trabajo esta temporada se está viendo mermado por las múltiples lesiones que está sufriendo su plantilla (el tan cacareado método Dupont no está surgiendo efecto), por la descompensación de la misma (faltan varios mediocampistas y un goleador de alto nivel), y ahora también por las rabietas de Gareth Bale y hasta por los rumores que sitúan al entrenador del segundo equipo en el banquillo del primero.

El francés es un hombre temperamental, eso lo sabemos todos. Aunque en la rueda de prensa previa al encuentro con el Leganés se le preguntó por todo menos por el partido y él aguantó el chaparrón, no hay que descartar que algún día, quizás dentro de poco, acabe por explotar, pegué una patada al tablero, y se marche tal y como llegó.

Su salida del Real Madrid tras ganar tres Champions Leagues consecutivas nos recordaron al Zidane más pasional, al que salió expulsado de la final del Mundial 206 con Francia, o al que se revoloteó contra un jugador saudí en el segundo partido del Mundial 1998 tras una entrada a destiempo. Zizou vino a decir entonces, con palabras en lugar de cabezazos a sus rivales: “Esto no me gusta y me voy”. Se rebeló contra una situación injusta, en la cual ni siquiera después de haber llevado al equipo a lo más alto pudo lograr que en el club atendieran sus peticiones en lo que a la confección de la plantilla se trataba.



Volvió contra pronóstico para salvar a Florentino Pérez de una de las crisis institucionales más severas que ha vivido en sus 17 años al frente del club, y a pesar de todas las promesas incumplidas durante el verano, el francés ha seguido navegando la marea con la cabeza erguida y con su mejor sonrisa.

Sin embargo la rueda de prensa tras la espantada de Gareth Bale rayó lo cómico. Zidane aguantó el tipo, pero en su cara se notaba la frustración de tener que lidiar con estos problemas y ser cuestionado por ellos, en lugar de poder poner el foco en lo importante: el fútbol.

Con el entrenador acorralado de esta manera, no es descartable que Zidane pronto diga, de nuevo: “Hasta aquí llegamos”. En su madurez como entrenador no le veremos salir del club a cabezazos, pero quizás sí con capotazos dialécticos que vengan a explicar que el Real Madrid se ha convertido en un lugar insufrible, en el que ni siquiera se respeta a las viejas glorias que tanto le han dado el club, y en donde trabajar con tranquilidad es simplemente algo impensable.

Tiempo al tiempo.


También te puede interesar:

Más minutos para Rodrygo

La insoportable situación de Gareth Bale

A Vinicius se le acaban las excusas


Otras historias