Zinedine Zidane es el Real Madrid de los entrenadores

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MADRID, SPAIN - APRIL 06: Zinedine Zidane head Coach of Real Madrid looks on during the UEFA Champions League Quarter Final match between Real Madrid and Liverpool FC at Estadio Alfredo Di Stefano on April 06, 2021 in Madrid, Spain. (Photo by Diego Souto/Quality Sport Images/Getty Images)
Diego Souto/Quality Sport Images/Getty Images.

Zinedine Zidane abandona, otra vez, el Real Madrid. “Primer entrenador en cesar dos veces a un club”, dice Javier Aznar. Y tiene mucho de verdad. Porque lo cierto es que vuelve a ser Zidane quien rechaza al Madrid. Ojo, quien rechaza, que no quien se va. Porque Zidane no se va del Madrid. Y el Madrid tampoco se va de Zidane.

Zidane se aparta. Se ausenta. Se desvanece. Se evapora. Zidane es como una clase de yoga después de un atasco. Barbecho. Zidane repite el camino que primero le llevó y luego le sacó de la cámara de criogenización que se esconde en las entrañas del Santiago Bernabéu mientras aguarda a que su presencia vuelva a ser necesaria. Que lo será.

Pero no se va.

Porque si el Real Madrid tomara forma de ser humano, a buen seguro sería la de Zinedine Zidane. Qué decir al respecto si el club tuviera que reducirse a un instante, un momento, una jugada o un gol: porque todas ellas serían una volea, un ‘5’ a la espalda y unas Adidas Predator Mania en una noche de mayo de 2002 en Glasgow.

Como su Madrid, Zidane es casi un estatus. Una dimensión en sí misma. Con sus ritmos propios y sus normas ajenas a las leyes del mundo exterior, un caso único con sus (i)lógicas aplastantes, su universo particular y sus correspondientes necesidades. El mundo late a un ritmo mientras ellos van a otro.

Por eso, Zidane es capaz de decir “no” al banquillo de la Castellana. De plantarse, cara a cara, ante el club, mirarle a los ojos, pararle los pies y poner distancia entre su persona y la vorágine de exigencia, presión y ruido que se genera alrededor del torbellino merengue, casi por igual en las buenas y en las malas. En definitiva, de ser tan grande como el Real Madrid… ante el Real Madrid.

Zidane es un ser casi divino, mitad ente abstracto y mitad deidad para el creyente futbolero que se desliza por encima de lo terrenal, del bien y del mal. No por su elegante e infinito temple, su talento natural para ruletear, también ruedas de prensa, por su gen ganador y su legado de hitos o su forma de comprender la idiosincrasia del club o a los que forman parte de él mejor que nadie. Sino porque Zidane es una forma de ser pensado y admirado por el mundo.

PONTEVEDRA, SPAIN - MARCH 20: coach Zinedine Zidane of Real Madrid during the La Liga Santander  match between Celta de Vigo v Real Madrid at the Estadio Municipal de Balaidos on March 20, 2021 in Pontevedra Spain (Photo by David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)
David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images.

No “se acaba su ciclo”, porque Zidane no vive ciclos: vive ciclones. Su marcha es el cierre de otro paréntesis entre una etapa y la siguiente, que se abrirá con Raúl, Pochettino, Conte, Xabi, Allegri, Löw o cualquier otro, pero a la que será él quien tenga que poner fin en caso de que nadie más pueda hacerlo.

Para entender cada punto y aparte de Zidane antes hay que comprender que el Real Madrid solo va de ganar. Y de no ser absorbido, en segunda instancia, cuando no ganes. Por este motivo ninguno de los que consigue ganar quiere abandonar la rueda cuando lo hace, ni tampoco puede soportar su peso cuando no gana. Así, la figura de Zizou es ya un derecho que se reserva el Real Madrid para sobrevivir a los malos tiempos y transitar entre periodos.

El proceso, a grandes rasgos, es el siguiente: Zidane llega, en la nada o en condiciones de mínimos. Aguanta el chaparrón. Doma a las fieras que corretean, normalmente a sus anchas, aburridas de ganar o frustradas de no ganar tanto. Les recuerda qué es el Real Madrid, para qué están allí y les convence de que morir por él es la mejor de sus opciones.

Y, al primer atisbo de luz que asoma por su simétrica coronilla, como si encarnara a Gandalf irrumpiendo sobre el este al alba del quinto día en Helm, se marcha. Es el turno de que otros construyan, nutran al club con sus métodos, inunden la Casa Blanca de nuevas ideas, destapen las ilusiones usuales y prueben si su tallaje está hecho a la medida del Real Madrid.

En lo que llega el fracaso, antes o después del éxito, Zidane espera. A que las tornas vuelvan a girar y él deba señalar la defunción de otro ciclo. Porque es el único capaz de soportarlo. Porque Zidane no es un hombre de club. Es el club. Zidane es el Real Madrid; el Real Madrid de los entrenadores.

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